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sábado, 10 de abril de 2010

‘Alba Cromm’: ¿Quién vigila a los narradores?


Each of the six chapters in which V. appears as a human being is narrated in a different way, a tactic which strongly implies an attempt to explore diverse literary methods of discovering and communicating knowledge. A number of questions immediately arise.
Who, for example, is the narrator of each chapter? What are Stencil’s sources of information? How reliable are they? How reliable is Stencil himself? A close examination of narrative strategy, plot, and point of view in these chapters is essential for understanding the extent to which such issues inform the structure of the entire work.

Richard Paterson, “What Stencil Knew: Structure and Certitude in Pynchon’s V.”, en Critical Essays on Thomas Pynchon, Richard Pearce (ed.)

Es probable que una de las preguntas más frecuentes en la literatura del último medio siglo sea la justificación y la credibilidad del narrador, quizá hasta convertirse en un cliché no ya solo de la narrativa sino también de la crítica, en lo que constituye una estrategia de acoso y derribo al paradigma realista decimonónico. ¿Los antecedentes? Cervantes ya puso en tela de juicio la credibilidad de la historia mediante el recurso de los narradores empotrados. Sterne, icono de la metalepsis, nos anticipó en un par de siglos a la ruptura modernista. Paralela al realismo, la ficción gótica del xix contaba a su favor con una serie de artefactos narrativos mediante los cuales dudar de la realidad de la historia fantástica (Cumbres borrascosas, El caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Frankenstein...). Ya en la posmodernidad, la literatura ha amplificado esta denuncia al engaño realista a través de los narradores dudosos, psíquicos, deicidas, alternativos... Ahí tenemos el capítulo tres de V., la crisis epistémica de finales de los sesenta, el giro lingüístico de la desaparición del significante (Ricoeur), los metateoremas narrativos de Gass, Barth, Nabokov..., el tour de force en autores como Douglas Coupland o David Foster Wallace, etcétera. Concretamente en España, los últimos cinco años han sido un hervidero de ficciones y artefactos anti-realistas: desde los relatos informáticos de Javier Moreno, que recurre al troyano como narrador omnisciente (Atractores extraños), Noevi o el canal de televisión en los dos últimos libros narrativos de Manuel Vilas, la publicación periódica en Cero Absoluto (Javier Fernández), el relato biográfico a partir de búsquedas en Google en Crónica de viaje (Jorge Carrión), y, ahora, Alba Cromm. Explicar esa omnisciencia —mejor, el mosaico de voces y fragmentos— lleva a su autor a enmarcar la historia como reportaje de investigación firmado por Luis Ramírez, «primer reportero español galardonado con el prestigioso premio Pulitzer», publicado en la revista masculina Upman.

*

Para los lectores familiarizados con la obra de Vicente Luis Mora, Alba Cromm es, en parte, evolución lógica de los fundamentos que definieron su narrativa en libros como Subterráneos (habida cuenta de la interés hacia la justificación del narrador) y Circular. Sigue vigente en Alba Cromm esa pulsión anti-falsacionista con que avalar la hipótesis estética del autor, en el momento en que trata de racionalizar por qué la narración solo podría haber sido expuesta del modo elegido (véanse las “Notas para entrar en el infierno”, pp. 19-24); los microrrelatos encubiertos, la radiografía de los lugares comunes presentes en la educación sentimental de la época (como el regreso al mito de “El curioso impertinente” en la entrada del diario de Alba Cromm en la página 82, o el maquiavélico ejercicio de la seducción como arte del fingimiento, que remite al Ars amandi de Ovidio), la versatilidad dialógica (small talk, monólogos, chats —algunos de los cuales, desarrollados entre el pederasta y la niña, recuerdan a Click, de Javier Moreno—...), la intersección de géneros, los ecos a la distopía futurista (véase por ejemplo el anuncio de la página 65, que remite a la novela Morthotel, de Alberto Gismera; guiño que más tarde aclarará en una nota a pie), los chistes más o menos prescindibles (“Entrevista con Bigfoot”)...

