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domingo, 21 de agosto de 2011

De fratricidios y monolitos, última estampa de Madrizentro

Las etiquetas existen porque gracias a ellas la gente puede permitirse dejar de pensar. Esta sentencia, extraordinaria, se la escuché recientemente a Carlos Rodríguez Braun a propósito del concepto «neoliberalismo». Rodríguez Braun, por si no lo conocen, y algo me dice que casi ningún lector de este blog lo conocerá, es un profesor de economía que escribe como columnista en Libertad Digital. Básicamente, aquí se encuentra uno de los problemas que ahora sacuden nuestra sociedad: las etiquetas, que obligan a comprender como masas unidimensionales lo que en verdad son sujetos, individuales. Si nuestro siglo empezó con un importante esfuerzo mediático para ajustar el Islam a una religión monolítica, a fin de encontrar la equivalencia con el terrorismo, esta semana Madrid ha sido una performance que, ¿sin quererlo?, está recreando las guerras de religión europeas.

Originalmente, la primera manifestación convocada contra la visita de Ratzinger tenía como objetivo denunciar el dispendio económico y la injusta discriminación política y religiosa llevada a cabo en una ciudad grande y cosmopolita; no era difícil de prever, tampoco, que en el momento en que los JMJ y los manifestantes se encontrasen frente a frente en el espacio público comenzarían a surgir los planteamientos más radicales de unos y de otros. Lo cual era un caldo de cultivo perfecto para la escaramuza desarrollada estos días en Madrid, manifestado en ambas trincheras buscando lo peor del lado contrario. Quienes estábamos contra el gasto en propaganda religiosa —que favorecerá aún más a la derecha— apenas hemos sido para ciertas cabeceras unos troublemakers, buscalíos, provocadores contra los antidisturbios; quienes participaron en las JMJ han sido, como así se ha denunciado en ciertos vídeos e imágenes, unos malos guiris cruzados con hooligans que vinieron aquí para emborracharse y mearse en nuestras fuentes, muy lejos de los dictados de la más rancia ortodoxia y jerarquía eclesiástica. Pero si algo necesitamos contra las etiquetas, eso son los matices.

De la manifestación convocada ayer contra los abusos policiales recuerdo, al menos, dos escenas de provocación personales. La primera, mientras jugábamos al Age of Empires con la policía en las calles cercanas a Sol, vino de una chica que debía tener unos ocho o nueve años menos que yo. Al pasar por nuestro lado dijo en voz alta: «Son pocos y además son unos cobardes». La segunda, cuatro horas después del comienzo de la manifestación en Atocha, fue mientras corríamos por las calles de Colón y Alonso Martínez: «van por ahí, capullos, corred, llegáis tarde a la fiesta». ¿Provoqué yo a los JMJ, más allá de mi descontento original, de orden político? Naturalmente («esas mochilas las he pagado yo con mis impuestos», «tírate [a la gente que nos increpaba desde los balcones], Dios te salva», etcétera). ¿Cuál de los dos frentes comenzó este clima de belicosidad? Ninguno. ¿Era de prever la hostilidad recíproca entre la Policía y nosotros? Supongo que sí, y al menos, afortunadamente, ya ha comenzado la investigación sobre su mal proceder. ¿Podía haberse evitado todo esto? Así hubiese sido, de no haberse permitido la organización de estas jornadas propagandísticas, o de haberlas celebrado de otro modo.

A un solo día de trasladarme a Barcelona, ésta es la postal más triste que jamás he visto de la ciudad. Aun con el gobierno del PP, en estos tres últimos años en los que he vivido en el centro —casi desde el comienzo de la crisis— jamás he comprendido a éste como un espacio politizado hacia ninguna tendencia: de Malasaña a Lavapiés todo parecía trazado en armonía. Lo cual, como es lógico, era virtualmente falso; así lo demuestra el necesario estallido reivindicativo popular del 15M.

