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domingo, 16 de noviembre de 2008

A propósito de[1] la voluntad con que hombres y mujeres asumen el ritual de la fiesta

Hombres: Permaneces acodado en la barra de una discoteca con un compañero de trabajo, hablando sobre Lo Divino y Lo Humano; bebéis ron y vodka (homage a Pat Bateman), hasta que un desconocido intenta abrirse paso hacia la camarera introduciendo el codo entre ambos dos:

—Con ese mueve que tenéis —ironiza— no vais a f***** en todo la noche.

Asentís su apreciación sin mostrar el más mínimo gesto de hostilidad. Y luego, la lucidez:

—Bueno, en verdad como yo —y se encoge de hombros, feliz[2].



[1] (los —disímiles— vectores de)

[2] (ebrio.) 

Intelectuall & European (First Class) Boxing Presents:

BARICCO: «Sé que suena mal al decirlo, pero lo que nos provoca aversión, tratándose de zapatillas o de hamburguesas, es una experiencia que aceptamos sin ninguna resistencia cuando están en juego cosas más nobles. Beethoven es una marca. Lo son los impresionistas franceses. Kafka lo es. Shakespeare lo es. Hasta Umberto Eco lo es. E incluso La Repubblica o Mickey Mouse o la Juventus. Son mundos. Que significan más de lo que son. Tienen sus reglas, y nosotros las aceptamos. Quiero decir: nos convencemos de que las patatas fritas de McDonald’s son buenas con la misma ilógica maleabilidad con la que aceptamos que Beethoven no compuso nunca un fragmento malo e inútil, que todo Shakespeare es genial, que Mickey Mouse no tiene un papá ni una mamá, y que La Reppublica siempre escribe la verdad. Forma parte del juego. Y es un juego del que todos necesitamos.» (Next) (el subrayado es mío)




VS.





FINKIELKRAUT: «La filosofía de la descolonización asume por su cuenta el anatema arrojado sobre el arte y el pensamiento por los populistas rusos del siglo XIX: “Un par de botas vale más que Shakespeare”: además de su superioridad evangélica, además del hecho, en otras palabras, de que protegen a los desdichados contra el frío más eficazmente que una pieza isabelina, las botas, por lo menos, no mienten; se presentan de entrada como lo que son: modestas emanaciones de una cultura concreta, en lugar de disimular piadosamente, como hacen las obras maestras oficiales, sus orígenes, y de obligar a todos los hombres al respeto. Y esta humildad es un ejemplo: si no quiere perseverar en la impostura, el arte debe dar la espalda a Shakespeare, y aproximarse, lo más posible, al par de botas.» (La derrota del pensamiento)

jueves, 13 de noviembre de 2008

Leerlo todo[1], o morir en el intento

(Ferrater – Gil de Biedma)


Lamentas los entresijos de la existencia práctica
[2]: planchar una camisa, llamadas telefónicas, remitir curriculums, esperar cinco o siete minutos al bus en la marquesina —nada te produce más felicidad que atisbar su llegada desde la curva y saber que estás a un instante de sentarte y abrir el libro por la página tal—, salir a fumar un cigarrillo al vestíbulo, trabajos alimenticios, ¡DORMIR! —de madrugada, levantarse con una angst desalentadora en la boca del estómago: recordar un libro en sueños; esa palabra en torno a la cual orbitas desde hace unas horas y que olvidas recién abres los ojos—, darse una ducha —ser consciente de que en ese preciso instante, alguien acaba de pasar una página, ¡j****!—, esperar tu turno en la peluquería, trámites burocráticos, comprar (comprar & follar —¡¡¡y follar!!!— & follar…), esperar a que el ordenador se inicie, caminar, cocinar-comer, ir al médico… AUTOPROCLAMADO LECTOR BULLDOZER® —apisonadora brutal; endemoniado—, lo que a ti te caracteriza son los malos modales a la mesa de la cuisine literaria: atacar los libros de doce en doce, de veinte en veinte, de treinta y cinco en treinta y cinco (trabajar como un CERDO HIJO DE P***[3], vaya); que tus ojos recorran una página en veintipocos segundos y später —pensar en tres idiomas, por cierto—, hacer una bola de papel con ella: deglutir sin masticar como haría el buen gourmet (¡DANTE Y PETRARCA!, ¿qué sois, si no aperitivo fast food?, ¿eh? «¡Os daré por el culo y me la mamaréis!»[4]), enfermedad pantagruélica (ABUNDANCIA, ABUNDANCIA): imaginémonos que cumplimos la esperanza —ay, ay, ay, la esperanza…— de vida que te atribuyen (¿78 años?), ¿y bien?, ¿cuántos dedicarás al cultivo de la razón práctica: 20, 25?, ¿cuántos ejemplares es posible leer en 25 años? Diez libros a la semana… 522 al año… Dan un total de… ¿¡13.050!? ¿¿¡¡Solo!!?? ¡No! ¡no! ¡NOOOOOOOOO…!

