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lunes, 16 de noviembre de 2009

El efecto Axe

La culpa fue del Cha Cha Charada. Adoración chovinista al rey del pop (06.00 a.m., 15/ 11/ 09, Madrid). Porque tus padres te concibieron a la salida de un garito como éste, chaVal. Foto: Luna Miguel.

El índice de fracasos – la probabilidad de no comerse un rosco en una fiesta es directamente proporcional a la superficialidad de las intenciones del agente: “¡Jo, cómo están/ estaban las pibas!”, es la clase de comentarios que uno escucha —a menudo incluso pronunciadas con extraño triunfalismo en cualquier pandilla de perdedores— al pardillo que regresa a casa en el transporte público cuando los graves del bafle y la música de Julio Iglesias dan por concluido el tiempo de partido – al petimetre cuya sutilidad pasa por un conato de caricia para solicitar un cigarro al posible objeto de instrumentalización erótica (el tabaco como herramienta rudimentaria para el ritual del flirt). La clase dominante de la fiesta, responsable de los códigos que rigen el proceso, está en disposición de demandar un capital que las clases bajas, desconocedoras de ese capital cognitivo, no han sabido entender adecuadamente, aun a pesar de su igual disposición a los mensajes audiovisuales: lo que late bajo los cañones de humo y luz no es —no en su totalidad— una carrera hacia clímax fisiológico, tanto como un intercambio razonado de emociones positivas. Del sujeto quebrado que desarrolla un combate contra su sobredosis de anfetamina en el rincón junto a la maquina de tabaco, abrazado a sus rodillas, a esa otra pareja de amantes que disimuladamente escruta de reojo a las restantes y trabaja por la consecución de la máxima distancia negativa posible entre los dos cuerpos permitida por los reglamentos del espacio público en cuestión, pasando por el complejo de castración, el maremágnum de violencia proyectada hacia posibles rivales y el milagro del aislamiento de la esfera con respecto al contexto, la fiesta se convierte en un genuino centrifugado o tormenta emocional sobrehumana que legitima la consciencia de ser amado como el gran mensaje oculto de la sociedad de consumo: «Pienso que la actitud posmoderna es como la del que ama a una mujer muy culta y sabe que no puede decirle 'te amo desesperadamente' porque sabe que ella sabe (y que ella sabe que él sabía) que esas frases ya las ha escrito Liala. La ama en una época en que la inocencia se ha perdido.» (Umberto Eco, Apostillas al Nombre de la Rosa). Como los fallidos intentos de suicidio de Macaulay Culkin en ‘Party Monsters’, como el ex compañero de piso coleccionista de Vogues que reaccionaba contra su presunta superficialidad mediante poemas de fórmula gastada, dentro del aparente vacío posmoderno, el acontecimiento de la conjunción astral rechaza de lleno la sexualidad primitiva (el encuentro sexual sin significado como instrumento de tortura), y merece toda la atención del agente dominante de la fiesta, que sabe que el efecto Axe no es follar, sino algo mucho, mucho más sofisticado.

4 comentarios:

luna dijo...

había olvidado los documentos audiovisuales que posees para afirmar tu teoría.

lo que no entiendo es la cita a Party Monster.




ah!, Julito Iglesias es amor.

Ibrahim B. dijo...

La cosa es que Macauly no significa un tipo carnal y frívolo, no un 'hunter'; antes un grado superior del hombre moderno: (súper)sensiblón ((súper)egocéntrico), y (súper)gozoso de la compañía de su Keoki.

luna dijo...

Con Keoki cualquiera estaría gozoso.

El gotico dijo...

Su blog produce ciclopejia. Esa la primera impresión. Despues añado que su narrativa es confusa y las ideas quedan dispersas. Puede que tuviese muy claro que queria decir -no entraré en si verdades como puños o mierdas como pianos; ni siquiera añadiré esa chuleria que le concede el largo mañana-, pero... no.