Hay algo tan sublime como políticamente subversivo en los exégetas de la literatura Afterpop (yo mismo, en pasados artículos, puedo incluirme en el siguiente enunciado): al contrario que la sociedad de consumo con la que dialogan, atribuyen contenido a un significante vacío como pueda ser la moda. Me explico. Partiendo de las tesis de Simmel, el catedrático de semiótica Jorge Lozano glosa el funcionamiento de la moda mediante su propiedad para presentarse “con aire de cosa que va a ser eterna, lo que no contradice su principio fundamental, a la moda ciertamente lo que le importa es variar”, un postulado de primer orden para comprender el lado hipertrófico de la modernidad aún presente en nuestro tiempo (Baudelaire): “Desde hace más de un siglo el capitalismo está desgarrado por una crisis cultural profunda, abierta, que podemos resumir con una palabra, modernismo, esa nueva lógica artística a base de ruptura y discontinuidades, que se basa en la negación de la tradición, en el culto a la novedad y al cambio" (Lipovetsky). Lozano habla de “novedad inmotivada", y remata con un corolario fulminante: “Si la modernidad es un código, afirmaba Baudrillard, la moda es su emblema.” Luego, parece absurdo pretender la transcendencia en literatura hoy. Precisamente hoy. Moda y muerte corren paralelas, decía Leopardi. Y pienso cómo sobre Fernández Mallo hubo quien celebró su obra porque la fragmentariedad posmoderna solo admite una literatura fragmentaria. ¿Y qué abre Nocilla Lab? Un monólogo en un solo párrafo sin puntos que dura 80 páginas —aunque por supuesto el monólogo sea fragmentario a la manera de ‘Zona’, Mathias Enard, o, ‘Asuntos propios’, de Morella—. Nocilla Lab funciona precisamente porque asume el capricho de la moda y desecha parcialmente la estructura de Experience y Dream. Si no, ¿por qué referir los números con números en lugar de con su clásico significante en literatura (uno, dos, tres...)? Novedad inmotivada: lo que importa es variar, decíamos. James Wood escribe en 2001—un año antes de que La broma infinita se tradujera al español— el interesantísimo texto que lleva por título Human. All too human, ensayo a propósito de White Teeth (Zadie Smith), en donde emplea para criticarlos exactamente los mismos argumentos con los que la corriente de autores por él referida como realismo histérico o maximalismo (DeLillo, Safran Foer, Salman Rushdie, Foster Wallace, Pynchon...) justifica su trabajo: Storytelling, sociedad en red, etcétera... Mi relación con el artículo de Wood es ambigua, porque lo que el crítico británico en verdad está denunciando no es más que el agotamiento de una fórmula. Ningún lector aguanta la lectura continuada de ese subgénero que es el realismo histérico, de igual modo que Wallace reventó en "Hacia el oeste..." todas las teorías de la mutación epistemológica posmoderna y el lenguaje como problema que motivaron las metaficciones de Coover, Nabokov, Gass, y, desde luego, Barth, entre finales de los sesenta y principios de los 70. España, con su consuetudinario retraso, tendrá que aceptar tarde o temprano las tesis de Wood. El escritor como sujeto creativo al que se le obliga renovar su fondo de armario cada temporada.
viernes, 30 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
Contra el lector etnocéntrico
Ligera explicación a por qué los lectores crecidos en la ciudad moderna echamos a patadas de nuestro canon ‘highbrow-posmoderno’ (sic: vds. ya saben de qué hablo) a tipos como puedan ser, verbi gratia, Mario Benedetti o Eduardo Galeano:
El sentimentalismo ha sufrido el mismo destino que la muerte; resulta incómodo exhibir las pasiones, declarar ardientemente el amor, llorar, manifestar con demasiado énfasis los impulsos emocionales. Como en el caso de la muerte, el sentimentalismo resulta incómodo; se trata de permanecer digno en materia de afecto, es decir discreto. El “sentimentalismo prohibido”, lejos de designar un proceso anónimo de deshumanización, es un efecto del proceso de personalización que apunta a la erradicación de los signos rituales y ostentosos del sentimentalismo. El sentimiento debe llegar a su estado personalizado, eliminando los sintagmas fijos, la teatralidad melodramática, el kitsch convencional. El pudor sentimental está regido por un principio de economía y sobriedad, constitutivo del proceso de personalización. Por ello no es tanto la huida ante el sentimiento lo que caracteriza nuestra época como la huida ante los signos de sentimentalidad. No es cierto que los individuos busquen un desapego emocional y se protegan contra la irrupción del sentimiento; a ese infierno lleno de mónadas insensibles e independientes, hay que oponer los clubs de encuentros, los “pequeños anuncios”, la “red”, todos esos millares de esperanzas de encuentros, de relaciones, de amor, y que precisamente cada vez cuesta más realizar. Por eso el drama es más profundo que el pretendido desapego cool: hombres y mujeres siguen aspirando a la intensidad emocional de las relaciones privilegiadas (quizá nunca hubo una tal “demanda” afectiva como en esos tiempos de deserción generalizada), pero cuanto más fuerte es la espera, más escaso se hace el milagro fusional y en cualquier caso más breve.Gilles Lipovetsky, La era del vacío
lunes, 19 de octubre de 2009
La crítica frente al sector editorial
Hay una pregunta que vengo formulándome a la vista de una práctica ya habitual entre editoriales de distinta proyección. A saber: cuando uno, desde la perspectiva del crítico, lee ‘Algunas ideas buenísimas...' (VVAA, Caballo de Troya), ‘Tierras de poniente’ (J.M. Coetzee, Mondadori), o ‘Aire Nuestro’ (Manuel Vilas, Alfaguara), tres ejemplares editados en los últimos meses, ¿es necesario hacer hincapié en el debate sobre las fronteras entre géneros, o se trata, sin embargo, de una cuestión demasiado bizantina como para robar espacio a asuntos concernientes a lo estrictamente narrativo? Lejos de lo que suele creerse, yo aún confío en la posibilidad de ejercer la crítica literaria sin exponerse a perversiones mercadotécnicas o de ideología cultural —al menos esa ha sido mi experiencia en medios como ‘El Día Cultural’, ‘Público’ y ‘Quimera’—, de modo que creo en el crítico como institución vigilante, de cuya actuación puede llegar a depender el buen funcionamiento de ese lenguaje que es el sistema narrativo local, y por lo tanto obligado a examinar con detalle los enunciados del paratexto en unos tiempos donde los departamentos de diseño y marketing deben trabajar al máximo para hacer frente al superávit de publicaciones. Es por esto por lo que llamar la atención sobre la irritante voluntad de un sector editorial que quiere hacer pasar por novela lo que en verdad es un conjunto de prosas (desconocemos una definición exacta para la noción de novela, pero sí sabemos en qué consiste un libro de relatos, como también sabemos que es posible hablar de novela conceptual, fragmentaria, o, como diría Ignacio Echevarría, 'mutante') significa reclamar un espacio que sigue perteneciendo a los teóricos, respetar el trabajo de quienes siguen construyendo novelas identificables como tales, habida cuenta de una continuidad de personajes y tramas; y reclamar la equivalencia de géneros, pues a fin de cuentas, vender como novela una colección de cuentos supone igualmente restar validez a los productores de prosas breves. Vale.
lunes, 12 de octubre de 2009
Cervantes, la traición, la adicción, el libertinaje dieciochesco y el caos como piedra angular de la condición humana
Entrevistado por Paula Corroto (‘Público’) en el reciente Hay Festival, decía Howard Jacobson a propósito de su novela ‘Un acto de amor’: “Con este juego pretendía tratar también la crisis de la masculinidad. Los hombres se muestran cada vez más inseguros sobre su papel. Uno de los deseos del hombre es saber que su mujer le es infiel, lo que pasa es que esto es un tabú porque ninguno lo dice”. Por supuesto, las palabras del escritor británico juegan con la consuetudinaria forma de hacer creer al espectador que el asunto que rige su obra es algo de emergente interés. Para el caso, ‘Un acto de amor’ gira en torno a un marido que ha buscado un amante para su mujer: “Él sufre con la infidelidad, pero a la vez, imaginarse como un cornudo, es la fuente de su mayor placer”, explica el artículo. De modo que esa acuciante "crisis de la masculinidad" de la que Jacobson habla remite nada menos que al metarrelato de 'El Quijote' titulado 'El Curioso impertinente' (cáp. XXXIII – XXXV). Así que pongámonos el disfraz de Indiana Jones a la busca de arqueologías hipotextuales, y repasamos:
a) Anselmo y Lotario, habitantes de la Toscana, son unos colegas de-pu-ta-ma-dre: podemos imaginarnos a Lenny y Carl pasando el sábado noche en el bar de Moe veneciano, etcétera. Hasta que Anselmo se casa y la situación cambia: “no se han de visitar ni continuar las casas de los amigos casados de la misma manera que cuando eran solteros; por que aunque la buena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada, con todo esto, es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mesmos hermanos, cuando más de los amigos.”
