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miércoles, 11 de enero de 2012

Tres escenarios para la revuelta


Hace unas semanas, mi amigo Gil Padrol nos arrastró a mi novia y a mí a una sala de cine a ver They Call It Acid, un documental que repasa el fenómeno del Acid House y sus consecuencias culturales al término de los ochenta en Reino Unido y Estados Unidos. Vista hoy, la imagen que abre la cinta no puede ser más ofensiva: un puñado de jóvenes manifestándose en Londres para defender el derecho (agárrense los machos) a celebrar raves en mitad del campo y fiestacas en sus clubes urbanos, blandiendo pancartas que rezan «Freedom to party», esto es, libertad para el cachondeo. La madre que los parió, a quién se le ocurre manifestarse por ese motivo, pensaba todo el rato desde que vi aquel fotograma de apertura hasta que los créditos empezaron a llover. En ese mismo documental, además de numerosos pinchadiscos con los dientes picados y que no dejan de carcajearse recordando lo bien que se lo pasaban en aquel entonces, aparece un Noel Gallagher encogiéndose de hombros y diciendo algo así como: «sí, bueno, no teníamos trabajo ni mucho que hacer, así que nos íbamos de fiesta. Ea.» Viajar a Ibiza a ponerse hasta las cejas de químicos y bailar acid era la reivindicación de la época. Benditos tiempos.

Los 70 a destajo (RBA), del ínclito Pepe Ribas, fue el último libro que leí en 2011, y sin duda merece estar en el podio de los libros publicados el año pasado. Intrahistoria de la transición, memorias de Barcelona y cotilleo cultural de la época se cruzan en este excelente ejemplar que toma como excusa la trayectoria de la revista Ajoblanco. Por ahí circula ligando en las barras de los bares ilustrados un Félix de Azúa proclamando «la extinción del arte, la muerte de la novela, y las virtudes del análisis dialéctico entre texto y realidad», Quim Monzó frecuentando los bares canallitas del barrio chino, la homosexualidad emergiendo en los subterráneos de Plaza Cataluña, la universidad como foco de resistencia a los estertores del franquismo, Luis Racionero promoviendo la revolución cultural a partir de la cual promover la transformación económica, la revista de Ribas dando voz «a esa juventud que está harta de lo que hay, de la gauche divine, de los Novísimos y de los marxistas», Vázquez Montalbán metiendo la gamba contra el ecosocialismo emergente («había escrito que la ecología era la fórmula de los pequeñoburgueses para eludir la lucha de clases»), y tantos otros. Cuando hasta aquellos que han seguido los pasos del 15-M se mofan de los residuos del hipismo, allá Pepe Ribas nos recuerda una época en la que todavía tenía sentido, California se ofrecía como alternativa a la ajada y novísima París, los Hare Krishna reunían adeptos, y la gente aspiraba a subirse al Magic Bus, «un autobús psicodélico que partía todas las semanas de Amsterdam, atravesaba Europa y cruzaba sin el menor problema las fronteras de Turquía, Irak, Irán, Afganistán, Pakistán, Cachemira y la India (…) La India representaba el paraíso soñado de quienes buscaban la ruptura con el capitalismo.»

5 comentarios:

Anónimo dijo...

good (!)

ESGARRACOLCHAS dijo...

Toda generación cree que tiene algo que contar y encima van y lo cuentan

Nomeko dijo...

Yo me encontré con una rave en pleno Berlín. En la Avenida Karl Marx. Me quedé flipado.
He leído sobre tí en Público. Cosas así dan algo de esperanza a los "nuevos autores".

Ibrahim B. dijo...

Gracias por tu lectura, Nomeko.
Saludos,

Amateur dijo...

Y tanto que merece estar en el podio: ¡cómo que se publicó en 2007!
Saludos