Aparte, hay algo extraño en regresar a casa al amanecer, agotado, después de ver cómo los últimos restos de una manifestación terminan con las identificaciones policiales, y después de haber pasado un rato estupendo con colegas, hablando de lo político y lo privado, al comprobar que la ciudad parece un lugar pacífico, pero no.

De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste, era uno de los eslóganes que sonaban mientras subíamos la calle Atocha.

Bye, bye, Madrizentro.

See you in hell.




(Sonando)

20 comentarios:

Jorge Freire dijo...

Estos días, viendo a todos los pudibundos con sus banderitas, me acordé mucho de lo que decía Hastings acerca de la relación entre religión y nacionalismo. Aparte, todos los peregrinitos tan virginales y estetizados y entonando cantos sobre el amor: Madrid bien vale una égloga.

John Satie dijo...

¿Pero es que alguna vez vivimos en una democracia moderna y civilizada? No hay nada peor que un esclavo contento y es ahora que sentimos las cadenas cuando más nos las aprietan.

J. dijo...

Rodríguez Braun es el puto amo. Yo lo escuchaba por las mañanas -cuando madrugaba- en el programa de Herrera en Onda Cero. Era lo que más -lo único- que molaba de ese programa. Pensaba que era de fascistas lo que hacía, por eso. Haha.

Ibrahim B. dijo...

completely agree

Anónimo dijo...

...como decía el eximio poeta... Rubén Darío... o algo así era, no? Joer, J, I, ¡escuchamos lo mismo! Vaya movida!

Ignacio Carcelén dijo...

Me preocupa en lo que pueda quedar en 15M, pero sólo como fallo nuestro. Es cierto que cada vez se nos exigue más compromiso, precisamente porque nuesta voz molesta. Debemos andar unos pasos más, inteligencia nos sobra. ¿Cuánto más? De momento todo el camino, porque cada día es empezar ya que no está siendo entendido.

Clément Cadou dijo...

¿Soros?, ¿Rodríguez Braun? Menudos referentes. Ah, sí, perdón, perdón, olvidaba que el turbo-capitalismo es subversivo y emancipador (tendré que volver a leer €®0$, ay el matiz), por no hablar de las celestiales bendiciones de la trickle-down economics.
Suerte en BCN.

Ibrahim B. dijo...

qué dices?

Clément Cadou dijo...

¿Qué digo? Digo que no me parece que George Soros y Carlos Rodríguez Braun sean buenos referentes (es una opinión subjetiva, claro). Y lo digo por las siguientes razones (te pido disculpas anticipadas por la extensión de mis comentarios):

Con respecto a Soros, cuyo libro divulgativo "El nuevo paradigma de los mercados financieros" citabas hace poco en una entrada como si se tratara de una fuente de autoridad, solamente me gustaría anotar que este tipo "sacó" literalmente a la libra esterlina (nada menos que a la libra esterlina) del sistema monetario europeo en 1992 mediante una maniobra especulativa con la que obtuvo 1.100 millones de dólares. Que este personaje, uno de los mayores especuladores de los 90, se presente a sí mismo como filántropo y hermeneuta de la crisis del capitalismo financiarizado es para descojonarse. Algo parecido ocurre con Warren Buffet y los millonarios de Francia que ahora (ahora!!) solicitan pagar más impuestos. Eh, ya os hemos robado bastante pasta, os queremos dar una migajas, parecen decir. De risa.
(sigue en el siguiente comentario)

Clément Cadou dijo...

Con respecto a Rodríguez Braun, fue en su día un simpático y dicharachero propagandista de las tesis de von Mises, von Hayek, Friedman, Brenan, Buchanan, Tullock y el resto de la alegre y populosa pandilla de economistas de la oferta y monetaristas que abastecieron de fundamento teórico a la contrarrevolución conservadora –perdón por la etiqueta: la "inflexión postkeynesiana" queda tal vez mejor– de los años ochenta en la órbita anglo, revolución expandida como el fuego en todas las economías de capitalismo avanzado a lo largo de las últimas tres décadas, ya naturalizada e interiorizada por la conspicua socialdemocracia "modernizadora" (Blair, Schöder, e tutti quanti)
(sigue en el comentario siguiente)

Clément Cadou dijo...