b) Con mucha puntería advierte Cervantes las fallas conversacionales que caracterizan las relaciones amorosas: “También decía Lotario que tenían necesidad los casados de tener cada uno algún amigo que le advirtiese de los descuidos que su proceder hiciese, porque suele acontecer que con el mucho amor que el marido a la mujer tiene, o no le advierte o no le dice, por no enojalla, que haga o deje de hacer algunas cosas, que el hacellas o no, le sería de honra o de vituperio; de lo cual, siendo del amigo advertido, fácilmente pondría remedio en todo.”
c) Nótese el estado de conflicto como consustancial al ser humano, o como poco sintomático de un adecuado bombeo sanguíneo; y al revés, el orden y la prosperidad —la quimera, Ítaca— como sinónimo de aburrimiento. Cervantes queda emparentado ya en el siglo XVII con los retratistas de los excesos del libertinaje dieciochesco (Choderlos de Laclos, Sade, Benjamin Constant) y con aquellos otros de la traición en la época contemporánea: coquetear con los límites alcanza a ser la máxima expresión de la existencia, porque de la habilidad que cada cual posea depende desintegrarse o no. Aplicado en el ‘curioso impertinente’, ¿por qué si no iba Anselmo a provocar la tragedia y vorágine de mentiras y suposiciones (él piensa que nosotros pensamos que él piensa…) que implica esta ficción?: “te hago saber, amigo Lotario, que el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, [es tan] buena y tan perfecta como yo pienso, y no puedo enterarme en esta verdad, si no es probándola de manera que la prueba manifiesta los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro […] Y muéveme a fiar de ti esta tan ardua empresa, elver que si de ti es vencida Camila, no ha de llegar el vencimiento a todo trance y rigor, sino a sólo a tener por hecho lo que se ha de hacer, por buen respeto, y así, no quedaré yo ofendido más de con el deseo, y mi injuria quedará escondida en la virtud de tu silencio”. Y el buen Lotario, pragmático, calculador de los costes de oportunidad que la misión encargada implica, replica: “puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado que estás ahora; y si no sales, te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha de aprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te ha sucedido, porque bastará para afligirte y deshacerte que la sepas tú mesmo.” Dilema ético: ¿cuánta verdad necesita el individuo?, seguido del derrumbe del castillo de naipes, o el lugar común sobre lo imprevisible del ritual del romance: “[Lotario] mil veces quiso ausentarse de la ciudad e irse donde jamás Anselmo le viese a él, ni él viese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallaba en mirararla”.
a) Anselmo y Lotario, habitantes de la Toscana, son unos colegas de-pu-ta-ma-dre: podemos imaginarnos a Lenny y Carl pasando el sábado noche en el bar de Moe veneciano, etcétera. Hasta que Anselmo se casa y la situación cambia: “no se han de visitar ni continuar las casas de los amigos casados de la misma manera que cuando eran solteros; por que aunque la buena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada, con todo esto, es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede ofender aun de los mesmos hermanos, cuando más de los amigos.”
b) Con mucha puntería advierte Cervantes las fallas conversacionales que caracterizan las relaciones amorosas: “También decía Lotario que tenían necesidad los casados de tener cada uno algún amigo que le advirtiese de los descuidos que su proceder hiciese, porque suele acontecer que con el mucho amor que el marido a la mujer tiene, o no le advierte o no le dice, por no enojalla, que haga o deje de hacer algunas cosas, que el hacellas o no, le sería de honra o de vituperio; de lo cual, siendo del amigo advertido, fácilmente pondría remedio en todo.”
c) Nótese el estado de conflicto como consustancial al ser humano, o como poco sintomático de un adecuado bombeo sanguíneo; y al revés, el orden y la prosperidad —la quimera, Ítaca— como sinónimo de aburrimiento. Cervantes queda emparentado ya en el siglo XVII con los retratistas de los excesos del libertinaje dieciochesco (Choderlos de Laclos, Sade, Benjamin Constant) y con aquellos otros de la traición en la época contemporánea: coquetear con los límites alcanza a ser la máxima expresión de la existencia, porque de la habilidad que cada cual posea depende desintegrarse o no. Aplicado en el ‘curioso impertinente’, ¿por qué si no iba Anselmo a provocar la tragedia y vorágine de mentiras y suposiciones (él piensa que nosotros pensamos que él piensa…) que implica esta ficción?: “te hago saber, amigo Lotario, que el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, [es tan] buena y tan perfecta como yo pienso, y no puedo enterarme en esta verdad, si no es probándola de manera que la prueba manifiesta los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro […] Y muéveme a fiar de ti esta tan ardua empresa, elver que si de ti es vencida Camila, no ha de llegar el vencimiento a todo trance y rigor, sino a sólo a tener por hecho lo que se ha de hacer, por buen respeto, y así, no quedaré yo ofendido más de con el deseo, y mi injuria quedará escondida en la virtud de tu silencio”. Y el buen Lotario, pragmático, calculador de los costes de oportunidad que la misión encargada implica, replica: “puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedar ni más ufano, ni más rico, ni más honrado que estás ahora; y si no sales, te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha de aprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te ha sucedido, porque bastará para afligirte y deshacerte que la sepas tú mesmo.” Dilema ético: ¿cuánta verdad necesita el individuo?, seguido del derrumbe del castillo de naipes, o el lugar común sobre lo imprevisible del ritual del romance: “[Lotario] mil veces quiso ausentarse de la ciudad e irse donde jamás Anselmo le viese a él, ni él viese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallaba en mirararla”.
*
Corolario: Traición (a alguien) y adicción (a algo, a alguien) constituyen dos experiencias hipercognitivas: ambos arquetipos pulverizan la calma como punto de partida e irrumpen en lo que saben que es un laberinto con la intención de huir sin provocar ningún tipo de daño colateral, y examinar sus propias capacidades de supervivencia, así como la verdadera importancia que el otro te atribuye: ¿Hasta cuándo descubrirán mis continuas huidas al W.C.? ¿Hasta cuándo resistirá mi soslayo hacia él/ ella? ¿Será tan amigo como para dejarme XX € a fin de consumir mi dosis?, ¿y si no, qué hará para evitarlo? Si acepta la ruptura del contrato, ¿se debe a que él/ ella también lo ha roto, a un racionalismo incómodo, o a la nula significación que me atribuye? Y si no, ¿lo perdonará?, etcétera.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Estudiando a Baudelaire: 9 notas sobre el poeta
i. Jorge Riechmann: “Nunca dejará de sorprenderme el injustificado prestigio literario del mal…” Y Charles Baudelaire: “tanto el hombre como la mujer saben de nacimiento, que en mal se encuentra toda voluptuosidad"
ii. Paradójicamente, uno de los lugares comunes del reseñismo consiste en precisar que la creación atendida no es un lugar común (vbr., expresiones del tipo: “el autor procede a una vuelta de tuerca sobre el tópico”, “he aquí un regate en torno a lo previsible”, “huye de lo típico”, etcétera, etcétera), cuando lo cierto es que, como bien apunta C.B.: “Crear un lugar común, eso es el genio”.
iii. Y mucho antes que David Brooks y la actual hegemonía de la clase culta, un escrito premonitorio sobre el matrimonio feliz contraído por la sensibilidad intelectual y los propietarios de los medios de producción: “Sabios unos, propietarios otros; llegará un día luminoso en el que los sabios se convertirán en propietarios y los propietarios en sabios; entonces vuestro poder será completo y nadie protestará contra él”.
iv. Walter Benjamin y la advertencia a propósito del consumo y su relación con el capital simbólico: “Con el flâneur, la intelectualidad se dirige al mercado. Cree ella que para observarlo, cuando en realidad es para encontrar comprador.” (‘Libro de los pasajes’)
v. Francisco Umbral (¡!): “Contra la sociedad trabajan el anarquista y el poeta maldito. Este último es una fuerza centrípeta que se diferencia del anarquista en que no destruye ni trata de destruir a la sociedad, sino que se destruye a sí mismo”. Y Walter Benjamin: “esta capa social [la bohemia] ve en los verdaderos guías del proletariado a sus enemigos […] La poesía de Baudelaire obtiene su fuerza del páthos rebelde de esta capa social. Se inclina del lado de los asociales.”
vi. Poe (“The man of the crowd”) y Baudelaire legitiman como irreversible la conquista del protagonismo espacial en literatura por parte de la metrópolis. Citado por Azúa, Georg Simmel propone en “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, texto que data de 1903, una taxonomía de características propias de la ciudad moderna, a saber: “los ciudadanos deben reprimir el sentimiento y esforzar el entendimiento”, “la metrópolis es el centro de todas las operaciones económicas, y economiza todas las operaciones”, “la indiferencia generalizada produce un amplísimo margen de acción que suele denominarse ‘libertad’”, “el metropolitano se llena de informaciones fragmentarias que no puede poner en orden, y se vacía de las anteriores informaciones obedeciendo a la presión que ejercen las nuevas”, etcétera. Mal que le pese a los descriptores del espacio urbano, desde Simmel y Baudelaire apenas ha sucedido nada nuevo. Por no decir absolutamente nada nuevo.
vii. El exceso de civilización (Modernidad) provoca ansiedad, sabemos desde Freud. Pero no para Baudelaire: “¿es preciso sufrir eternamente, o huir eternamente de lo bello? ¡Apártate de mí, naturaleza, seductora despiadada, rival siempre victoriosa!”
