Páginas

domingo 12 de febrero de 2012

El gentil monstruo de Bruselas



A pesar de las sesgadas palabras de Xavier Vidal-Foch acerca del último Enzensberger, El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela, es un mordaz panfleto altamente recomendable acerca de la propaganda, la economía, la postdemocracia, la historia y la gris burocracia bruselense, en el que no hay párrafo que no merezca doble subrayado.
«La crisis actual y su gestión toca el último tabú de las democracias ilustradas, según se definen éstas a sí mismas. Ese tabú es la propia democracia (…) ¿Es posible que la democracia, tal y como aprendimos a conocerla ardua e insuficientemente después de 1945 y tal y como estamos acostumbrados a ella, no pueda funcionar a nivel supranacional? ¿Que, por el contrario, en lugar de proporcionarnos la solución que esperamos con impotencia creciente, constituya ella misma el problema? (…) Es un hecho que todos los que se han asociado en la UE son países democráticos; pero no lo es menos que al hacerlo han perdido, o incluso entregado deliberadamente, algunos estándares democráticos que se habían alcanzado en los Estados nacionales (…) El Tratado de Lisboa ha aportado mejoras con respecto al de Maastricth, pero los retrocesos y déficits político-democráticos no sólo no se han eliminado por completo, sino que algunos de ellos están francamente esculpido en piedra»


ROBERT MENASSE citado por H.M. Enzensberger en El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela.


miércoles 1 de febrero de 2012

CHINA





En el libro de docuficciones de Harold Jaffe titulado 15 Serial Killers, el genocida y Nobel de la Paz Henry Kissinger (1923) aparecía retratado como un personaje asqueroso y pusilánime. Alguien que sufrió las burlas de sus compañeros en Harvard. Un judío que huyó de la persecución nazi junto a su familia en 1938, de temperamento ordinario y afectado por un nada disimulado complejo de superioridad, pero también un playboy. Un playboy y un monstruo político cuya libido sólo parecía estimularse gracias a actividades del tipo bombardear Camboya, liquidar a Allende, asolar Timor Oriental y contribuir al golpe de Chipre. Un rústico capaz de sermonear a Duchamp sobre asuntos de arte, mientras éste se cachondeaba de él silencio. La clase de persona que ha sobrevivido al siglo XXI indemne, recogiendo cientos de miles de dólares por conferencias estúpidas. “Un asesino en serie de proporciones hitlerianas”, decía un personaje de Jaffe. Y justo ahora, el político acaba de publicar en España un grueso volumen titulado China (Debate). Sin perder de vista la postura de Jaffe, China y Kissinger en una misma portada constituyen un acontecimiento editorial en toda regla.


Ernest Lavisse enunciaba a comienzos del siglo XX que «La facultad de conducir la Historia no es una propiedad perpetua», e intuía que «Europa, que la heredó de Asia hace tres milenios, quizá no la conserve para siempre.» Los acontecimientos políticos que vienen sucediéndose desde el siglo pasado parecen apuntar hacia ese ocaso occidental materializado en una serie de intercambios del dominio mundial que coinciden con la rotación de la Tierra: del imperio británico a Estados Unidos —tras décadas de litigio con el socialismo soviético—, siendo ahora China una de las más firmes candidatas a recoger el testigo. En su Reivindicación de la política, el europeísta Javier Solana descartaba el concepto “fin de la historia” para hablar del principio de “otra historia”: “la de un mundo más desoccidentalizado con un centro de gravedad que se desplaza hacia el Pacífico desde el Atlántico”.


jueves 26 de enero de 2012

Fresy Cool (y una recomendación)

Llegó el día. Hoy, 26 de enero, ya pueden encontrar en sus librerías Fresy Cool


Aprovecho la ocasión para hacerles una recomendación absolutamente oportunista: ¡Despidan a esos desgraciados!, el libro en donde Jack Green se dedica a masacrar a los críticos que hicieron papilla la primera novela de William Gaddis. Esta colección de artículos, no obstante, no es tanto una lectura de Los reconocimientos —que lo es— como un manual de instrucciones acerca de las negligencias, vicios y errores que todo buen crítico habría de evitar. Especial atención merecen los capítulos dedicados a los clichés (la extensión, lo ambicioso, la primera novela, la falta de disciplina, la erudición, la dificultad, la compasión y lo negativo). ¡Despidana esos desgraciados! —editado en Alpha Decay, traducido por Rubén Martín y prologado por José Luis Amores— es teoría de la recepción muy macarra. Y muy hilarante. 