Quisiera indicar (nada mejor que poner ejemplos) la genealogía ideológica del proyecto de reforma constitucional de ZP (una astracanada que no tiene ni pies ni cabeza). ¿De dónde sale esta propuesta? ¿Cuáles son sus orígenes? La propuesta del pánfilo ZP tiene su origen en las cogitaciones escolásticas de esos aguerridos economistas tan admirados por Rodríguez Braun (firme defensor, por lo demás del sistema de pensiones pinochetista, basado en la plena capitalización) que tanto han contribuido al bienestar mundial. A mí tampoco me gusta la etiqueta "neoliberal" (una simplificación periodística), de modo que especificaré. La propuesta proviene del llamado "constitucionalismo fiscal", temática desarrollada especialmente por la escuela norteamericana de la Public Choice
(sigue en el siguiente comentario)

Clément Cadou dijo...

Simplificando al máximo, la etiqueta "constitucionalismo fiscal" propuesto por los teóricos de la Public Choice (admiradísimos por Rodríguez Baraun, insisto) hace referencia al planteamiento que propugna –tanto en la vía interpretativa como en la perspectiva de los procesos de revisión– un agregado de cambios en el ordenamiento constitucional dirigidos a introducir límites automáticos y/o cuantitativos a las decisiones presupuestarias, a través de la "constitucionalización" de vínculos-objetivo, entre ellos el equilibrio presupuestario, y la incidencia del gasto público respecto al PIB. Cambios a través de los cuales se introducen límites rígidos a la discrecionalidad de la política (ergo de la democracia) al objeto de reducir el campo en el que pueden moverse las decisiones públicas de gasto (digámoslo sin eufemismos: de gasto social)
(sigue en el siguiente comentario)

Clément Cadou dijo...

Alguna bibliografía arqueológica –tan publicitada en su día por el simpático Rodríguez Braun– que tal vez puede ayudar a comprender mucho mejor la crisis que los ensayos expiatorios de Soros:

-J. M. Buchanan y G. Tullock, The Calculus of Consent. Logical Foundations of Constitutional Democracy, University of Michigan Press, 1963 (2ª ed)

-H. G. Brenan y J. M. Buchanan, The Power of Tax. Analytical Foundations of a Fiscal Constitution, Cambridge University Press, 1981.

-H. G. Brenan y J. M. Buchanan, Monopoly in Money and Inflation. The case for a Constitution to discipline Government, The Institute for Economic Affairs, 1981.

-R. E. Wagner, R. D. Tollison, A Rabushsk y T. Noonan jr., Balanced Budgets. Fiscal Responsibility and the Constitution, Cato Institute, 1982.

Clément Cadou dijo...

Estas son las razones por las que Soros y el simpático (lo digo sin ironía alguna) Rodríguez Braun no me parecen dos buenos referentes. Pero, obviamente, cada uno es libre de elegir los suyos.
La referencia a €®0$ era, sí, irónica (el libro me gustó mucho, pero me hace gracia que Fernández Porta saque el demonio del "economicismo" para hablar despectivamente del marxismo y luego cite alegremente a Althusser y a Raymond Williams. Ya sé que el incomprensible estructuralismo de Althusser trató (sin conseguirlo) de alejarse de la ortodocia economicista y que Williams inauguró el materialismo cultural, pero aún así...).
En fin, espero haberme explicado. Como dije hace un rato, buena suerte en BCN.
Saludos

Ibrahim B. dijo...

Emmm. Gracias por la explicación, generosa; algo de la peripecia de Braun y Soros sabía. A Soros lo cité para memorar, si mal no recuerdo, una bajada significativa de los tipos. A Braun ni siquiera lo mencioné para un asunto político, sino para cuestionar el mal proceder de las etiquetas. Creo que en ningún momento dije que ninguno de los dos fuese, actualmente, mis pensadores de referencia o algo parecido.
Por eso no sé a qué venía el chistecillo sobre la liberación del capitalismo y 'Eros'; hasta donde sé, aparte, EFP no es ningún defensor o crítico del capitalismo. Tiene sus matices.