viii. Entendemos que Antoine Compagnon tiene más de una razón para afirmar que Baudelaire es un autor cuya escritura se sitúa ideológicamente a la derecha: “Para curarse de todo, de la miseria, de la enfermedad y de la melancolía, lo único necesario es la afición al trabajo” + “Si trabajases todos los días, la vida te resultaría más soportable”
ix. Giorgio Agamben: “Nietzsche sitúa, por tanto, su pretensión de "actualidad", su "contemporaneidad" respecto del presente, en una desconexión y en un desfase. Pertenece realmente a su tiempo, es verdaderamente contemporáneo, aquel que no coincide perfectamente con éste ni se adecua a sus pretensiones y es por ende, en ese sentido, inactual; pero, justamente por eso, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aprehender su tiempo”. Y Compagnon: “los verdaderos antimodernos son también, al mismo tiempo, modernos, todavía y siempre modernos, o modernos a su pesar. Baudelaire es el prototipo, su modernidad—él fue quien inventó la noción—es inseparable de su resistencia al «mundo moderno», como iba a calificarla otro antimoderno, Péguy, o tal vez su reacción contra lo moderno en él mismo […] Los antimodernos—no los tradicionalistas por tanto, sino los antimodernos auténticos—no serían más que los modernos, los verdaderos modernos, que no se dejan engañar por lo moderno, que están siempre alertas.”
ii. Paradójicamente, uno de los lugares comunes del reseñismo consiste en precisar que la creación atendida no es un lugar común (vbr., expresiones del tipo: “el autor procede a una vuelta de tuerca sobre el tópico”, “he aquí un regate en torno a lo previsible”, “huye de lo típico”, etcétera, etcétera), cuando lo cierto es que, como bien apunta C.B.: “Crear un lugar común, eso es el genio”.
iii. Y mucho antes que David Brooks y la actual hegemonía de la clase culta, un escrito premonitorio sobre el matrimonio feliz contraído por la sensibilidad intelectual y los propietarios de los medios de producción: “Sabios unos, propietarios otros; llegará un día luminoso en el que los sabios se convertirán en propietarios y los propietarios en sabios; entonces vuestro poder será completo y nadie protestará contra él”.
iv. Walter Benjamin y la advertencia a propósito del consumo y su relación con el capital simbólico: “Con el flâneur, la intelectualidad se dirige al mercado. Cree ella que para observarlo, cuando en realidad es para encontrar comprador.” (‘Libro de los pasajes’)
v. Francisco Umbral (¡!): “Contra la sociedad trabajan el anarquista y el poeta maldito. Este último es una fuerza centrípeta que se diferencia del anarquista en que no destruye ni trata de destruir a la sociedad, sino que se destruye a sí mismo”. Y Walter Benjamin: “esta capa social [la bohemia] ve en los verdaderos guías del proletariado a sus enemigos […] La poesía de Baudelaire obtiene su fuerza del páthos rebelde de esta capa social. Se inclina del lado de los asociales.”
vi. Poe (“The man of the crowd”) y Baudelaire legitiman como irreversible la conquista del protagonismo espacial en literatura por parte de la metrópolis. Citado por Azúa, Georg Simmel propone en “Las grandes urbes y la vida del espíritu”, texto que data de 1903, una taxonomía de características propias de la ciudad moderna, a saber: “los ciudadanos deben reprimir el sentimiento y esforzar el entendimiento”, “la metrópolis es el centro de todas las operaciones económicas, y economiza todas las operaciones”, “la indiferencia generalizada produce un amplísimo margen de acción que suele denominarse ‘libertad’”, “el metropolitano se llena de informaciones fragmentarias que no puede poner en orden, y se vacía de las anteriores informaciones obedeciendo a la presión que ejercen las nuevas”, etcétera. Mal que le pese a los descriptores del espacio urbano, desde Simmel y Baudelaire apenas ha sucedido nada nuevo. Por no decir absolutamente nada nuevo.
vii. El exceso de civilización (Modernidad) provoca ansiedad, sabemos desde Freud. Pero no para Baudelaire: “¿es preciso sufrir eternamente, o huir eternamente de lo bello? ¡Apártate de mí, naturaleza, seductora despiadada, rival siempre victoriosa!”
viii. Entendemos que Antoine Compagnon tiene más de una razón para afirmar que Baudelaire es un autor cuya escritura se sitúa ideológicamente a la derecha: “Para curarse de todo, de la miseria, de la enfermedad y de la melancolía, lo único necesario es la afición al trabajo” + “Si trabajases todos los días, la vida te resultaría más soportable”
ix. Giorgio Agamben: “Nietzsche sitúa, por tanto, su pretensión de "actualidad", su "contemporaneidad" respecto del presente, en una desconexión y en un desfase. Pertenece realmente a su tiempo, es verdaderamente contemporáneo, aquel que no coincide perfectamente con éste ni se adecua a sus pretensiones y es por ende, en ese sentido, inactual; pero, justamente por eso, a partir de ese alejamiento y ese anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aprehender su tiempo”. Y Compagnon: “los verdaderos antimodernos son también, al mismo tiempo, modernos, todavía y siempre modernos, o modernos a su pesar. Baudelaire es el prototipo, su modernidad—él fue quien inventó la noción—es inseparable de su resistencia al «mundo moderno», como iba a calificarla otro antimoderno, Péguy, o tal vez su reacción contra lo moderno en él mismo […] Los antimodernos—no los tradicionalistas por tanto, sino los antimodernos auténticos—no serían más que los modernos, los verdaderos modernos, que no se dejan engañar por lo moderno, que están siempre alertas.”
jueves, 1 de octubre de 2009
Mal rollo
Mal rollo. No hay otro modo de describir la conflictiva psique de Paretto, perdido en el sanatorio anexo al hospital Acuarela Records aquí en Madrizentro. Digamos que su cabeza actúa como un jukebox de pistas de rap producido en lugares dejados de la mano de Dios como Kansas City o Minnesota (EE UU), y cuando has rebasado el consumo de un número equis de haschish la manía persecutoria se instala en tu temperamento hasta el punto de convertirte en la clase de animal que no puede mantener ningún tipo de relación estable, ya hablemos de amor o amistad. Es decir que a una hora como las 02.14 a.m. la planta tres de este sanatorio goza de una vitalidad inconfundible. Ningún enfermero se atreve a introducir en sus celdas a los pacientes, que campan a sus anchas por los pasillos manifestando sus escandalosos tormentos interiores, armados con navajas que cuelgan del cinto y cuyo filo puede llegar a alcanzar los diecinueve centímetros de Paretto; en su caso particular, la paranoia aflora contra los hipsters que lo ha excluido de una existencia social normalizada, de modo que ahora cree que el resto de lesionados psicológicos, independientemente de su extracción, no son sino alienígenas que pueden fulminarlo en el momento en que lo miren directamente a los ojos, y es por eso por lo que se arrastra por los pasillos doblando al máximo sus vértebras cervicales mientras sigue las cañerías del piso de arriba a la busca de un ascensor que consiga sacarlo de esta jodida planta tres en dirección a los sótanos, donde una inyección de morfina espera a nuestro hombre. No mires directamente a los ojos de la gente, dice una y otra vez. No lo hagas. [...]
lunes, 28 de septiembre de 2009
No estaba muerto, estaba de parranda
Calentamos motores antes de octubre. A continuación, algunos de mis últimos artículos en Público. Todo Gente Crema. Claro
Entrevista a Eduardo Galeano.
Entrevista a Patrick French, biógrafo "oficial" de V.S.Naipaul.
Entrevista a Bruce Weber, cineasta, fotógrafo y director de 'Let's Get Lost'.
Entrevista a Eduardo Galeano.
Entrevista a Patrick French, biógrafo "oficial" de V.S.Naipaul.
Entrevista a Bruce Weber, cineasta, fotógrafo y director de 'Let's Get Lost'.
lunes, 31 de agosto de 2009
Traducción de 'The Broom of the System', David Foster Wallace, extracto del capítulo 6
“¿Qué tal están tus bistecs esta noche?”
“Señor, nuestros filetes son, si me permite decirlo, sencillamente magníficos. Solo carne de primerísima calidad, cuidadosamente seleccionada e incluso más cuidadosamente añejada, cocinada a la perfección si entendemos la perfección en función de las preferencias del consumidor, servidos con el tipo de patata y ensalada que desee, y un merecido y sabroso postre.”
“Para chuparse los dedos.”
“Así es.”
“Tomaré nueve.”
“¿Perdón?”
“Traeme nueve filetes, por favor.”
“¿Desea nueve filetes para cenar?”
“Por favor.”
“¿Y quién, señor, si me permite la pregunta, va a comérselos?”
“¿Ves a alguien más sentado aquí? Yo me los comeré.”
“¿Y cómo lo piensa hacer, señor?”
“Bien, veamos, pienso que esta noche usaré mi mano derecha para cortar. Pondré los pedazos en mi boca. Los masticaré. Y los elementos ácidos de mi saliva acabarán con la fibra muscular. Tragaré. Etcétera. ¡Y tráelos de una vez!”
“Señor, nueve filetes harían enfermar a cualquiera.”