[1] —O como poco, saber sugerir que se ha leído todo—
[2] «Conoce los entresijos de la vida práctica con extrema lucidez y al mismo tiempo es radicalmente inepto para la vida práctica. Una de esas personas —yo me tengo por otra—que con los mismos defectos pero con menos cualidades hubiera funcionado mejor». (Gil de Biedma sobre Gabriel Ferrater, recogido en La escuela de Barcelona, de Carme Riera)
[3] « Para curarse de todo, de la miseria, de la enfermedad y de la melancolía, lo único necesario es la afición al trabajo» (Baudelaire)
[4] Catulo.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Antes de nada, la reencarnación de MANOLO ESCOBAR como miembro asociado de los DICK DALE & HIS DEL-TONES a.k.a TARANTINO SECUELAS, baby! Va por ustedes.


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«El amor puede surgir de una metáfora»

MILAN KUNDERA, La insoportable levedad del ser.

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AVANT Madrid - Ciudad Real 17.15 hrs, viernes 7 de noviembre de 2008: Lectura de RABELAIS, que, sin embargo, es interrumpida por la discordia de una pareja steindbergiana, a la que acompaña un chucho hiperestrasdo y enano de agudo llanto, y un inocente bebé. Y de nuevo, ¡la resurrección!: en la diagonal de mi asiento, el bebé Gargantúa (antiepicúreo) expele por la boca como fontana barroca papilla color verde radioactivo sobre un anónimo viajero. Vergüenza. Disculpas. Kleenex y toallitas húmedas. En ésas, me congratulo de Manuel Vilas como Rabelais para la España del siglo XXI. Carácter orgíastico en el epicentro de la societé du espectacle (!) («—Si mis cojones measen esta orina, ¿te gustaría probarla?»); aparte, continua adaptación de la forma al contenido, collage, underground, erudición compulsiva latiendo bajo una explosión de escatología estetizada y formas dignas de la publicidad y el discurso egotista («Ahora, ¡alegraos, queridos míos, y leed con gozo el resto de este libro, para el bienestar del cuerpo y la salud de los riñones! Pero ¡escuchad!, ¡gilipollas! (¡y que el chancro os deje cojos!), acordaos de beber a mi salud, os pagaré con la misma moneda; al instante os lo garantizo.) Fresy Cool Shit, amigos. O como diría JUAN MANUEL GIL, en Inopia:

—Ese es el problema.
—¿Cuál es el problema?
—Que la buena literatura también tiene que oler a mierda.


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Sobre Publicidad & Literatura. Si PAUL VALÉRY hubiese nacido en nuestros días, ay, escribiría los espots para Coca-Cola... Mirad, mirad lo que dice el pájaro en Tel Quel:

Algunas obras las crea su público. Algunas otras crean su público.
Las primeras responden a las necesidades de la sensibilidad natural media. Las segundas crean necesidades artificiales que al mismo tiempo satisfacen.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Ensayos Prácticos. Para una hipotética retórica/ narrativa del vacío.

(Sartre-Bataille/ Baudrillard-Jameson)

Sartre recuerda que Bataille «se pregunta cómo expresar el silencio con palabras» (El hombre y las cosas). Esto me remite directamente a los desafíos de la narrativa encuadrada en/ que tiene que responder a una sociedad donde prima la «ausencia de reflexión»[1] (Jean Baudrillard) y la «falta de profundidad» (Fredric Jameson).

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Si FRACASO (rotundo) también tiende a REAFIRMACIÓN (fórmula igualmente conocida como RABIETA DEL LACTANTE, por la cual —y mal que le pese a muchos— DESINTEGRACIÓN tiende a DESINTEGRACIÓN AL CUADRADO [honestamente, cierto es que vivo por y para esta Always Rethorical & Suburbial Sh*t®(!) patentada en los mismísimos LABORATORIOS IB-HAUS®: Podría pasar horas y horas así hasta expeler espumarajos liofilizados color turquesa vía bucal, preso del, oh, ¡ÉXTASIS TERESIANO™!]); entonces sí, es posible asimilar algún que otro significativo caso de intelectuales que, ante la imposibilidad de leerlo TODO —y cuando digo todo digo nada más y nada menos que doscientasmil BIBLIOTECAS DE ALEJANDRÍA—, optó por clavar en las CATEDRALES DEL SABER pasquines contra los reglamentos de la comunidad; de ¡NUESTRA! comunidad: de SCHOPENHAUER a BAYARD —que no BALLARD, ja, ja—, todos querríais ser LUTERO (el REY Martín Lutero). Fluye como Kid Koala. A lo que voy es: Del mismo modo que LA ROCHEAFOUCAULD pone el dedo en la llaga, atando peligrosos (menos)cabos entre el desdén por las riquezas del filósofo y su imposibilidad para tirar de cheque —de chekeraut!, digo— en el Club; admitamos estar en disposición para calificar como J****** FRACASADOS DE M***** a todos aquellos que sucumbieron ante el desafío de haberlo leído todo todo y todo. Y por eso a mí, IBRAHÍM B., se me ocurre dar a luz a IBRAHÍM B., quien a las veintitrés horas cuarenta y dos minutos once segundos del veintiocho de octubre de 2008, registraron sus párpados mutantes la última palabra de la última página del último libro que quedábale por leer, convirtiéndose así en BIBLIÓFILO DE TODOS LOS TIEMPOS: toda la literatura y toda la filosofía y toda la ensayística desde el origen de todos los tiempos aquí reunidas. Presten atención, pues, a sus próximas aventuras, porque suya es la hazaña por la que cualquiera de ustedes prostituiría a su mismísima madre con tal de. ¿Ves?, ¿cómo lo sabía yo? Tengo lo que tú quieres (La Mala Rodríguez dixit). Así que ya sabéis, hijos: LABORATORIOS IB-HAUS® se reserva el derecho de admisión a J****** FRACASADOS DE M*****. LABORATORIOS IB-HAUS® apuesta decididamente por hacer realidad tus (húmedos) sueños, Intellektuelle. LABORATORIOS IB-HAUS®, auténticas scorts pa’ tu hemisferio izquierdo/ derecho, loco.

