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miércoles, 19 de septiembre de 2007

Apéndice a Suspenso en todo II (Examen de Movimientos literarios y análisis de textos en prensa, 17-09-07)

Las universidades no son más que lugares donde está una clase media sin ninguna personalidad (Jack Kerouac en Los vagabundos del Dharma)

Preguntas

1.- Características y crisis del realismo

2.- Estructura temporal en La muerte de Iván Ilich

3.- Estructura en Qué es el público y cómo se le reconoce

4.- Significación del final en Doña Berta

5.- Principio y final en La Peste

Respuestas

1, 2, 3, 4, 5.- A modo de epitafio:

Schopenhauer, que tenía más de una razón para denostar del entorno universitario, considera en su libro póstumo El arte de insultar que exigir que alguien recuerde todo lo que ha leído es como pretender que lleve dentro de sí todo lo que ha comido.

Steiner, en una entrevista a propósito de su libro Lecciones de los maestros, comenta una anécdota en la cual al finalizar un curso una de sus alumnas más aventajadas entró en su despacho, le acusó de enseñar “basura burguesa” y dijo que acompañaría a los doctores descalzos de China para hacer algo bueno por este mundo. Steiner, con auténtico sentido de la elegancia, dijo que “basta con que cada cual viva su pasión”.

Bukowski, en sus últimos diarios titulados El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, esboza una serie de reflexiones en la que se enmarca toda una teoría del lector. En una de ellas Chinaski dice que: “cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente, simplemente no hay más.” En este sentido, es difícil calibrar la tristeza que encierra esta sentencia al revelarse dentro de un supuesto “eterno estudiante”, término con el que Zadie Smith definió la actitud del escritor.

3 comentarios:

M dijo...

Estoy de acuerdo en todo.
Precisamente por no ir a clase en toda la carrera (y aún me uqeda para terminarla) he sido capaz de terminar casi dos libros.

¿No hay un manual de torturas para el catedrático muerdemangos?

Menos mal que aún nome he cogido crítica literaria, porque seguro que me peleaba con el docente topo o urogallo.

R. Aguirre dijo...

No estoy de acuerdo con Bukowski en lo de que "puede" llegar un momento en el que ya hayamos leído todo lo interesante o importante en literatura; puesto que siempre aparecen nuevas lecturas, tendencias, innovaciones o simplemente historias que aportan y engrandecen el arte de la literatura... Estoy de acuerdo (y es muy interesante), la idea de Zadie Smith de que continuamente podemos aprender de todo. Tanto de libros, películas, música... etc. Pienso que el verdadero escritor ha de ser muy inquieto culturalmente hablando y activo en esta vida que vivimos.

Ibrahím Berlín dijo...

Dado que soy excesivamente joven y poco reputado como para ponerme de ejemplo a mí mismo, continuaré citando a otros autores que engorden mi hipótesis sobre el canon personal, más o menos expuesta ya en los ensayos sobre el relativismo de la crítica. Sé, además, que os pone calientes que cite como si fuera uno de esos catedráticos a los que le chisto —o Leopoldo María Panero, que, según el prólogo de Un agujero llamado Nevermore, tiende a citar MAL.

La cosa es que no me parecen nada casuales las declaraciones de Bukowski en el clímax de su madurez o, hablando en plata, poco antes de diñarla. El mismo George Steiner —que tampoco es que tenga los diecinueve años del servidor— en la misma entrevista, admitió que no pasaba una semana sin releer a Dante, Proust o Hölderlin. De la misma manera, cuando Borges dice que hay que releer más y leer menos, da a entender lo mismo que Steiner (no recuerdo dónde diablos he leído esta idea, pero prometo que es de Borges). Igualmente, Roberto Bolaño, que desayunaba poemarios, comía novelas y cenaba relatos cortos, siempre tendía a citar a los mismos autores referenciales en sus ensayos y conferencias. Estos autores, por cierto, se pueden contar con los dedos de las manos y de los pies.

Más aún, sucede que a veces conseguimos, bajo algún mal fario, encabalgar decenas de libros patéticos o que simplemente no nos satisfacen. Es entonces cuando decidimos que habría que hacer algo en lugar de leer nuevos libros; algo como escuchar a Marais —los más sibaritas— o Violadores del Verso y Noyau Dur, los que nos conformamos con otra clase de sensaciones musicales. Ya lo dijo Schopenhauer también en El arte de insultar: «Qué bueno sería comprar libros si junto con ellos se pudiera comprar el tiempo para leerlo! Pero casi siempre se confunde la compra de libros con la adquisición de su contenido.»

En cuanto a nuestra amiga Smith, tengamos en cuenta que la escritora es una jovenzuela aún.

Abrazos, amigos.