“Mírame. Mírame bien. Mira este estómago. ¿De verdad crees que voy a enfermar? De ningún modo. Ven. Ven aquí. No, en serio, ven aquí y mira este estómago. Deja que levante mi camisa... mira aquí. ¿Ves lo que puedo agarrar con mi mano? Ni siquiera puedo sentarme cerca de la barra. ¿Alguna vez has visto algo tan enormemente asqueroso en toda tu vida?”
“He visto estómagos mayores.”
“Tan solo eres correcto, quieres tu jodida propina. Pero te llevarás tu propina después de que me hayas traído mis nueve filetes para cenar, entendiendo la perfección como carne medio roja, que es como decir rosa e incluso un poco dura. Y no te olvides de los panecillos.”
“Señor, permítame que confíe en mi experiencia. Jamás he servido a un solo individuo nueve pedidos simultáneos bajo mi autoridad. Podría meterme en un lío. ¿Qué ocurre si por ejemplo, Dios no lo quiera, sufre una embolia? Sus órganos podrían romperse.”
“¿Acaso no dije que me miraras? ¿No puedes decirme lo que soy? Escuchame con atención: Soy obeso, glotón, devorador compulsivo, un cerdo asqueroso. ¿Está claro? Soy más puerco que humano. Hay una habitación entera para ti dentro de mi estómago. ¿Lo oyes? Lo que tienes delante de ti es un cerdo. Un comedor desalmado de capacidad ilimitada. Tráeme carne.”
“¿No ha comido en mucho tiempo, no es eso?”
“Mira chaval, empiezas a aburrirme. Podría aporrearte con mi panza. Y déjame que te diga que soy algo más que un pequeñoburgués. ¿Ves ese edificio de ahí, el de las ventanas iluminadas, en la sombra? Es mío. Podría comprar este restaurante y exterminarte. Podría. Y tal vez compre el bloque entero, incluyendo ese ridículo club de adelgazamiento al otro lado de la calle. ¿Lo ves, con la puerta y ventanas formando una cara sonriente, lasciva y huesuda? Mi capacidad financiera me permitiría comprar ese lugar y llenarlo de filetes, de carne roja, los cuales devoraría. La puerta de ese garito sería atrancada por un hueso roído. A ni un solo pedante esmirriado cantador de salmos con ropa holgada y apóstata de la causa del tejido adiposo le permitiría entrar. Golpearían la puerta. Pero el hueso resiste. Carecen de grasa suficiente como para echar la puerta abajo. Sus bocas y ojos aumentarían de tamaño mientras se agolpan contra el cristal. Qué deliciosos pensamientos. ¿Me permites la carta de vinos?”
“¿Club de adelgazamiento?”
“Garçon, lo que tienes delante de ti es alguien peligroso, te lo advierto. Los seres humanos actúan por el bien común. Los cerdos chalados y enormes no. Mi mujer me dijo hace mucho tiempo que si no perdía peso me dejaría. No solo no he perdido peso, sino que ahora estoy más gordo, y por eso ella se marchó. R.I.P. Y no te olvides de la salsa.”
“Pero señor, seguramente con más tiempo...”
“No hay más tiempo. El tiempo no existe. Me lo comí. Está aquí dentro, ¿lo ves? ¿Ves cómo se mueve? Eso es el tiempo: Movimiento. Así que corre, huye, tráeme mi fuente de grasa, mis nueve reses, o te cogeré del mentón y te estamparé contra la pared.”
“¿Puedo traer al maître? Para consultarle.”
“Traélo como sea. Pero dile que no se acerque demasiado. En un segundo se verá asfixiado, antes de que pueda chillar. Óyeme: Esta noche comeré. Desmesuradamente. Y solo. Por eso estoy desmesuradamente solo. Pienso comer, y mi sudor será esparcido en el ambiente, y si alguien se acerca, le gruñiré y pincharé con mi cuchillo. Algo así como esto. ¿Lo ves?”
“Por favor.”
“Corre como alma que lleva el diablo. Trae algo que me tranquilice. Voy a engordar y engordar, y llenaré el vacío que me rodea con el horror de mi presencia gelatinosa. El Yin y el Yang. Siempre creciendo, muchacho. Corre de una maldita vez.”
“De acuerdo, señor.”
“Creo que unos palitos de pan me vendrían estupendamente, ¿me oyes? ¿Qué clase de sitio es este?”
'The Broom of the System', David Foster Wallace, ed. Abacus, pp 81-83. Traducción de AJR.
“Señor, nuestros filetes son, si me permite decirlo, sencillamente magníficos. Solo carne de primerísima calidad, cuidadosamente seleccionada e incluso más cuidadosamente añejada, cocinada a la perfección si entendemos la perfección en función de las preferencias del consumidor, servidos con el tipo de patata y ensalada que desee, y un merecido y sabroso postre.”
“Para chuparse los dedos.”
“Así es.”
“Tomaré nueve.”
“¿Perdón?”
“Traeme nueve filetes, por favor.”
“¿Desea nueve filetes para cenar?”
“Por favor.”
“¿Y quién, señor, si me permite la pregunta, va a comérselos?”
“¿Ves a alguien más sentado aquí? Yo me los comeré.”
“¿Y cómo lo piensa hacer, señor?”
“Bien, veamos, pienso que esta noche usaré mi mano derecha para cortar. Pondré los pedazos en mi boca. Los masticaré. Y los elementos ácidos de mi saliva acabarán con la fibra muscular. Tragaré. Etcétera. ¡Y tráelos de una vez!”
“Señor, nueve filetes harían enfermar a cualquiera.”
“Mírame. Mírame bien. Mira este estómago. ¿De verdad crees que voy a enfermar? De ningún modo. Ven. Ven aquí. No, en serio, ven aquí y mira este estómago. Deja que levante mi camisa... mira aquí. ¿Ves lo que puedo agarrar con mi mano? Ni siquiera puedo sentarme cerca de la barra. ¿Alguna vez has visto algo tan enormemente asqueroso en toda tu vida?”
“He visto estómagos mayores.”
“Tan solo eres correcto, quieres tu jodida propina. Pero te llevarás tu propina después de que me hayas traído mis nueve filetes para cenar, entendiendo la perfección como carne medio roja, que es como decir rosa e incluso un poco dura. Y no te olvides de los panecillos.”
“Señor, permítame que confíe en mi experiencia. Jamás he servido a un solo individuo nueve pedidos simultáneos bajo mi autoridad. Podría meterme en un lío. ¿Qué ocurre si por ejemplo, Dios no lo quiera, sufre una embolia? Sus órganos podrían romperse.”
“¿Acaso no dije que me miraras? ¿No puedes decirme lo que soy? Escuchame con atención: Soy obeso, glotón, devorador compulsivo, un cerdo asqueroso. ¿Está claro? Soy más puerco que humano. Hay una habitación entera para ti dentro de mi estómago. ¿Lo oyes? Lo que tienes delante de ti es un cerdo. Un comedor desalmado de capacidad ilimitada. Tráeme carne.”
“¿No ha comido en mucho tiempo, no es eso?”
“Mira chaval, empiezas a aburrirme. Podría aporrearte con mi panza. Y déjame que te diga que soy algo más que un pequeñoburgués. ¿Ves ese edificio de ahí, el de las ventanas iluminadas, en la sombra? Es mío. Podría comprar este restaurante y exterminarte. Podría. Y tal vez compre el bloque entero, incluyendo ese ridículo club de adelgazamiento al otro lado de la calle. ¿Lo ves, con la puerta y ventanas formando una cara sonriente, lasciva y huesuda? Mi capacidad financiera me permitiría comprar ese lugar y llenarlo de filetes, de carne roja, los cuales devoraría. La puerta de ese garito sería atrancada por un hueso roído. A ni un solo pedante esmirriado cantador de salmos con ropa holgada y apóstata de la causa del tejido adiposo le permitiría entrar. Golpearían la puerta. Pero el hueso resiste. Carecen de grasa suficiente como para echar la puerta abajo. Sus bocas y ojos aumentarían de tamaño mientras se agolpan contra el cristal. Qué deliciosos pensamientos. ¿Me permites la carta de vinos?”
“¿Club de adelgazamiento?”
“Garçon, lo que tienes delante de ti es alguien peligroso, te lo advierto. Los seres humanos actúan por el bien común. Los cerdos chalados y enormes no. Mi mujer me dijo hace mucho tiempo que si no perdía peso me dejaría. No solo no he perdido peso, sino que ahora estoy más gordo, y por eso ella se marchó. R.I.P. Y no te olvides de la salsa.”
“Pero señor, seguramente con más tiempo...”
“No hay más tiempo. El tiempo no existe. Me lo comí. Está aquí dentro, ¿lo ves? ¿Ves cómo se mueve? Eso es el tiempo: Movimiento. Así que corre, huye, tráeme mi fuente de grasa, mis nueve reses, o te cogeré del mentón y te estamparé contra la pared.”
“¿Puedo traer al maître? Para consultarle.”
“Traélo como sea. Pero dile que no se acerque demasiado. En un segundo se verá asfixiado, antes de que pueda chillar. Óyeme: Esta noche comeré. Desmesuradamente. Y solo. Por eso estoy desmesuradamente solo. Pienso comer, y mi sudor será esparcido en el ambiente, y si alguien se acerca, le gruñiré y pincharé con mi cuchillo. Algo así como esto. ¿Lo ves?”
