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domingo, 6 de diciembre de 2009

El animal monógamo

[...] intentar dormir con una chica distinta todas las noches durante dos meses seguidos (acumulé un total de treinta y seis en sesenta y una noches y además pillé clamidia, hecho que les mencioné a mis amigos, fingiendo que estaba avergonzado pero confiando en secreto que la mayoría de ellos se quedaran impresionados —y pese a que se escudaron detrás de hacer bromas a mi costa, creo que lo estuvieron—, pero en su mayor parte aquellos dos meses únicamente me hicieron sentirme vacío y depredador, además dormí poquísimo y en el trabajo estaba hecho un asco; aquella fue también la época en que probé la cocaína).

“El neón de siempre”, David Foster Wallace

Yuppie: dícese del mozo de labranza que socialmente ha llegado a leerse como sujeto sofisticado. Como el individuo que considera que el obsceno número de decibelios que el equipo de sonido de su vehículo puede llegar a alcanzar será asociado de manera directamente proporcional con su hombría, el yuppie, icono de los 90, entiende el concepto de cantidad como sinónimo de virtud: a más mujeres, mejor. El yuppie, así como el modelo de persona/ personaje que participa en el libertinaje postsesentayochista, es —presuntamente— un progresista, «pues el libertino, en el primer sentido del término, designa al liberto que no pone nada por encima de su libertad» (Michel Onfray, ‘Teoría del cuerpo enamorado’). Y cómo no, semejante complejidad necesariamente ha de evolucionar paralela al conflicto[1], que en este caso —el libertinaje— adquiere forma de círculo vicioso: «siempre he estado muy dividida entre mis ganas de ser independiente y mi necesidad de afecto», dice una brillante Patricia de Souza en ‘Erótika’: He aquí la clave.

Por alguna razón, probablemente relacionada con la asunción reglada del conflicto, el libertinaje, elevado a categoría estética normalizada, tiende a ser la ideología emocional imperante en la mayor parte de las ficciones a las que me someto, en lo que puede llegar a ser algo así como una falla en la verosimilitud de la ficción. Esto es, independientemente de lo que uno creería al someterse a ciertas ficciones o ensayos sociológicos, la monogamia —aunque, actualmente, ‘seriada’— sigue siendo la forma más común de asumir las relaciones amorosas, de lo que se deduce que la voluntad moderna apunta más a la permanencia que al caos que describen personajes como el de Wallace, Souza, y tantos otros. Lo apuntábamos en la reciente entrada titulada “El efecto Axe”: no es el sexo lo que rige la conducta actual, tanto como experimentar la percepción (más o menos narcisista, si bien incorregible) de saberse amado. El problema descansa entonces en que nuestro acervo ha presentado a los animales monógamos bajo un manto de descrédito: El animal monógamo tiene voz aflautada y habla en diminutivo. Su capacidad cognitiva se mimetiza con los anuncios de compresas. Es un pupas, un mo-ña-zas. Anualmente se constipa un mayor número de veces que el resto de ciudadanos. La clase de persona que llama mamá a su vieja. Ni Marlboro ni Lucky: fuma Nobel. Y además escucha Vetusta Morla. Ergo, habida cuenta de que el animal monógamo aún no es contemplado por la teoría Queer o el catálogo de especies en vías de extinción de WWF Adena, se me ocurre que tal vez vaya siendo hora de plantear, desde los estudios culturales o la literatura, la nueva identidad del sujeto en cuestión en oposición al atormentado libertino. O qué. Eh.


El animal monógamo arma la JARY allá donde pasea

[1] Sobre esta cuestión: «Soy una de las personas más exentas de este sentimiento [la tristeza]; y ni me agrada ni lo estimo, aunque sea moneda corriente que el mundo haya dado en honrarlo con particular favor. Adornan con él la sabiduría, la virtud y la conciencia; necio y monstruoso ornamento. Los italianos han bautizado más apropiadamente con su nombre a la maldad; pues es cualidad siempre dañina, siempre loca; y en tanto que cobarde y baja, los estoicos la prohíben a sus sabios.» (Montaigne, Ensayos I)

«No me haga parecer un pesimista. No desprecio al mundo. Mostrar desprecio al mundo es sólo una forma de adularlo para obtener reconocimiento y fama. No, no soy pesimista, no mientras tenga a mis hijos, mi esposa y mis flores.» (Sigmund Freud, citado por Jesús González Requena en el debate ‘El legado de Freud’, CBA, recogido en ‘Minerva’)

«El poeta, que vive de la tristeza» (Nabokov, ‘Poemas desde el exilio’)

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdad, Ibrahím, con un montón de novelas uno no puede si no exclamar: ¡Joder, cómo folla la peña!

Y sí, quizás, la primea cuestión de la reducción erótica(Marion), tanto en los bares de copas como en las alcobas, siga siendo la pregunta fundamental.

¿Se me requiere?

Saludos.
Oche

Javier Calvo dijo...

tío aumenta el tamaño de letra que nos vas a dejar ciegos

Ibrahim B. dijo...