Lo dicho: sed buenos. 

sábado 14 de enero de 2012

Mis movidas con 'El lectoespectador'

1. ¿El retorno de La luz nueva? Hasta la llegada de El lectoespectador, sólo había un libro de Vicente Luis Mora que me disgustaba profundamente (y los he leído todos, eh, y algunos hasta releído varias veces). Ése era La luz nueva, por su —a mi juicio— insostenible taxonomía literaria (ya saben: tardomodernidad, posmodernidad y pangea). Con éste ya van dos. Porque cuando hasta la prensa cultural ya ha notado la obsolescencia del término generación nocilla, el grueso de los lectores ya empezaba a entender como singularidades la obra de los autores españoles nacidos en los setenta, escuelas y propósitos literarios aparte, los trolls ya han claudicado en su cruzada contra la paranoia mafiosa, y hasta el propio VLM anunció a bombo y platillo en su blog el distanciamiento sobre estos asuntos, ¿a qué volver a esta idea?
Mientras leía este ensayo pensé que me resultaba muy difícil estar más en desacuerdo con un libro, pero afortunadamente este ensayo aborda varios temas: información, sociología de internet, economía y cultura, y al menos en lo que a Internet se refiere, no diré que discrepe con él. Pueden echar un ojo a la entrevista que firma Daniel Arjona en El Cultural para hacerse una idea de aquellas cosas que me parecen más o menos acertadas en el libro[1].
Como crítica cultural y literaria, no obstante, éste es un libro ofensivo, ya que se trata de una cierta reelaboración y ampliación de La luz nueva (basta echar un ojo a la bibliografía de literatura contemporánea manejada para comprobarlo), y aquél era una ensayo que todo el tiempo daba la sensación de tratarse de una personalísima poética del autor revestida de teoría literaria general[2], lo que en cierto sentido me recuerda a ciertas críticas que en su momento se vertieron contra Postpoesía, en parte por el propio VLM. Por si no había quedado lo bastante claro, aparece citada en un buen puñado de ocasiones Alba Cromm[3]. Claro está, la diferencia aquí se basa en la actitud con que uno aborda la literatura, y el autor parece tomarse la literatura mucho más en serio que yo, en la medida en la que un positivista VLM va descartando herramientas y recursos literarios acordes con una cronología evolucionista de la historia literaria. Lo cual es tope decimonónico. Y eso a pesar de que durante la lectura de este ensayo uno puede ver cómo se le hinchan las carótidas y se enjuga el sudor de las sienes en un esfuerzo titánico por estar «a la altura de su tiempo» y ser absolutamente moderno. Y la verdad es que nuestro mundo es lo suficientemente pluridimensional como para pensar que hay numerosas formas de estar a la altura.



2. Yo vivo en 2012; mi colega, sin en cambio [sic], no conoce a los Lehman Brodas. Hay una frase de Adolf Loos que creo haber leído en los últimos 3 ó 4 últimos libros de VLM, excluyendo su blog. Es ésta de Adolf Loos: «Yo quizá vivo en 1908; mi vecino, sin embargo, hacia 1900; y el de más allá, en 1880». Si la aplicásemos a este libro, podría pensarse que VLM no ha tenido noticias de lo que ha pasado en el mundo desde la caída de Lehman, y un poco antes. Algunos ejemplos:

En los últimos tiempos, y mientras leo novedades literarias en mi trabajo de crítico, advierto un gradual crecimiento de los temas referentes al dinero, el consumo y la sociedad capitalista en las novelas y libros de poemas, antes alejados, en su mayoría, de estas cosas. Los centros comerciales, las hamburguesas, el shopping, las marcas de lujo y el consumismo desenfrenado comienzan a ocupar el espacio que antes tenían las flores, los cines y los atardeceres. (p. 205)

¿Lujo?, ¿consumismo desenfrenado?, ¿cómor?  
Otros comentarios suyos a la economía me recuerdan a la fina denuncia de Ernesto Castro, partiendo de Bauman, hacia ese instante «a partir del cual la teoría se convierte en una retórica cínica que, en su obsesión por interpretar la realidad, es incapaz de posicionarse en el espectro político y, en lugar de responder a la pregunta esencial, a saber, ¿a quién sirve mi discurso?, se dedica a balbucear tecnicismos y a establecer analogías conceptuales» (Contra la posmodernidad, pp. 45-46). Un ejemplo en el libro de VLM:

En resumidas cuentas: la globalización ha convertido al capital en un simulacro, una red planetaria de cifras que circulan en mercados continuos de 24 horas cuyos capitales especulativos, como apuntaba Baudrillard, «no salen para nada de su órbita: se acumulan y se pierden en su propio vacío especulativo». (pp.199-200)

Más:

La única preocupación de los consumidores, la del modo de pago, ha sido solventada por los bancos, siempre despiertos a la hora de ofrecer soluciones de compra que aseguren a sus clientes que serán protegidos en caso de robos cometidos tras dejar el número de sus tarjetas de crédito en sus páginas. ¿Cómo resistirse a comprar? (pp. 159-158)

¿La ÚNICA preocupación de los consumidores? ¿Y cómo que cómo resistirse a comprar? ¡Pues porque no hay dinero, man!

Está más claro que nunca que «la nueva fuente de poder no es el dinero en manos de unos pocos, sino la información en las manos de muchos» (Naisbitt) (p. 30)

Fijémonos en los acontecimientos a escala global sucedidos en 2011, y luego preguntemos sobre información a los cada vez más periodistas en paro. Aparte, no deja de ser divertido leer esta serie de comentarios cuando el autor denuncia que quienes no están en la red corren el riesgo de caer en una «Curiosa uniformidad neoliberal». Vaya, vaya…


3. ¿Son los libros pop-up para niños menores de 1 año el auténtico génesis de la literatura pangeica? #Abstract. Aunque a él le repele este juicio, VLM es para mí, ante todo, un formalista, y prueba de ello es su manía por la renovación de la narratología, de la narrativa y del diseño de la página. Todo basado en la creencia, acaso motivada por la percepción de que existe un canon, del genio singular que de un plumazo barre, tras una nube de napalm tras de sí, todo lo que había antes (para el caso: Danielewski y su House of Leaves). Todo muy siglo veinte. La historia de la literatura como historia de las formas de contar historias, desde la renovación del modernismo frente a lo que él llamaría (glups) el Narrador Omnisciente Decimonónico de Raíz Cristiana[4]. Algunos ejemplos: según él, Los muertos, de Jorge Carrión, es un libro pangeico, entre otros motivos, porque acaba con el narrador omnisciente utilizando lo que la narratología llama modo cámara (¿en serio existe ese concepto en narratología?). Naturalmente, me provoca una pereza inmensa recordar que Los muertos, con sus virtudes, está narrada, como cualquier serie, por un narrador omnisciente decimonónico de raíz, si quieren, chupacirios. Lo mismo con Nocilla Lab y la idea de que se trata de una revolución con respecto a otras obras por incorporar comic y video. Esto es yuxtaposición de lenguajes, no un nuevo uso de los mismos. Salta a la vista. Lo mismo con el elogio a House of Leaves sólo por su condición de artefacto y porque Danielewski diseña textovisualmente la página[5]. Como en un pop-up para niños, pensaba yo todo el rato. 


(House of Bamboo, la primera ficción textovisualmente diseñada del siglo XXI)


4. El tecnófilo que no era maoísta digital. Como le comentaba a Arjona, efectivamente VLM no es un «maoísta digital»[6]. Su ensayo no acepta de manera acrítica la tecnología. Pero su actitud es desquiciadamente tecnófila, en la medida en que todas las preguntas orbitan alrededor de los desafíos que las tecnologías plantean en nuestro tiempo a la cultura. “Muy pocos de los narradores de cierta edad han dado el salto digital”, dice, página tras página, y la pregunta que uno ha de responderle es: ¿y por qué habrían de hacerlo?, ¿y por qué no ocuparse, qué sé yo, del cambio climático, que a lo mejor es más importante que los desafíos de la página en una época de pantallas? Ítem más [comentario absolutamente impresionista]: como nativo digital, El lectoespectador, con su rica cosecha de neologismos, a menudo me recuerda a esas novelas de ciencia ficción que hablaban del año 2000 a partir de ciudades sepultadas en brumas amarillas y conceptos que evocaban aparatosos artilugios acorazados de latón y cobre; cuando no al lenguaje abreviado de los SMS [guiño guiño a La luz nueva; broma más o menos personal]. Ahí quedan el electrotro (el otro electrónico; neologismo que sólo aparece mencionado una —1— vez), la pantpágina, el ciberceptor, la literatura textovisual, la WWWeltanschauung, el mundonuevo, la mímesis simulacral (¿?), el INTwittERNET (me niego a creer que esto sea un chiste errado; debe haber algo más) y, über alles, el lectoespectador.