“Por favor.”
“Corre como alma que lleva el diablo. Trae algo que me tranquilice. Voy a engordar y engordar, y llenaré el vacío que me rodea con el horror de mi presencia gelatinosa. El Yin y el Yang. Siempre creciendo, muchacho. Corre de una maldita vez.”
“De acuerdo, señor.”
“Creo que unos palitos de pan me vendrían estupendamente, ¿me oyes? ¿Qué clase de sitio es este?”
'The Broom of the System', David Foster Wallace, ed. Abacus, pp 81-83. Traducción de AJR.
domingo, 30 de agosto de 2009
Traducción de 'The Broom of the System', David Foster Wallace, capítulo 4
TRANSCRIPCIÓN DEL ENCUENTRO ENTRE EL HONORABLE RAYMOND ZUSATZ, GOBERNADOR DEL ESTADO DE OHIO; MR. JOSEPH LUNGBERG, ASESOR DEL GOBERNADOR; MR. NEIL OBSTAT, ASESOR DEL GOBERNADOR; Y MR. ED ROY YANCEY, VICEPRESIDENTE DE INDUSTRIAL DESERT DESIGN, DALLAS, TEXAS; 21 DE JUNIO DE 1972.
GOBERNADOR: Caballero, algo no funciona.
MR. OBSTAT: ¿A qué se refiere, presidente?
GOBERNADOR: Me refiero al estado, Neil. Algo no funciona en nuestro estado.
MR. LUNGBERG: Pero presidente, el desempleo es bajo, la inflación es baja, los impuestos no han aumentado en dos años, la contaminación disminuye, a excepción de Cleveland y esos cabrones que se preocupan por Cleveland —es broma, Neil—, pero presidente, la gente le adora, ha sentado precedente en cuanto al liderazgo en los sondeos, la investigación y desarrollo en el estado son siempre elevadas...
GOBERNADOR: Para ahí. Ahí es donde vamos.
MR. OBSTAT: ¿Podría explicarse, presidente?
GOBERNADOR: Las cosas van demasiado bien. Y eso es una trampa.
MR. LUNGBERG: ¿Una trampa?
GOBERNADOR: Muchachos, el estado está ablandándose. Ahí fuera se percibe debilidad. Vamos camino de convertirnos en un mastodóntico barrio residencial, parque industrial y centro comercial. Hay demasiado desarrollo. La gente está volviéndose complaciente. Olvidan la historia de un estado que ha tenido que curtirse para erradicar su salvajismo. Ya no hay nada que curtir.
MR. OBSTAT: Ahí le ha dado, presidente.
GOBERNADOR: Necesitamos un páramo baldío.
MR LUNGBERG y MR. OBSTAT: ¿Un páramo baldío?
GOBERNADOR: Caballeros, necesitamos un desierto.
MR LUNGBERG y MR. OBSTAT: ¿Un desierto?
GOBERNADOR: Caballeros, un desierto. Un punto de referencia salvaje para la buena gente de Ohio. Un lugar que temer y amar. Una región estéril. Algo que recuerde cómo nos hemos curtido. Un lugar sin centros comerciales. Un alter ego para Ohio. Cactus y escorpiones y el sol poniéndose. Desolación. Un lugar para que la gente deambule sola. Para reflexionar. Al margen de todo. Un desierto.
MR. OBSTAT: Gran idea, presidente.
GOBERNADOR: Gracias, Neil. Señores, permítanme presentarles a Mr. Ed Roy Yancey, de Industrial Desert Design, Dallas. Ellos hicieron Kuwait.
MR. LUNGBERG: Vaya, hay un montón de desierto en Kuwait.
MR. YANCEY: Bien, caballeros, el gobernador y yo hemos llegado a un acuerdo, y si me permiten captar su atención hacia este mapa, aquí...
MR. OBSTAT: Eso es Ohio, de acuerdo.
MR. YANCEY: El lugar que tenemos en mente está en el sur de su gran estado. Aproximadamente... aquí. De hecho, comprende de aquí a aquí. Ciento cincuenta kilómetros cuadrados.
MR. OBSTAT: ¿Alrededor de Caldwell?
MR. YANCEY: Sí.
MR. LUNGBERG: ¿No hay por ahí un buen número de personas viviendo?
GOBERNADOR: Recolocación. Dominio inmediato. Un desierto no respeta nada. Debe encajar con la totalidad del concepto.
MR. LUNGBERG: ¿No está eso bastante cerca del Parque Nacional de Wayne?
GOBERNADOR: Ya no.
(Mr. Lungberg silba)
MR. OBSTAT: Oiga, mi madre vive cerca de Caldwell.
GOBERNADOR: Afectará a su hogar, entonces. Es parte del concepto. El concepto tiene que afectar a su casa. Curtirse es violento, Neil. Vamos a curtir desde lo salvaje al margen de la blandura en este estado. Afectará a las familias.
MR. LUNGBERG: Se le ve entusiasmado con el proyecto, ¿me equivoco, señor presidente?
GOBERNADOR: Joe, nunca he estado más entusiasmado. Es lo que el estado necesita. Lo sé.
MR. OBSTAT: Usted será parte de la historia, presidente. Será inmortal.
GOBERNADOR: Gracias, Neil. Únicamente pienso que estoy haciendo lo correcto, y después de hablarlo con Mr. Yancey, he de decir que solo puedo estar entusiasmado. Ciento cincuenta kilómetros cuadrados de una cegadora nada de arena blanca. Aunque por supuesto también habrá algún lago, en los límites, para que la gente pueda pescar...
MR. LUNGBERG: ¿Por qué arena blanca, presidente? ¿Por qué no, digamos, arena negra?
GOBERNADOR: Me parece bien, Joe.
MR. LUNGBERG: Bien, si de lo que se trata realmente es de contraste, alteridad, malditismo, ¿deberíamos hablar también de algo siniestro? A mí me sugiere eso.
GOBERNADOR: Lo siniestro encaja, me parece correcto.
MR. LUNGBERG: Bien, Ohio es un bonito estado blanco: las carreteras son blancas, la gente tiende a ser completamente blanca, el sol brilla de un modo hermoso aquí... ¿No sería mejor contraste ciento cincuenta kilómetros de arena negra? Hablamos de algo siniestro. Y lo negro absorbería mejor el calor. Algo realmente cálido, aumentemos el aspecto maldito.
GOBERNADOR: Me gusta. ¿Tú qué dices, Ed? ¿Pueden los cactus y los escorpiones vivir sobre arena negra?
MR. YANCEY: Imagino que no habrá ningún problema.
MR. OBSTAT: ¿Y qué hay del precio de la arena negra?
MR. YANCEY: Probablemente sea algo más cara. Tendría que hablarlo con los del departamento de Arena. Pero presiento que puedo comprometerme a decirles que sería una opción viable en el contexto de su proyecto.
GOBERNADOR: Hecho.
MR. LUNGBERG: ¿Cuándo empezamos?
GOBERNADOR: Inmediatamente, Joe. Curtirse es por naturaleza algo rápido y violento.
MR. OBSTAT: Presidente, permítame decirle que estoy emocionado. Tenga mis felicitaciones, de hombre a hombre y de ciudadano a gobernador.
GOBERNADOR: Gracias, Neil, pero mejor vete y díselo a tu madre. Eres un buen tío.
MR. OBSTAT: De acuerdo.
MR. LUNGBERG: ¿Y qué hay del nombre, presidente?
GOBERNADOR: ¿Un nombre? Ese es un punto muy interesante. Jamás había pensado en el nombre.
MR. LUNGBERG: ¿Puedo hacer una sugerencia?
GOBERNADOR: Hágala.
MR. LUNGBERG: El Gran Desierto de Ohio.
GOBERNADOR: El Gran Desierto de Ohio.
MR. LUNGBERG: Eso es.
GOBERNADOR: Joe, es un nombre impresionante. Me quito el sombrero ante ti. Anuncia tamaño, desolación, grandiosidad, y además dice que está en Ohio.
MR. LUNGBERG: ¿No es demasiado presuntuoso?
GOBERNADOR: En absoluto. Encaja a la perfección.
MR. OBSTAT: Me quito el sombrero ante ti, Joe.
MR. YANCEY: Estupendo nombre, Joe.
GOBERNADOR: Entonces lo tenemos todo. Concepto. Desierto. Color. Nombre. Todo lo que falta es curtirse.
MR. YANCEY: Vayamos a ello, pues.
GOBERNADOR: Caballero, algo no funciona.
MR. OBSTAT: ¿A qué se refiere, presidente?
GOBERNADOR: Me refiero al estado, Neil. Algo no funciona en nuestro estado.
MR. LUNGBERG: Pero presidente, el desempleo es bajo, la inflación es baja, los impuestos no han aumentado en dos años, la contaminación disminuye, a excepción de Cleveland y esos cabrones que se preocupan por Cleveland —es broma, Neil—, pero presidente, la gente le adora, ha sentado precedente en cuanto al liderazgo en los sondeos, la investigación y desarrollo en el estado son siempre elevadas...
