lunes, 2 de julio de 2012
Ratas muertas en la carrera
Aun sabiendo de lo plenamente inapropiadas que son las imágenes escogidas para ilustrar la situación que nos ocupa, lo cierto es que el trabajador español en activo guarda ciertas similitudes con un hipotético Indiana Jones que cruzara un desfiladero no apto para acrófobos, corriendo como alma que lleva el Diablo sobre un puente colgante que hubiese sido fabricado con palos y cuerdas y que va desarmándose a su paso por él, siendo nuestro pobre Indiana del todo consciente de la elevada probabilidad de resbalarse. Y de palmar. A su vez, la panorámica laboral se da un aire siniestro a esas cámaras de gas instaladas en los campos de exterminio, en donde, con las primeras duchas de Zyklon B, los concentrados se apresuraban en balde hacia las salidas bloqueadas, componiendo junto a ellas una horrible pirámide de cuerpos inanimados. La cosa, en efecto, va de carreras de ratas en donde todas mueren antes de llegar al otro lado del embudo. Pues eso, y no otra cosa, es lo que ocurre cuando se decide aniquilar una economía mediante la obstaculización de la iniciativa privada, al tiempo que terminan de estrangularse las industrias dependientes de las ayudas públicas, y se impide así la reconversión de los trabajadores a puestos más demandados o rentables. O resumido con la célebre máxima de Bertolt Brecht: «La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer.»
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
¿Quién se ha gastado mi parte en vacaciones o en coches? Yo no he olido ni lo uno ni lo otro...
Publicar un comentario en la entrada