[1] F. Beigbeder, en Socorro, Perdón: Le aseguro que la mayoría de los ateos con los que tropiezo tienen la misma preocupación que sus ovejas recién liberadas: evitar reflexionar. Es un trabajo a tiempo completo huir de las preguntas molestas (¿Soy feliz, soy una mierda, estoy enamorado? ¿Soy un muerto viviente abandonado en una tierra árida? ¿Tengo una razón para vivir y pagar tantos impuestos?)”

martes, 28 de octubre de 2008

Sexus, Sexus, Sexus

(Sobre los grandes temas del Humanismo: de la modernidad al siglo XXI en una rápida y sencilla pincelada)

(Freud – Nordström/ Ridderstale)


Freud: Eros & Tanatos, Amor & Muerte, Etcétera.

Nordström & Ridderstale:

Comprar y follar.
Comprar y follar es lo único que nos queda.
Comprar y follar conforman los sueños de nuestra época.
El controvertido escritor británico Mark Ravenhill afirma que comprar y follar son las dos únicas cosas que motivan a las generaciones más jóvenes. Comprar y follar es lo que les hace sentirse realmente vivos.

Achtung, Achtung. Reseñista a la vista.

O de cómo decodificar la crítica como ejercicio peligrosamente publicitario para targets inteligentes. Así que cuidado con que te la metan doblada, Honey Bunny.

Dice DFW en “La autoridad y el uso del inglés americano”, recogido en ‘Hablemos de langostas’:

En el Estados Unidos de hoy día, las reseñas típicas de libros responden a la lógica del mercado, y colocan de forma implícita al lector en el rol del consumidor. En términos retóricos, todo su proyecto deriva de una pregunta que resulta demasiado burda para plantearla de forma abierta: “¿Tiene que comprar usted este libro?”
Pierre Bayard, en su necesario ‘Cómo hablar de los libros que no se han leído’, iría mucho más allá y extendería el comentario a la totalidad de la literatura, no solo a la estrictamente comercial (sepa dios lo que esto signifique):

La primera de esas coacciones podría ser denominada la obligación de leer[1]. Vivimos aún en una sociedad, en vías de extinción bien es cierto, en que la lectura sigue siendo el objeto de una forma de sacralización. Esa sacralización apunta de manera privilegiada hasta cierto número de textos canónicos —la lista varía en función del entorno— que está prácticamente vedado no haber leído, so pena de ser desacreditado.
Aquí lo tienen.


[1] Otro día recuperamos a autores que, en vano, han intentado rebelarse contra este principio.

Erich Fromm: Más sobre liberalismo y sexualidad

Mucho me temo que Erich Fromm, en El arte de amar (1956), completa el excelente ensayo de Houellebecq integrado en Ampliación del campo…, y cierra el circulo sobre liberalismo y sexualidad:

Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercam­bio mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los ne­gocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los pre­mios que se quiere conseguir. «Atractivo» significa habitual­mente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mental­mente. Durante los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, una joven que bebía y fumaba, emprendedora y se­xualmente provocadora, resultaba atractiva; hoy en día la moda exige más domesticidad y recato. A fines del siglo XIX y comienzos de éste, un hombre debía ser agresivo y ambicioso -hoy tiene que ser sociable y tolerante- para resultar atrac­tivo. De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle de­seable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades mani­fiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio. Lo mismo que cuando se compran bie­nes raíces, suele ocurrir que las potencialidades ocultas suscep­tibles de desarrollo desempeñan un papel de considerable im­portancia en tal transacción. En una cultura en la que preva­lece la orientación mercantil y en la que el éxito material cons­tituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.