GOBERNADOR: Para ahí. Ahí es donde vamos.
MR. OBSTAT: ¿Podría explicarse, presidente?
GOBERNADOR: Las cosas van demasiado bien. Y eso es una trampa.
MR. LUNGBERG: ¿Una trampa?
GOBERNADOR: Muchachos, el estado está ablandándose. Ahí fuera se percibe debilidad. Vamos camino de convertirnos en un mastodóntico barrio residencial, parque industrial y centro comercial. Hay demasiado desarrollo. La gente está volviéndose complaciente. Olvidan la historia de un estado que ha tenido que curtirse para erradicar su salvajismo. Ya no hay nada que curtir.
MR. OBSTAT: Ahí le ha dado, presidente.
GOBERNADOR: Necesitamos un páramo baldío.
MR LUNGBERG y MR. OBSTAT: ¿Un páramo baldío?
GOBERNADOR: Caballeros, necesitamos un desierto.
MR LUNGBERG y MR. OBSTAT: ¿Un desierto?
GOBERNADOR: Caballeros, un desierto. Un punto de referencia salvaje para la buena gente de Ohio. Un lugar que temer y amar. Una región estéril. Algo que recuerde cómo nos hemos curtido. Un lugar sin centros comerciales. Un alter ego para Ohio. Cactus y escorpiones y el sol poniéndose. Desolación. Un lugar para que la gente deambule sola. Para reflexionar. Al margen de todo. Un desierto.
MR. OBSTAT: Gran idea, presidente.
GOBERNADOR: Gracias, Neil. Señores, permítanme presentarles a Mr. Ed Roy Yancey, de Industrial Desert Design, Dallas. Ellos hicieron Kuwait.
MR. LUNGBERG: Vaya, hay un montón de desierto en Kuwait.
MR. YANCEY: Bien, caballeros, el gobernador y yo hemos llegado a un acuerdo, y si me permiten captar su atención hacia este mapa, aquí...
MR. OBSTAT: Eso es Ohio, de acuerdo.
MR. YANCEY: El lugar que tenemos en mente está en el sur de su gran estado. Aproximadamente... aquí. De hecho, comprende de aquí a aquí. Ciento cincuenta kilómetros cuadrados.
MR. OBSTAT: ¿Alrededor de Caldwell?
MR. YANCEY: Sí.
MR. LUNGBERG: ¿No hay por ahí un buen número de personas viviendo?
GOBERNADOR: Recolocación. Dominio inmediato. Un desierto no respeta nada. Debe encajar con la totalidad del concepto.
MR. LUNGBERG: ¿No está eso bastante cerca del Parque Nacional de Wayne?
GOBERNADOR: Ya no.
(Mr. Lungberg silba)
MR. OBSTAT: Oiga, mi madre vive cerca de Caldwell.
GOBERNADOR: Afectará a su hogar, entonces. Es parte del concepto. El concepto tiene que afectar a su casa. Curtirse es violento, Neil. Vamos a curtir desde lo salvaje al margen de la blandura en este estado. Afectará a las familias.
MR. LUNGBERG: Se le ve entusiasmado con el proyecto, ¿me equivoco, señor presidente?
GOBERNADOR: Joe, nunca he estado más entusiasmado. Es lo que el estado necesita. Lo sé.
MR. OBSTAT: Usted será parte de la historia, presidente. Será inmortal.
GOBERNADOR: Gracias, Neil. Únicamente pienso que estoy haciendo lo correcto, y después de hablarlo con Mr. Yancey, he de decir que solo puedo estar entusiasmado. Ciento cincuenta kilómetros cuadrados de una cegadora nada de arena blanca. Aunque por supuesto también habrá algún lago, en los límites, para que la gente pueda pescar...
MR. LUNGBERG: ¿Por qué arena blanca, presidente? ¿Por qué no, digamos, arena negra?
GOBERNADOR: Me parece bien, Joe.
MR. LUNGBERG: Bien, si de lo que se trata realmente es de contraste, alteridad, malditismo, ¿deberíamos hablar también de algo siniestro? A mí me sugiere eso.
GOBERNADOR: Lo siniestro encaja, me parece correcto.
MR. LUNGBERG: Bien, Ohio es un bonito estado blanco: las carreteras son blancas, la gente tiende a ser completamente blanca, el sol brilla de un modo hermoso aquí... ¿No sería mejor contraste ciento cincuenta kilómetros de arena negra? Hablamos de algo siniestro. Y lo negro absorbería mejor el calor. Algo realmente cálido, aumentemos el aspecto maldito.
GOBERNADOR: Me gusta. ¿Tú qué dices, Ed? ¿Pueden los cactus y los escorpiones vivir sobre arena negra?
MR. YANCEY: Imagino que no habrá ningún problema.
MR. OBSTAT: ¿Y qué hay del precio de la arena negra?
MR. YANCEY: Probablemente sea algo más cara. Tendría que hablarlo con los del departamento de Arena. Pero presiento que puedo comprometerme a decirles que sería una opción viable en el contexto de su proyecto.
GOBERNADOR: Hecho.
MR. LUNGBERG: ¿Cuándo empezamos?
GOBERNADOR: Inmediatamente, Joe. Curtirse es por naturaleza algo rápido y violento.
MR. OBSTAT: Presidente, permítame decirle que estoy emocionado. Tenga mis felicitaciones, de hombre a hombre y de ciudadano a gobernador.
GOBERNADOR: Gracias, Neil, pero mejor vete y díselo a tu madre. Eres un buen tío.
MR. OBSTAT: De acuerdo.
MR. LUNGBERG: ¿Y qué hay del nombre, presidente?
GOBERNADOR: ¿Un nombre? Ese es un punto muy interesante. Jamás había pensado en el nombre.
MR. LUNGBERG: ¿Puedo hacer una sugerencia?
GOBERNADOR: Hágala.
MR. LUNGBERG: El Gran Desierto de Ohio.
GOBERNADOR: El Gran Desierto de Ohio.
MR. LUNGBERG: Eso es.
GOBERNADOR: Joe, es un nombre impresionante. Me quito el sombrero ante ti. Anuncia tamaño, desolación, grandiosidad, y además dice que está en Ohio.
MR. LUNGBERG: ¿No es demasiado presuntuoso?
GOBERNADOR: En absoluto. Encaja a la perfección.
MR. OBSTAT: Me quito el sombrero ante ti, Joe.
MR. YANCEY: Estupendo nombre, Joe.
GOBERNADOR: Entonces lo tenemos todo. Concepto. Desierto. Color. Nombre. Todo lo que falta es curtirse.
MR. YANCEY: Vayamos a ello, pues.
'The Broom of the System', David Foster Wallace, ed. Abacus, pp 53-56. Traducción de AJR.
Traducción de 'The Broom of the System', David Foster Wallace (Extracto del capítulo 2)
“Cuéntame una historia.”
“Así que quieres que te cuente una historia.”
“Por favor.”
“Tengo una de lo más interesante.”
“Estupendo.”
“Es deprimente, por cierto.”
“Quiero oírla.”
“Tiene que ver con un hombre que sufría un vacío de segundo grado.”
“¿Vacío de segundo grado?”
“Sí.”
“¿De qué va eso?”
“¿No sabes lo que es el vacío de segundo grado?”
“No.”
“Caramba.”
“¿De qué se trata?”
“Bien, una persona vacía de grado dos es primero una persona vacía, a secas. Su inteligencia es mediocre, pero quiere que la gente lo vea como alguien sofisticado. También es mediocre su apariencia, y quiere que la gente lo vea como alguien atractivo. Igual con su sentido del humor, si bien quiere que la gente crea que es ingenioso y divertido. Lo mismo pasa con su talento. Quiere que la gente crea que tiene chispa. Etcétera.”
“Entiendo.”
“Una persona vacía se preocupa de que la gente no lo considere estúpido, o aburrido, o feo, etcétera, etcétera.”
“Lo capto.”
“De modo que una persona vacía de grado dos es una persona vanidosa que también aparenta una auténtica ausencia de vanidad. Que está enormemente preocupada porque la gente no lo considere alguien vacío. Una persona vacía de grado dos permanecerá hasta tarde aprendiendo chistes para parecer alguien divertido y encantador, pero negará que permanezca hasta tarda aprendiendo chistes. O tal vez incluso intente dar la impresión de que él no se considera a sí mismo en absoluto divertido.”
“...”
“Una persona vacía de grado dos se lavará las manos en unos servicios públicos, y será incapaz de resistir la tentación de admirarse en el espejo, de escrutarse a sí mismo, por lo que fingirá que está colocándose unas lentillas o tratando de quitarse algo del ojo mientras se observa, de modo que la gente no lo considere la clase de persona que se maravilla de sí mismo en los espejos, es decir la clase de persona que hace un uso responsable de los espejos, ya sabes, que los emplea para cosas sin importancia.”
“Ya.”
“La historia de hoy tiene que ver con alguien que sufría un vacío de segundo grado relacionado con su apariencia. Alguien obsesionado con su cuerpo, pero también obsesionado por el deseo de que nadie conociera su obsesión. Sencillamente, alguien que se tomó demasiados esfuerzos para esconder a su novia el vacío. ¿He dicho ya que vivía con una chica irresistiblemente hermosa, y que también era encantadora?”