Sea como fuere, pienso que el rasgo más representativo que señala Alba Cromm es el agotamiento del agotamiento de la trama en nuestra literatura actual, entendida esta forma de asumir la novela como realista-mimética en tanto que no existe una estructura argumental tripartita —planteamiento, nudo, desenlace— en la experiencia del individuo (piénsese en la explicación de Vonnegut sobre la función de la trama). La ficción de nuestro autor es especialmente brillante en su último tercio, precisamente por el dominio de las técnicas del suspense, a lo que hemos de sumar la poderosa psicología que Mora inocula a sus personajes, rasgo solo factible en un relato de larga distancia como éste.

En una de las páginas de Upman comenta un tal V. L. Vargas Llosa que: «No hay libro perfecto. Después de seis decenios dejándome dioptrías sobre los clásicos, he llegado a una extraña conclusión: la de la Literatura es una historia que recuenta obras imperfectas. El libro perfecto no existe. El Quijote es heterogéneo, La montaña mágica disperso, Hamlet demasiado vehemente, La Odisea repetitiva, Rayuela subordinada a la sorpresa, El tambor de hojalata metálico, La Divina Comedia con prosa, Madame Bovary muy francesa, Los Sueños poco franceses, el Ulysses hermético, The Waste Land lastrado de influencias, el Orlando furioso, la Recherche indigesta, Finnegan’s original en exceso, y así hasta el infinito.»

Es probable que si preguntásemos por las posibles impurezas de Alba Cromm, V. L. Vargas Llosa hablase de influencias cortazarianas por el condicionamiento radical a la sorpresa (entendiendo como punto de giro ese acontecimiento crucial que en el desarrollo de la acción consigue cambiar todas las relaciones de los personajes, Mora —ATENCIÓN: SPOILERS— lleva a cabo un genial vuelco en la última palabra de su novela). Alba Cromm, pues, tiene forma de aleph. Y es en ese centro deslumbrante donde uno comprende ciertos hilos que uno daba ya por perdidos, como el hecho de que el presente reportaje sobre el caso Cromm haya aparecido en una revista de hombres dedicada a reivindicar el papel de estos en una sociedad postfeminista. Es en ese aleph donde terminan de converger las dos tramas de la novela: la persecución de Nemo y el concurso planteado por Jehová Lesmer. Algo así como el ángulo adonde van a parar las dos aristas que componen una V. Pynchon. Ya saben...

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues a mí me ha parecido que los rasgos psicológicos de los personajes masculinos, sobre todo de Ezequiel, se los tenía que inventar el lector.

Un saludo,

Oche

Alvy Singer dijo...

Yo también creo que el artículo de Llosa, titulado de modo hilarante Parrafazos, es imprescindible, Antonio. El chiste de Bigfoot, no obstante, es tan imprescindible como la aparición de los sistemas de propulsión Yoyodyne o ciertos cameos hilarantes en Mason & Dixon....

Anónimo dijo...

A mí la novela me ha parecido bastante regularcilla.
1. la trama es floja, y hay demasiados fragmentos que no van a ninguna parte, que no suman y, en sí mismos, tampoco aportan nada. Reconozco que el golpe de efecto del final no está mal, pero bueno, es un final "sorpresa" más de cuento que de novela... De hecho me parece un cuento con capítulos-paja para que se pueda publicar como novela.
2. la prosa no tiene esa poesía, o al menos creación de ambiente personal, de otros narradores de su generación.
3. no innova tanto como promete. Ni el narrador es nada que no hayamos visto mil veces ni el formato (revista masculina) tampoco, aún en caso de que siguiera el esquema de una revista. El formato me parece sólo una excusa, porque si es una revista masculina que lo sea, que no diga q es una revista masculina q en ese número será como una novela. Joder, es muy tramposa la cosa.
4. el lenguaje de alba imitando a un niña del s.XXI roza el absurdo. Sólo alguien cercano a los 40 cree que una niña de hoy en día diría hipermegachachi y otras cosas por el estilo. El argot es totalmente diferente al de hace veinte años.
5. se lee rápido, eso sí.

Esperaba más de un crítico tan acertado como Mora.

luna dijo...

Se lee rápido, sí, porque engancha desde el principio. A mí me ha entretenido mucho. Me he enamorado de algunos de los personajes. Quizá lo que me canse sea la estética blog o algunos de los fragmentos a los que no les he encontrado sentido. (Puede que no lo tengan, y si es así, me entorpecen la lectura). Pero las últimas 90 páginas y el final me parecen geniales.