Nos gusten más o menos, esta gente es de obligada lectura. De hecho, frente a todos los economistas, comentaristas y divulgadores que solemos manejar, alguien Braun te dirá:
"¿Liberalismo? ¡Qué neoliberalismo! La crisis es producto de una economía fuertemente intervenida, donde los bancos centrales están todo el día tocando las narices con los tipos arriba y abajo."
Algo de su lógica tiene.

Barcelona está yendo guay, así es ;)

Saludos,


AJ

Jorge Freire dijo...

Ibrah, me parece estupendo que trates de ponderar. Si no tuviese su lógica, no leeríamos artículos como el tan polémico de Innerarity hace unas semanas (que otros discutan si se trata de una "bajada de pantalones" o de una "caída de caballo").

BGF dijo...

Wellcome to Barcelona!

Es la primera vez que comento aquí (y quería comentar en la entrevista a Ernesto Castro pues tenía varios sonoros PEROS; no tenía acceso a internet y ahora no pega) y sólo quería matizarle a Clément Cadou unos cuantos puntos: que la Escuela Austriaca no es en absoluto monetarista, por Zeus; que Mises y Hayek no pertenecen a la misma escuela económica que Friedman (que sí era monetarista) y los otros que menciona; y que Mises y Hayek difícilmente podrían ser considerados como "conservadores", a no ser que hagamos antes un estudio sobre qué significa esta etiqueta. Si conservador es derecha tradicional, Mises y Hayek son muy críticos. Si conservador es estar a favor de lo consuetudinario y supuestamente espontáneo, entonces sí, aunque con muchos matices.


El tema de la Public Choice es diferente. No conviene mezclar este paradigma con el autriaco, pues Buchanan y compañía lo único (y no es poco) que hicieron fue aplicar los supuestos de la economía neoclásica a la profesión política (cosa que no se había hecho hasta el momento, pues se consideraban distintos modelos conductuales según fuera uno "normal" o "empresario").

Por si os interesa, un buen libro de teoría económica austriaca divulgativa aplicada a la situación actual: "Una crisis y cinco errores", del mencionado Braun y de J. R. Rallo. Por supuesto yo soy la primera que es crítica con la escuela austríaca, pero por lo menos no la critico desde una escuela alternativa tan frágil como la mainstream.

Besos y enhorabuena por el blog,

Berta.

Ibrahim B. dijo...

Hey, Berta, muchas gracias por pasarte.

Ojala te animes a comentar la entrevista con EC, je.

Besos ,

AJ

Clément Cadou dijo...

Hola Berta. ¿No te parece una estrategia argumentativa un poco tramposa agarrarte como un clavo ardiendo a una frase (mía) imprecisa, deliberadamente genérica, y, como tal, interpretable de mil formas para tratar de abrumarme con matices –que te agradezco, pero que conozco muy bien– y con discutibles disquisiciones taxonómicas sobre escuelas de pensamiento económico y etiquetas ideológicas? En cualquier caso, estaré encantado de discutir punto por punto tus observaciones.
Saludos cordiales.

Vanity dijo...

Este tipo de reflexiones, basadas en una experiencia propia sosegada, me resultan necesarias para acercarme a la movida que hubo dichos días en Madrid. El espectáculo mediático, el enfrentamiento, el delirio religioso, la mala leche policial. Sin hacer especialmente apología, tu tono frío lo veo más que verosímil. Un crudo recuerdo final de Madrid, salvemos a las islas que todavía quedan, que no deben ser pocas, y bienvenido a Barcelona que, poco a poco, también naufraga, a su manera. La posibilidad de una isla me sigue pareciendo una idea muy atractiva, pero las placas tectónicas en colisión son, muchas veces, el único camino para forjar nuevos territorios. Eso sí, con mapa. Mierda, ¿Es que no puedo hacer un puto comentario sin que aparezca Houellebecq?

Un abrazo,

VD