“No.”
“Pues así era: ella estaba locamente enamorada de él, y él la amaba a ella. Y ambos estaban hechos el uno para el otro, aunque él, por supuesto, permanecía en continua tensión, obsesionado, pero también obsesionado por esconder su obsesión.”
“Dios mío.”
“Efectivamente. Hasta que un día en el baño el hombre descubre algo extraño en su pierna, una especie de mancha abultada y gris, y entonces acude al médico y le diagnostican el primer caso de cierta enfermedad que, aunque no es mortal, provoca alteraciones irreversibles en el aspecto, las cuales algún día harán que deje de ser el tipo de persona aparentemente atractiva que es.”
“...”
“A no ser, claro, que consienta someterse a un tratamiento tremendamente caro y complicado, para el cuál tendrá que viajar a Suiza e invertir en él casi todos sus ahorros, los cuales permanecen en un banco y requerirán la firma conjunta de su fantástica novia.”
“Vaya.”
“...”
“Pero él está nervioso ante la idea de que la belleza abandone su cuerpo, ¿no?”
“Bueno, no te olvides de que él está extremadamente nervioso por no ser visto como la clase de hombre nervioso por mantener su belleza. La cosa es que su novia no sepa que es la clase de tipo que gastaría los ahorros de toda una vida y volaría como sea a Suiza solo para evitar convertirse en un monstruo.”
“¿De qué enfermedad se trata? ¿Lepra?”
“Imagino que es algo así como la lepra. Quizá no tan grave. Creo que la lepra puede matar. En cualquier caso, eso no es lo importante. Lo importante aquí es que la idea de que su novia pueda enterarse de su vacío le horroriza tanto que retrasa y retrasa la decisión de volar a Suiza para su tratamiento, y mientras tanto la mancha sigue extendiéndose y la piel de su pierna está volviéndose cada vez más gris, desprendiéndose por capas, y los huesos están hinchándose y deformándose, una situación que intenta esconderse comprando una novedosa prótesis y explicando a su novia que su pierna se ha roto por alguna extraña razón. Su enfermedad, no obstante, está ahora extendiéndose a la otra pierna, y sube hacia el estómago y la espalda, y por tanto sospecho que también afecta a sus genitales, de modo que opta por meterse en la cama y cubrirse de mantas y contar a su novia que por alguna extraña razón está enfermo. En ésas, hace el esfuerzo de comportarse de un modo realmente distante y frío, de mantener las distancias, incluso a pesar de que la presencia de ella resulta una distracción. Llegado este punto, el tipo solo sale de la cama cuando ella está trabajando como dependienta en una tienda de ropa para mujeres, que es como decir que cuando ella se ha largado saldrá de la cama y se pondrá frente al enorme espejo del baño durante horas, observándose a sí mismo horrorizado, aseándose generosamente las escamas grises de su cada vez más retorcido cuerpo.”
“Cielo santo.”
“Y durante días la enfermedad continúa su curso, extendiéndose hacia arriba y alcanzando los brazos y las manos, las cuales trata de esconder apelando a un horrible constipado contagiado por alguna extraña razón, motivo por el cual viste gruesos jerseys y manoplas para esquiar, y empieza a convertirse en un ser cada vez más cruel y asqueroso y ácido hacia su adorable compañera, a la que de ningún modo permite que se acerque, casi como si quisiera sugerirle que ella ha hecho algo realmente horrible que lo enfurece, aunque jamás dirá de qué se trata, hasta que su novia empieza a llorar por las noches, sentada en la taza del váter, y él la oye, y su corazón se rompe porque le ama tanto, aunque él está obsesionado por no convertirse en alguien feo, y por supuesto piensa que si ahora se le ocurriera contarle toda la verdad, no solo ella lo vería como alguien repentinamente feo, sino que además eso explicaría el fraude de la prótesis, los gruesos jerseys y las manoplas para esquiar, y evidentemente él sigue doblemente obsesionado por no revelar su obsesión original. Así que él se vuelve cada vez más mezquino hacia su dulce y preciosa chica que tanto le ama, y de pronto, incluso a pesar de que ella es una chica estupenda y profundamente enamorada, resulta que también es humana y su amor se va a tomar por el culo, poco a poco, en un sencillo gesto de defensa personal, y empieza a comportarse de un modo frío y distanciado, y la relación entre ambos empieza a mermar, lo cual hace que el corazón de él también se rompa. Entre tanto, la enfermedad avanza, ya está en su cuello, ha llegado a la altura del altísimo cuello vuelto de su jersey, e incluso una o dos escamas grises están apareciendo en su nariz. Y una mañana, en el límite del último día en que el tipo puede mantener su deteriorado aspecto escondido de su novia, la mañana posterior a una desastrosa y grave pelea con su chica, él aprovecha que ella está sentada en el baño, llorando, para salir de la cama y abrigarse bien para pillar un taxi que lo lleve a la consulta de su doctor.”
“...”
“Bien. El doctor, como es comprensible, se muestra bastante disgustado porque no lo haya llamado durante todo este tiempo, ¿en qué estaba pensando?, se dice. Y el doctor se manifiesta preocupado sobre el estado de la enfermedad, y entonces echa un vistazo al hombre y examina su lengua y dice que esto solo se resolverá con un novedoso y caro tratamiento que administran en Suiza, y que si se retrasa un segundo más la enfermedad acabará consumiéndolo hasta el punto de volverse irreversible, y aunque él seguirá vivo, se volverá alguien gris y escamado y deformado para siempre. Entonces el doctor mira a su paciente y dice que tiene que salir de la consulta, y recomienda que aproveche ese tiempo para reflexionar sobre su futuro. El doctor piensa que su paciente se ha vuelto loco por no haber elegido ya la opción de Suiza. Así que el hombre enfermo se sienta en la consulta, solo, abrigado de pies a cabeza, con sus manoplas para esquiar a causa de su metaobsesión. Pero finalmente accede a una iluminación, la cual no debe entenderse como sutilmente representada por el rayo de luz que en ese preciso instante rompe de entre las densas nubes que pueblan el cielo ese día e irrumpe a través de la ventana de la consulta y pega en la cara del hombre, aunque en cualquier caso percibe un golpe de inspiración que hace que se plantee que lo más importante del mundo es su maravillosa y adorable novia y el amor que media entre ambos, y eso es lo que verdaderamente importa, así que decide llamarla y contarle toda la verdad y nada más que la verdad, y convencerla para que salga del apartamento y firme la hoja de retirada de sus ahorros de toda una vida, de modo que él pueda salir pitando para Suiza ese mismo día.”
“La virgen.”
“Y la historia termina con el hombre sentado en el despacho del doctor, con el teléfono en sus manoplas, escuchando el tono de la llamada al otro lado de la línea, que suena durante bastantes tonos aunque no durante un lapso de tiempo tan largo como para considerar que está haciendo el ridículo, aunque suficiente como para no tener del todo claro si su novia está o no allí, en el piso de ambos, es decir que duda sobre si ella haya podido largarse, quizá por su propio bien. Y así es como acaba la historia, con el hombre allí y el teléfono sonando en sus manoplas para esquiar, y el rayo de sol que atraviesa la ventana del médico y pega en la cara del enfermo.”
“Cielo santo. ¿Vas a emplear esa historia?”
“No. Demasiado larga. Es una larga historia, más de cuarenta páginas. Desastrosamente escrita, por cierto.”
“...”
“Lo mires por donde lo mires no es divertida.”
“...”
“...”
“Y ahora, ¿vas a decirme cómo llegaste a saber tanto sobre eso?”
“Saber tanto sobre qué.
“Sobre el vacío de segundo grado. Realmente te sorprendiste porque no tuviera ni idea del vacío de segundo grado.”
“¿Qué quieres que te diga? Soy un hombre mundo.”
“...”
“...”
“¿Te hace un jengibre?”
“No por ahora, pero gracias.”
“Así que quieres que te cuente una historia.”
“Por favor.”
“Tengo una de lo más interesante.”
“Estupendo.”
“Es deprimente, por cierto.”
“Quiero oírla.”
“Tiene que ver con un hombre que sufría un vacío de segundo grado.”
“¿Vacío de segundo grado?”
“Sí.”
“¿De qué va eso?”
“¿No sabes lo que es el vacío de segundo grado?”
“No.”
“Caramba.”
“¿De qué se trata?”
“Bien, una persona vacía de grado dos es primero una persona vacía, a secas. Su inteligencia es mediocre, pero quiere que la gente lo vea como alguien sofisticado. También es mediocre su apariencia, y quiere que la gente lo vea como alguien atractivo. Igual con su sentido del humor, si bien quiere que la gente crea que es ingenioso y divertido. Lo mismo pasa con su talento. Quiere que la gente crea que tiene chispa. Etcétera.”
“Entiendo.”
“Una persona vacía se preocupa de que la gente no lo considere estúpido, o aburrido, o feo, etcétera, etcétera.”
“Lo capto.”