"Los libros se publican con caracteres cada vez más pequeños. Imagino el fin de la literatura: poco a poco, sin que nadie se dé cuenta, los caracteres disminuirán hasta hacerse completamente invisibles" (Kundera, 'El arte de la novela')

De verdad que estamos trabajando en un nuevo formato.

luna dijo...

A mi me gusta tu Formato.

Ibrahim B. dijo...

Y por cierto, Oche (y compañía), revisando anotaciones de libros encuentro una que resume bastante la idea que esta entrada cuestiona:

«Nadie se casa a los veinticinco y está con su pareja hasta los setenta a no ser que tengan una imaginación deficiente.» (Hanif Kureishi, Algo que contarte)

He aquí otra manifestación de la ideología emocional contenida en una gran parte de la literatura contemporánea.

Saludos,

luna dijo...

Me diste a conocer: "Tentativa de celos".

Anónimo dijo...

También se puede decir lo contrario, que para mantener el amor durante tanto tiempo (más de lo que dicen que dura, más de tres años) uno debe albergar una imaginación inacabable.

Oche.

Ibrahim B. dijo...

Acabas de ser reclutado por la milicia turca para liderar la marcha que pondrá patas arriba la educación sentimental de Occidente mediante el exterminio del provincialismo cuantitativo yuppie y derivados de la liberación sexual durante la próxima manifestación del Día del Orgullo Monógamo, Oche.



Bien bien. Muy bien.

Anónimo dijo...

¡A por ellos!

Patricia De Souza dijo...

Ibrahin, creo que la libertad es una idea compleja, y que las mujeres nos la planteamos con mucho más conflicto por la presión social. De ahí que el pensamiento libertino me seduzca por su osadía y su deseo de desafiar los códigos sociales. Un Sade escribiendo en su buhardilla, me conmueve, como Catherine Millet, dispuesta a revelar toda su intimidad...

Ibrahim B. dijo...

Hora de ponerse serios.



Por el momento eludo comentarios a propósito de la identidad femenina en 'Erótika'. Solo adelanto que el libro me pareció estupendo (próximamente aparecerá un artículo mío a propósito) y que la cita empleada en el post resume de manera excelente el loop del conflicto que, sospecho, sobrevuela la dinámica de las relaciones seriadas.

Resumo mi actitud a partir de una cita de Sloterdijk en 'El desprecio de las masas': «No se puede pasar por alto que la historia de la edad Moderna representa una serie de rebeliones de grupos, otrora aparentemente poco interesantes, contra el desprecio o la falta de aprecio. Así, por ejemplo, la esencia—o mejor dicho, el guión—de la historia social más reciente va a quedar definido por una serie de campañas encaminadas a la institucionalización de la autoestima, en la que nuevos colectivos una y otra vez se atreven a poner sobre el tapete sus propias exigencias de reconocimiento.»

Sin menoscabar la opción libertina, mi percepción en lo que se refiere a la construcción de las identidades de género y sexuales, es que al menos en literatura, lo queer, lo -en determinados ámbitos de lo social- marginal, han sido protagonistas indiscutibles en los últimos tiempos. Y mi pregunta: ¿quién se ocupa de la lectura de la identidad masculina en una época postfeminista? ¿Es cierto que, según reflejan ciertas obras que de un modo u otro abordan las relaciones y la sexualidad en la contemporaneidad ('Providence', Houellebecq, Beigbeder,'Desgracia', "El neón de siempre", 'El animal moribundo', 'Erótika', etc, etc), ese libertinaje se haya institucionalizado?
Agrego: el conflicto, intuyo, descansa en que la propuesta de estas cuestiones corre a nivel inconsciente paralelo a una concepción de la sexualidad próxima a un Viejo Orden (algo así como: monogamia = Dios, Patria y Amo). Entiendo que el desafío pasa por entonces acabar con esa significación.


Saludos,

Anónimo dijo...

Me encantará leerlo, Ibrahim, y no suelo ser tan seria, o sí??

Mnnnnnn....

carlos maiques dijo...

«Nadie se casa a los veinticinco y está con su pareja hasta los setenta a no ser que tengan una imaginación deficiente.» (Hanif Kureishi, Algo que contarte)

John Peel, preguntado por el New Musical Express sobre quíén era la persona que más importancia había tenido en su vida. Se trataba de una consulta realizada a músicos, todos ellos respondiendo con nombres de músicos, grupos, canciones, etc. (Elvis, Spacemen 3, Another Girl, Another Planet...), algunas excepciones como Mark E. Smith, algunos psiconautas de diferentes generaciones y tecnologías, a su vez músicos, Thom Yorke, que citó a Chomsky, y Peel que dijo:”Mi mujer, porque es como The Fall; siempre es igual y siempre es diferente”. Para mí eso es imaginación, y una declaración de un proceso de ordenación al tiempo (un edificio conceptual, cómo no). Otra cosa es pensar que eso es una superestructura que necesita ser readjetivada de otro modo,queer, postfeminista u otro caso (y habrá quien diga que no existe posfeminismo, a menos que sea acotado casi arbitrariamente en fechas limítrofes) mientras no deja de golpear, pero, en fin, qué le vamos a hacer. Uh saludo y hasta otra. Vienes fuerte del puente, parece.