5. Non Petita. Se preguntarán, como yo vengo haciéndome desde que recibí el ejemplar a comienzos de esta semana, qué interés podría haber en el marronaco que debería traer consigo escribir este post que responde frontalmente a uno de los pesos pesados de la crítica en español en Internet —más aún cuando faltan 12 días para que la primera novelan de un servidor aterrice en las librerías—, que además es alguien que me cae estupendamente (v.br., si revisan los archivos de Ibrahim Berlín en 2007, encontrarán una entrevista de bisoñísimo periodista que le hice para un trabajo de la universidad, y que VLM atendió con gran amabilidad). La respuesta es que estoy convencido de que VLM buscaba ansioso este tipo de reacciones. Como La luz nueva, El lectoespectador es un libro beligerante, muy esforzado en describir la idea de contemporaneidad del autor; una idea de la literatura que no tiene nada que ver con mi comprensión de la misma ni con mi forma de practicarla. El lectoespectador, a su manera, es una importante agresión a buena parte de la literatura actual, y su ánimo es ése, crear debate. VLM, muy perspicaz, lo sabe bien, y por eso ya desde la primera página confiesa que su deseo no es el de llevar razón, sino el de provocar diálogos. En ese caso, su libro es un gran éxito. No hay ningún inconveniente que oponerle ahí. Una vez más, ha conseguido lo que buscaba.



[2] Lo cual pasar por el peor vicio de cualquier crítico. Para mí, el crítico, sin ocultar su inevitable gusto personal, ha de ocuparse de servir como guía al lector, y casar el texto con su público objetivo, antes que intentar la atrocidad de convertir en ciencia la literatura. No.
[3] Juraría que VLM, como yo, no es la clase de crítico que preste gran atención a las declaraciones del autor sobre su propia obra. Así que, ¿por qué rayos iba a interesarme a mí lo que él piense de la suya?
[4] Tampoco voy a ocultar aquí que ésta es otra colisión de creencias; ya expuse en el blog de Luna que a mí ese presunto narrador decimonónico divino me parece muy bien, lo que a VLM seguramente le parece digno de un chupacirios atrasao. Ea. Qué le vamos a hacer. http://lunamiguel.blogspot.com/2012/01/conversacion-marital-alrededor-de-fresy_12.html
[5] Ítem más: «Danielewski pone en solfa la capacidad de la novela para representar el mundo, en un libro sobre la incapacidad de alguien para ver» (p. 84). Topicazo crítico. No sé si soy el único que viene escuchando la idea de «la imposibilidad de representar el mundo» aplicada a todos los hitos literarios del siglo XX.
[6] Es verdad que Lanier mete bastante la gamba en su ensayo titulado Contra el rebaño digital. Pero en muchos asuntos, como por ejemplo la marginalidad de la cultura digital en un entorno de capitalismo financiero, tiene los pies muy clavados en el suelo y la cabeza fijamente atornillada a los hombros. Los peligros de la cultura libre, que son los mayores para el cognitariado contemporáneo, pasan más bien desapercibidos en el ensayo de VLM. Y por eso me sorprendieron estas declaraciones: «Lanier es un excelente técnico que pierde pie cuando teoriza. Espero que a mí me suceda lo contrario.»