“De modo que una persona vacía de grado dos es una persona vanidosa que también aparenta una auténtica ausencia de vanidad. Que está enormemente preocupada porque la gente no lo considere alguien vacío. Una persona vacía de grado dos permanecerá hasta tarde aprendiendo chistes para parecer alguien divertido y encantador, pero negará que permanezca hasta tarda aprendiendo chistes. O tal vez incluso intente dar la impresión de que él no se considera a sí mismo en absoluto divertido.”
“...”
“Una persona vacía de grado dos se lavará las manos en unos servicios públicos, y será incapaz de resistir la tentación de admirarse en el espejo, de escrutarse a sí mismo, por lo que fingirá que está colocándose unas lentillas o tratando de quitarse algo del ojo mientras se observa, de modo que la gente no lo considere la clase de persona que se maravilla de sí mismo en los espejos, es decir la clase de persona que hace un uso responsable de los espejos, ya sabes, que los emplea para cosas sin importancia.”
“Ya.”
“La historia de hoy tiene que ver con alguien que sufría un vacío de segundo grado relacionado con su apariencia. Alguien obsesionado con su cuerpo, pero también obsesionado por el deseo de que nadie conociera su obsesión. Sencillamente, alguien que se tomó demasiados esfuerzos para esconder a su novia el vacío. ¿He dicho ya que vivía con una chica irresistiblemente hermosa, y que también era encantadora?”
“No.”
“Pues así era: ella estaba locamente enamorada de él, y él la amaba a ella. Y ambos estaban hechos el uno para el otro, aunque él, por supuesto, permanecía en continua tensión, obsesionado, pero también obsesionado por esconder su obsesión.”
“Dios mío.”
“Efectivamente. Hasta que un día en el baño el hombre descubre algo extraño en su pierna, una especie de mancha abultada y gris, y entonces acude al médico y le diagnostican el primer caso de cierta enfermedad que, aunque no es mortal, provoca alteraciones irreversibles en el aspecto, las cuales algún día harán que deje de ser el tipo de persona aparentemente atractiva que es.”
“...”
“A no ser, claro, que consienta someterse a un tratamiento tremendamente caro y complicado, para el cuál tendrá que viajar a Suiza e invertir en él casi todos sus ahorros, los cuales permanecen en un banco y requerirán la firma conjunta de su fantástica novia.”
“Vaya.”
“...”
“Pero él está nervioso ante la idea de que la belleza abandone su cuerpo, ¿no?”
“Bueno, no te olvides de que él está extremadamente nervioso por no ser visto como la clase de hombre nervioso por mantener su belleza. La cosa es que su novia no sepa que es la clase de tipo que gastaría los ahorros de toda una vida y volaría como sea a Suiza solo para evitar convertirse en un monstruo.”
“¿De qué enfermedad se trata? ¿Lepra?”
“Imagino que es algo así como la lepra. Quizá no tan grave. Creo que la lepra puede matar. En cualquier caso, eso no es lo importante. Lo importante aquí es que la idea de que su novia pueda enterarse de su vacío le horroriza tanto que retrasa y retrasa la decisión de volar a Suiza para su tratamiento, y mientras tanto la mancha sigue extendiéndose y la piel de su pierna está volviéndose cada vez más gris, desprendiéndose por capas, y los huesos están hinchándose y deformándose, una situación que intenta esconderse comprando una novedosa prótesis y explicando a su novia que su pierna se ha roto por alguna extraña razón. Su enfermedad, no obstante, está ahora extendiéndose a la otra pierna, y sube hacia el estómago y la espalda, y por tanto sospecho que también afecta a sus genitales, de modo que opta por meterse en la cama y cubrirse de mantas y contar a su novia que por alguna extraña razón está enfermo. En ésas, hace el esfuerzo de comportarse de un modo realmente distante y frío, de mantener las distancias, incluso a pesar de que la presencia de ella resulta una distracción. Llegado este punto, el tipo solo sale de la cama cuando ella está trabajando como dependienta en una tienda de ropa para mujeres, que es como decir que cuando ella se ha largado saldrá de la cama y se pondrá frente al enorme espejo del baño durante horas, observándose a sí mismo horrorizado, aseándose generosamente las escamas grises de su cada vez más retorcido cuerpo.”
“Cielo santo.”
“Y durante días la enfermedad continúa su curso, extendiéndose hacia arriba y alcanzando los brazos y las manos, las cuales trata de esconder apelando a un horrible constipado contagiado por alguna extraña razón, motivo por el cual viste gruesos jerseys y manoplas para esquiar, y empieza a convertirse en un ser cada vez más cruel y asqueroso y ácido hacia su adorable compañera, a la que de ningún modo permite que se acerque, casi como si quisiera sugerirle que ella ha hecho algo realmente horrible que lo enfurece, aunque jamás dirá de qué se trata, hasta que su novia empieza a llorar por las noches, sentada en la taza del váter, y él la oye, y su corazón se rompe porque le ama tanto, aunque él está obsesionado por no convertirse en alguien feo, y por supuesto piensa que si ahora se le ocurriera contarle toda la verdad, no solo ella lo vería como alguien repentinamente feo, sino que además eso explicaría el fraude de la prótesis, los gruesos jerseys y las manoplas para esquiar, y evidentemente él sigue doblemente obsesionado por no revelar su obsesión original. Así que él se vuelve cada vez más mezquino hacia su dulce y preciosa chica que tanto le ama, y de pronto, incluso a pesar de que ella es una chica estupenda y profundamente enamorada, resulta que también es humana y su amor se va a tomar por el culo, poco a poco, en un sencillo gesto de defensa personal, y empieza a comportarse de un modo frío y distanciado, y la relación entre ambos empieza a mermar, lo cual hace que el corazón de él también se rompa. Entre tanto, la enfermedad avanza, ya está en su cuello, ha llegado a la altura del altísimo cuello vuelto de su jersey, e incluso una o dos escamas grises están apareciendo en su nariz. Y una mañana, en el límite del último día en que el tipo puede mantener su deteriorado aspecto escondido de su novia, la mañana posterior a una desastrosa y grave pelea con su chica, él aprovecha que ella está sentada en el baño, llorando, para salir de la cama y abrigarse bien para pillar un taxi que lo lleve a la consulta de su doctor.”
“...”
“Bien. El doctor, como es comprensible, se muestra bastante disgustado porque no lo haya llamado durante todo este tiempo, ¿en qué estaba pensando?, se dice. Y el doctor se manifiesta preocupado sobre el estado de la enfermedad, y entonces echa un vistazo al hombre y examina su lengua y dice que esto solo se resolverá con un novedoso y caro tratamiento que administran en Suiza, y que si se retrasa un segundo más la enfermedad acabará consumiéndolo hasta el punto de volverse irreversible, y aunque él seguirá vivo, se volverá alguien gris y escamado y deformado para siempre. Entonces el doctor mira a su paciente y dice que tiene que salir de la consulta, y recomienda que aproveche ese tiempo para reflexionar sobre su futuro. El doctor piensa que su paciente se ha vuelto loco por no haber elegido ya la opción de Suiza. Así que el hombre enfermo se sienta en la consulta, solo, abrigado de pies a cabeza, con sus manoplas para esquiar a causa de su metaobsesión. Pero finalmente accede a una iluminación, la cual no debe entenderse como sutilmente representada por el rayo de luz que en ese preciso instante rompe de entre las densas nubes que pueblan el cielo ese día e irrumpe a través de la ventana de la consulta y pega en la cara del hombre, aunque en cualquier caso percibe un golpe de inspiración que hace que se plantee que lo más importante del mundo es su maravillosa y adorable novia y el amor que media entre ambos, y eso es lo que verdaderamente importa, así que decide llamarla y contarle toda la verdad y nada más que la verdad, y convencerla para que salga del apartamento y firme la hoja de retirada de sus ahorros de toda una vida, de modo que él pueda salir pitando para Suiza ese mismo día.”
“La virgen.”
“Y la historia termina con el hombre sentado en el despacho del doctor, con el teléfono en sus manoplas, escuchando el tono de la llamada al otro lado de la línea, que suena durante bastantes tonos aunque no durante un lapso de tiempo tan largo como para considerar que está haciendo el ridículo, aunque suficiente como para no tener del todo claro si su novia está o no allí, en el piso de ambos, es decir que duda sobre si ella haya podido largarse, quizá por su propio bien. Y así es como acaba la historia, con el hombre allí y el teléfono sonando en sus manoplas para esquiar, y el rayo de sol que atraviesa la ventana del médico y pega en la cara del enfermo.”
“Cielo santo. ¿Vas a emplear esa historia?”
“No. Demasiado larga. Es una larga historia, más de cuarenta páginas. Desastrosamente escrita, por cierto.”
“...”
“Lo mires por donde lo mires no es divertida.”
“...”
“...”
“Y ahora, ¿vas a decirme cómo llegaste a saber tanto sobre eso?”
“Saber tanto sobre qué.
“Sobre el vacío de segundo grado. Realmente te sorprendiste porque no tuviera ni idea del vacío de segundo grado.”
“¿Qué quieres que te diga? Soy un hombre mundo.”
“...”
“...”
“¿Te hace un jengibre?”
“No por ahora, pero gracias.”
'The Broom of the System', David Foster Wallace, ed. Abacus, pp 22-27. Traducción de AJR.
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