Páginas

sábado, 30 de agosto de 2008

Conversaciones de camino al 'lugar de los hechos'

—Hay algo que me inquieta de tu forma de mirar.
—¿Sí? ¿Qué es?
—El hecho de que casi siempre lo hagas con los ojos entornados, como si apuntases a través de la mirilla telescópica de un arma. Un poco a la defensiva.

lunes, 11 de agosto de 2008

'Automavisión'

Siguiendo con el Angst sartreano, Lars von Trier responde en buena medida al interrogante de si hay un plano (un estilo) rotundamente correcto a la hora de contar una historia; y lo hace mediante su método automavisión: «la cámara está siempre fija en el trípode, y para cada plano se escoge la mejor posición de acuerdo con el director de fotografía, y entonces se da a un botón y la cámara rueda siguiendo un programa de ordenador que te indica en cada momento lo que has de variar [...] naturalmente, yo mismo podría haber hecho sin necesidad de ese programa informático encuadres malos, pero eso habría dejado ver detrás una idea personal, la mano de un director. Me gustaba que automavisión dirigiera la película más que yo.» El danés concluye que se trata de “dejar la puerta abierta al azar”. En El jefe de todo esto, von Trier delega responsabilidades en el ordenador, de tal modo que la vista del espectador sigue un constante zigzagueo a lo largo de la pantalla. Disfruten, pues, con la siguiente escena a modo de ejemplo:

martes, 5 de agosto de 2008

Angst (O la búsqueda de lo nuevo sublime)


La ciudad desea ser todas las tribus urbanas al mismo tiempo. El producto es el medio para ese fin. La esquizofrenia es ausencia de fe en un estilo de vivir. La ausencia de fe en un estilo de vivir es la causa por la que no existen personajes solemnes. La solemnidad es el bien de consumo: No es lo que tengo, es lo que soy; soy Viceroy. El spot de un producto fácilmente es más épico que un largometraje rodado en nuestros días. El individuo actual no es sublime; sublime es la inmutabilidad y severidad con que se erige el producto ante el individuo. El contemporáneo siente admiración por Casablanca y por Shakespeare, sencillamente porque relatan actos de voluntad que doblegan la circunstancia; porque el producto circunstancial doblega cualquier conato de perseverancia.

*

Uno se dirige del dormitorio a la cocina, y en ese lapso de apenas doce segundos siente el único Angst existencial que perturba la calma diaria: son doce segundos en los que decidir el producto que la cafetera orinará dentro de la copa de acero: Chococino, Cappuccino, Cappuccino Ice, Espresso, o Latte macciato. Quiere decir esto que antes de la nueva generación de máquinas de café por cápsulas, uno no tenía nunca que tomar decisiones. Con las nuevas libertades que se ofrecen al consumidor uno podría disfrutar de todos los cafés al mismo tiempo —todos igual de deliciosos a primera hora del día—; no obstante declinaría la erótica de la ucronía: ¿Qué habría pasado si en vez de este café hubiese consumido otro?, ¿cómo sería mi día ahora? ¿Cómo sería mi vida?

*

Heidegger opinaba que la persona es el único integrante del mundo animal que se cuestiona su ser. En este sentido, Terry Eagleton afirma que no resulta excesivamente dilatada la distinción entre una tortuga y un posmoderno: a ambos les es igualmente ajena la condición humana. Por lo que a mí respecta, todo esto me da ganas de llorar.

*

Mientras Alexandra te rebaja la barba antes de dirigiros ambos a la boca de metro, y de ahí a vuestros respectivos trabajos, le preguntas si no le parece que, tal vez, estáis anquilosándoos en vuestras vidas. A ella le hace gracia el comentario. Entonces te besa el cuello, te susurra al oído una hermosa bossa nova, y te dice que qué quieres decir con eso de an-qui-lo-sa-mien-to, ¿eh? Pareces bobo. Tu torso se muestra desnudo; al suyo solo lo protege un sostén. La escena está hecha a medida para espíritus inquietos; románticos. Y Alexandra te invita a recordar tu pasado: días en los que no tenías ni automóvil ni cafetera de cápsulas y tu futuro era del todo incierto. Días en los que sospechabas que nunca podrías pagar un alquiler en condiciones. ¿A eso lo llamas tú anquilosarte? Un argumento más que suficiente para lanzarte a morder su boca, hasta que al ver tu reflejo de reojo en el espejo del baño tienes una iluminación. Has caído en la cuenta de que si no fuese por la maquinilla, por la dichosa maquinilla, nada de esto tendría sentido. Das las gracias a los anuncios de Gilette. La realidad girando en torno al filo de una máquina de rebañar braquiales. La pura verdad.

