El objeto subterráneo de la propaganda es reducir el lenguaje a un sistema binario de significaciones positivas y negativas; significaciones de las que, por lo demás, suele ser francamente complejo liberarse sin ejecutar ciertas piruetas. ¿Se ha vuelto el churchilliano sueño de los Estados Unidos de Europa (pulgares arriba) un monstruoso armatoste burócrata plegado a la corrupción y los intereses de las codiciosas corporaciones carentes de ningún escrúpulo (pulgares abajo)?, ¿fue la socialdemocracia la herramienta adecuada para domesticar el capitalismo voraz (pulgares arriba), o bien otro lobo con piel de cordero más, dispuesto a saquearos hasta el último chelín de vuestros ruinosos bolsillos descosidos (pulgares abajo)?, ¿sirven los reglamentos para imponer justicia en la polis (pulgares arriba), o son una medida de coacción a la incontestable libertad de la que el sujeto adulto merece gozar (pulgares abajo)?, son preguntas que por lo común se dirimen en las sutiles arenas movedizas del lenguaje.
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