sábado, 1 de septiembre de 2012
La guerra de la información en época de tablets
Kim Dotcom —aun haciendo las cosas a la española, es decir con una idea que dolosamente interfería en los negocios de los demás— demostró con Megaupload que los usuarios estaban dispuestos a desembolsar su dinero por contenidos digitales, intelectuales y creativos, aunque fuese a costa de hacer prevalecer el canal sobre el contenido. Con el tiempo, emprendedores como Daniel Ek —curiosamente, después de haber pasado por µTorrent— optimizarían el vacío de mercado con ideas como Spotify, mientras Jeff Bezos hacía lo suyo después de desarrollar su propio lector de libros electrónicos en Amazon. En ambos casos, el desenlace no admitía ambages: los ciudadanos iban a pagar por productos culturales inmateriales, siempre y cuando el formato se atemperase al medio, y optimizase al máximo las posibilidades en las redes (la radio o la búsqueda de artistas relacionados en el caso de Spotify, o los subrayados y la comunidad de afiliados en Amazon). Ahora bien, ¿qué está pasando con los medios de comunicación?
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