*

Es como si un todoterreno explorase mi corteza cerebral. Este dolor es superior a mis fuerzas.

*

No hay día en que no piense en arrancarme las venas como quien tira de un cable. Julián Herbert: «Lo sublime es antiguo, ya no es noticia, no importa. En estos días es difícil que algo consiga ser sublime e interesante al mismo tiempo.» Qué golpe más bajo. Y más certero.

*

Ibrahím B. De profesión: pesimista.


jueves, 24 de julio de 2008

Cuando un Bic Mac vale igual que Bach

El artículo del título con más flow del año, ya disponible para nuestros queridos lectores en Soitu. Mejor que la cocaína.

martes, 15 de julio de 2008

Ideología del taco

A. En una entrevista realizada a Carlos Blanco el pasado sábado, leo con estupefacción que el susodicho genio (recuerden: aquel preadolescente que en Crónicas marcianas se ocupaba de asuntos egiptológicos) jamás ha dicho un taco. Jamás, en su vida. Sucede que le da cargo de conciencia al chaval pronunciar un ****** taco de *****, ¡tío! Y digo que no deja de sorprenderme en la medida que (supuestamente) forma parte de una generación crecida en el auge de los discos Parental Advisory, y las películas superpobladas de diálogos cuyo registro es gansgteril y/ o americano-suburbial. Cabe preguntarse si es que ese tipo se ha perdido la obra de directores como los Coen, Tarantino o De Palma. Rediós. Sacre Bleue. O Grmblfjx, como diría el Capitán Haddock.

Be. En realidad los negros no inventaron nada. Quiero decir que suyo no es el mérito del modo en que se habla en tantos y tantos films. Y ya, ya sé lo que me van a decir: Naomi Klein advirtió en su celebrado No Logo que las firmas multinacionales tienen por costumbre darse un garbeo en los suburbios afroamericanos para husmear posibles modas (bro-ing, lo llaman, por aquello de ¡oye, bro, pruébate estas zapatillas!); y que en Bamboozled, película de Spike Lee donde se trata la lectura que la televisión ha dado a los negros a lo largo de su historia, el cineasta deja caer la siguiente lápida: «Tú y yo sabemos que los negros marcan la moda y los estilos.» Pero insisto: los negros no inventaron nada. Solo plagiaron la cultura clásica. «¡Os daré por el culo y me la mamaréis,/ mamón de Aurelio y marica de Furio», declama el poeta Catulo. Por lo que deducimos que es ahí, y solo ahí, donde están los fundamentos del habla suburbial estadounidense, y de los discos más violentos de rap. Snoop Dogg, Tupac y Dr. Dre leyeron a los clásicos.

Ce. ¿Se dan cuenta de que conforme vamos creciendo, disminuye progresivamente la cantidad de tacos en nuestro discurso? Quiero decir que cuando tienes dieciocho o veinte años hablas como recién salido de un casting para, qué sé yo, Uno de los nuestros. Te crees el ****** Al Pacino. Dices cosas tales como: «¡Eh, tío, ¿cómo te va la *****?» Pero luego eso se diluye. Creces, te haces viejo, y hablas bien. ¿Y a qué creen que será debido este fenómeno, eh? Bueno, yo tengo una teoría, una teoría desmesurada. Y es que nuestro capitalismo de ficción, como diría Vicente Verdú; o capitalismo postindustrial, o —eufemística/ directamente hablando, para no herir sensibilidades— economía de mercado (ji, ji, ji); padece de higiene y asepsia profundas. La profilaxis manda, y por ende, el taco es el peor enemigo del lenguaje. El taco es la izquierda más radical. Puro altermundialismo. El mismísimo Foro de Porto Alegre. Así que cada vez que intenten reprimir una palabra malsonante, téngalo claro: El Gran Hermano vigila.