miércoles 11 de enero de 2012

Tres escenarios para la revuelta


Hace unas semanas, mi amigo Gil Padrol nos arrastró a mi novia y a mí a una sala de cine a ver They Call It Acid, un documental que repasa el fenómeno del Acid House y sus consecuencias culturales al término de los ochenta en Reino Unido y Estados Unidos. Vista hoy, la imagen que abre la cinta no puede ser más ofensiva: un puñado de jóvenes manifestándose en Londres para defender el derecho (agárrense los machos) a celebrar raves en mitad del campo y fiestacas en sus clubes urbanos, blandiendo pancartas que rezan «Freedom to party», esto es, libertad para el cachondeo. La madre que los parió, a quién se le ocurre manifestarse por ese motivo, pensaba todo el rato desde que vi aquel fotograma de apertura hasta que los créditos empezaron a llover. En ese mismo documental, además de numerosos pinchadiscos con los dientes picados y que no dejan de carcajearse recordando lo bien que se lo pasaban en aquel entonces, aparece un Noel Gallagher encogiéndose de hombros y diciendo algo así como: «sí, bueno, no teníamos trabajo ni mucho que hacer, así que nos íbamos de fiesta. Ea.» Viajar a Ibiza a ponerse hasta las cejas de químicos y bailar acid era la reivindicación de la época. Benditos tiempos.

Los 70 a destajo (RBA), del ínclito Pepe Ribas, fue el último libro que leí en 2011, y sin duda merece estar en el podio de los libros publicados el año pasado. Intrahistoria de la transición, memorias de Barcelona y cotilleo cultural de la época se cruzan en este excelente ejemplar que toma como excusa la trayectoria de la revista Ajoblanco. Por ahí circula ligando en las barras de los bares ilustrados un Félix de Azúa proclamando «la extinción del arte, la muerte de la novela, y las virtudes del análisis dialéctico entre texto y realidad», Quim Monzó frecuentando los bares canallitas del barrio chino, la homosexualidad emergiendo en los subterráneos de Plaza Cataluña, la universidad como foco de resistencia a los estertores del franquismo, Luis Racionero promoviendo la revolución cultural a partir de la cual promover la transformación económica, la revista de Ribas dando voz «a esa juventud que está harta de lo que hay, de la gauche divine, de los Novísimos y de los marxistas», Vázquez Montalbán metiendo la gamba contra el ecosocialismo emergente («había escrito que la ecología era la fórmula de los pequeñoburgueses para eludir la lucha de clases»), y tantos otros. Cuando hasta aquellos que han seguido los pasos del 15-M se mofan de los residuos del hipismo, allá Pepe Ribas nos recuerda una época en la que todavía tenía sentido, California se ofrecía como alternativa a la ajada y novísima París, los Hare Krishna reunían adeptos, y la gente aspiraba a subirse al Magic Bus, «un autobús psicodélico que partía todas las semanas de Amsterdam, atravesaba Europa y cruzaba sin el menor problema las fronteras de Turquía, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán, Cachemira y la India (…) La India representaba el paraíso soñado de quienes buscaban la ruptura con el capitalismo.»

viernes 23 de diciembre de 2011

26.01.12.


FRESY. COOL. (sh#t-hits-the-fan.)

Pleonasmo Chief y sus secuaces les desean un Feliz Año de la Parusía.

26.01.12.

Hasta entonces.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Piensa en verde (sobre ecologismo, propaganda y el anuncio de los cómicos)


Hacía algún tiempo que venía dándole vueltas a la idea de escribir sobre ecologismo, así que la semana pasada, antes o después de presentar Contra la posmodernidad, le pedí a Ernesto Castro bibliografía sobre el asunto, y él me remitió primeramente a la web de Jorge Riechmann. En efecto, me bastó apenas una semana de leer sus apuntes de clase para plantearme seriamente la opción de vegetarianismo. Esto estaba muy bien, pues confirmaba que la literatura aún puede servir para influir directamente en la conducta de los individuos. Sin embargo, algunos pasajes de esos apuntes me provocaron cierta incomodidad, en concreto, aquellos que tratan sobre la felicidad, y que peligrosamente, aun en su elaboración y complejidad, pueden llegar a lindar con un discurso que recuerda al manual de autoayuda, tal vez simplemente por los incómodos conceptos que manejan y su forma de representarlos. Lo cual me hace pensar que se trata de un tanto a favor mío en la interminable discusión que tengo con Ernesto. Él dice: «¡Es la economía, estúpido!»; y yo digo: «sí, pero por encima de eso es la cultura, (¡y el lenguaje!)». Naturalmente, esto es idea de George Lakoff. Lakoff se quejaba, por resumirlo muy brevemente, así: si los rústicos que dirigen las cúpulas republicanas son capaces de atraer para sí a quienes en principio no deberían inclinarse por el voto en rojo, ¿entonces no deberíamos nosotros, que somos más listos y disponemos de mejores ideas, tenerlo más fácil para ganar? Sí, pero para eso hace falta invertir en propaganda, actitudes, lenguaje y subjetividades, decía Lakoff. Y aquí es donde se encuentra el que para mí ha sido y sigue siendo la principal lacra del pensamiento crítico: desprenderse para siempre del cartel del Persona-de-la-que-Todo-el-Mundo-se-Cachondea-en-el-Recreo a causa de a) unos principios demasiado poco elásticos para transgredir ciertas normas que el nihilismo típicamente neoliberal sí puede permitirse, y b) la costumbre de pedir disculpas en lugar de, directamente, asaltar la Bastilla (marxismo sin modales, que diría Ernesto).
Pero de lo que yo quería hablar es del siguiente anuncio que desde hace unas horas, y acompañado siempre de elogios, veo circular en Facebook.