Coupland en B-H


viernes, 4 de julio de 2008

Conversaciones en el N_mr_t™ de Gran Vía (Fragmentos)

F. Beigbeder (A su interlocutor, ante el panorama de la mesa de al lado): En amor la situación empieza a ser realmente preocupante cuando se pasa de la peli porno al parloteo cursi. A partir del momento en el que dejamos de decir: «te voy a meter e todo menos prisa, zorra» para decir: «mi querido pichoncito querida mimí osita mía hazme un ñiguiñigui», ha llegado el momento de apretar el botón de alarma.[1]
En la mesa de al lado:
Lee: Qué pena. Si por mí fuera, dormiríamos todas las noches enroscados uno alrededor del otro como serpientes de cascabel hibernando. Qué monito seía que pudiéamos fundinos en una gan masa infome. Te estoy poniendo los pelos de punta, ¿verdad?
Allerton: Pues sí.
[2]

*

Ricardo Piglia: Se dice que los escritores han abandonado al gran público, pero no es verdad. Es el gran público el que los ha abandonado a ellos, y se ha ido a las salas de cine o a ver televisión.
[3]
David Foster Wallace: [But] If an art form is marginalized it's because it's not speaking to people. One possible reason is that the people it's speaking to have become too stupid to appreciate it.
[4]

*

Ironía de la Hipercita

Elisabeth Noelle-Neumann: [Montaigne] explicó porqué sus escritos estaban llenos de citas de escritores antiguos: “la opinión pública es la que me hace presentarme con todos estos adornos prestados”.
[5]
Arthur Schopenhauer: [De hecho,] la furia por la lectura en la mayor parte de los académicos es una especie de fuga vacui, una huida de la carencia de ideas de su propio cerebro, que incorpora lo ajeno a la fuerza; para tener ideas, estos académicos deben haberlas leído en alguna parte, así como los cuerpos inertes solo pueden recibir su movimiento desde fuera; mientras que los que piensan por sí mismos se asemejan a los seres vivos, que espontáneamente dan testimonios de sí mismos. [A lo cual añadiría que] leer significa pensar en cabeza ajena, en lugar de hacerlo con la propia.
[6]

*

Jack Kerouac (sorprendido ante las confesiones del Schopenhauer): [Supongo que entonces estarás de acuerdo conmigo cuando digo que] las universidades no son más que lugares donde está una clase media sin ninguna personalidad, que normalmente encuentra su expresión más perfecta en los alrededores del campus con sus hileras de casas de gente acomodada con césped y aparatos de televisión en todas las habitaciones y todos mirando las mismas cosas y pensando lo mismo al mismo tiempo mientras los Japhys del mundo merodean por la espesura para oír la voz de esa espesura, para encontrar el éxtasis de las estrellas, para encontrar el oscuro misterio secreto del origen de esta miserable civilización sin expresión.
[7]
Arthur Schopenhauer: [Cierto, mi querido Jack] No hay por qué mantener en cada universidad a unos cuantos charlatanes insulsos para que les arruinen de por vida a los jóvenes el gusto por la filosofía.
[8]
Stephan Zweig: [Pues] para mí el axioma de Emerson, según el cual los buenos libros sustituyen a la mejor universidad, no ha perdido vigencia, y sigo convencido hasta hoy de que se puede llegar a ser un extraordinario filósofo, historiador, filólogo, jurista y cualquier otra cosa sin tener que ir a la universidad, ni siquiera al instituto.
[9]






[1] El amor dura tres años.
[2] Queer, de William S. Burroughs.
[3] Entrevista en El País, 11 de octubre de 2007.
[4] http://www.salon.com/09/features/wallace2.html
[5] La espiral del silencio
[6] El arte de insultar
[7] Los vagabundos del Dharma
[8] El arte de insultar
[9] El mundo de ayer