 

En el libro que actualmente estoy traduciendo, el narrador manifiesta su disgusto por Disney: la corporación, no el ratón de Walt. Dice así: «¿qué clase de robot comunista no siente debilidad hacia ese portador de bondad de aguda voz, orejas jodidamente enormes y sonrisa interminable (mi mujer encaja en buena medida con esa descripción, y estoy casado con ella)?» Más o menos es el mismo pensamiento que a uno se le pasa por la cabeza si intenta oponer inconvenientes al anuncio arriba mencionado, que además es un estupendo trucho (esto es, un anuncio que sólo sirve para vender la propia agencia de publicidad y el ingenio de sus creativos, en lugar de la marca; dicho de otro modo, este anuncio es un corto que homenajea a Gila en donde la marca sólo aparece de manera casual y prescindible, y el eslogan que clausura a la pieza es tan general que serviría a cualquier otro producto de consumo), sólo por utilizar la muerte como recurso de venta, nada más desaconsejado en cualquier facultad de publicidad donde Freud siga asomando en los manuales.
«¿Qué clase de robot comunista —se preguntarán— puede ver en ese anuncio un espíritu nacional de trasfondo católico que antepone el fútbol, la merienda y el compadreo a la guerra y los asuntos de la polis?, ¿qué clase de ecoterrorista se atrevería al tirar abajo tamaño homenaje al canon del humor español, aludiendo a la presunta inmoralidad de lo que sus actores quieren vendernos?» Nada. No hay nada que podamos reprochar a los creativos de McCann Erickson. Ellos saben cómo proteger con una guerra de las galaxias la subjetividad que nos quieren vender. Porque un intercambio/ enfrentamiento de subjetividades se parece mucho al juego de piedra, papel o tijera; todas son susceptibles de ser aniquiladas (parodiadas), pero las hay que son más poderosas que las demás. Y mientras la gente de McCann Erickson ha sabido blindar su producto, los ecologistas, al lado de la marca anunciada, seguramente os sigan pareciendo unos insensibles robots comunistas.
Pero si estos publicistas son invencibles a los reproches, ¿qué puede hacer entonces un ecologista frente a este spot? Pues hacer el suyo propio. Imaginad ahora que en lugar de cómicos, el campo donde transcurre la acción estuviera poblado de estabulados cerditos pequeños —tan tiernos y entrañables como los personajes de McCann Erickson— que en su día de suerte han salido a pastar por el campo catalán o castellano. Imaginad que esos cerditos pequeños, en un golpe de nostalgia, memoran la desaparición de su hermano, cuyas patitas ahora deberían exhibirse reluciente y fibrosas en la cocina decorada con motivos navideños de cualquier hogar español. ¿Qué podría unir y hacer felices a esos nostálgicos cerditos estabulados? Tal vez una rica merienda de forrajes. ¿Los cereales transgénicos Monsanto que acabaron con la vida de su hermanito Babe? Exacto. Qué felices son ahora esos cerditos.

jueves 15 de diciembre de 2011

Yo soy yo y mis influencias

"Narrativa actual: Yo soy yo y mis influencias" es el título de la conferencia que el año pasado leí en la Universidad de Valladolid, en el encuentro En construcción… Zona de obras (Jornadas sobre nueva narrativa española y nueva crítica); pueden leerla ahora haciendo clic aquí.

viernes 9 de diciembre de 2011

Presentación de 'Contra la posmodernidad'



Lunes 12 de diciembre. 19.00 horas. La Central de Raval. Eloy Fernández Porta, Ernesto Castro y un servidor estaremos presentando Contra la posmodernidad
Allí nos vemos,