(Como el título de este post, hihi).

Anónimo dijo...

Me gusta esta crítica. En general coincido con ella pero echo de menos algún comentario sobre la parte virtual de la novela. Os recomiendo que hagáis una búsqueda de los enlaces que aparecen a lo largo del libro. Aporta una sensación distinta a la de la lectura, que te hace salir del libro y transforma la historia en algo mucho más real. De cualquier modo es un camino opcional y paralelo a la novela, a la manera los cuadernos de Morelli en Rayuela, pero en versión siglo XXI. En definitiva, un gran trabajo.

Nacho Montoto dijo...

Nueva entrega de VLM que, como es habitual en él, no dejará indiferente al lector, muy buena reseñana Ibrahím, muy buen apunte Sr. Singer, lo mejor, el alter ego de VLM, Nautilus, claro.

Sandy dijo...

El último "anónimo" ¡es Vicente!

jajajajaja ¡OBVIO!

Ibrahim B. dijo...

¿Y eso por qué?

Que yo sepa, el comentario no proviene de EE UU.

Anónimo dijo...

No he podido leer todavía “Alba Croom” y tengo muchísimas ganas, pero me parece muy acertada la identificación de esa tendencia y de ese cliché, que creo que afecta a una parte, pequeña pero relevante, de la narrativa española.

Es verdad que se identifica la omnisciencia con el paradigma literario decimonónico, y algunos autores y críticos han presentado las formas novelescas que citas como un programa de renovación respecto a aquella. Pero también es verdad que esta nueva corriente que niega la posibilidad a de un narrador omnisciente en literatura, suele también celebrar y exaltar el lenguaje cinematográfico y televisivo, que en cantidad abrumadora se decanta por formas que buscan la inmersión en la ficción, trabajando muy duro para eliminar cualquier tara que evidencie el artificio. Desde mi punto de vista, el mismo programa que considera estético desvelar al narrador, se siente muy atraído por un lenguaje (el de las series de TV y la inmensa mayoría de las películas), que continua funcionando según las reglas de la omniscencia (el famoso micrófono que se cuela en el plano, como parodia mil veces repetida del “error” inadmisible). La pregunta sería, ¿por qué en el cine sí y en la literatura no? Hay muchos cinestas que denuncian el artificio (desde Andy Warhol a Carlos Saura) escasamente reivindicados desde las mismas bases que anuncian un cambio en la sensibilidad del lector, supuesto demandante de un “nuevo realismo”. No creo que haya nada malo en defender una cosa en el cine y en la literatura otra. Pero creo que la comparación con el cine demuestra que esa sensibildiad no ha cambiado en lo absoluto y que lo de la literatura española actual es una corriente arbitraria, una corriente que sucede porque sí, igual que en los 80’ se llevaban las hombreras y en los 90… ¿qué demonios se llevaba en los 90´? Y lo digo desde el máximo respeto a las modas. Las modas son necesarias. Y existen. Un saludo. Espigado. (firmo el comentario porque entro desde una proxi pirata y sale anónimo).

Ibrahim B. dijo...

Hey, Espigado, qué bien tenerte por aquí. Es muy interesante la relación que haces entre la huida del paradigma decimonónico y la vinculación con el fenómeno cinematográfico.

Se me olvidó mencionar en el post el caso de 'El Esposo Divino', de Francisco Goldman. Una novela de 700 páginas -brillante, en cualquier caso- que dedica las 100 últimas a justificar la omnisciencia del narrador.

Abrazos,

Oche Zamora dijo...

Al hilo de lo apuntado en los dos últimos comentarios: es curioso que en "Los muertos" cuando nos sumergimos en la historia gracias a un narrador omnisciente, lo que estemos leyendo sea, en realidad, una serie de televisión.

Saludos,

Oche

P.D: No sé qué giros dará la novela, aún voy por la segunda temporada.

Ibrahim B. dijo...

En el clavo, Oche.

Abrazos,

Anónimo dijo...

Estaba buscando otra cosa en msn y di con tu sitio.Por cierto muy buenos articulos
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Anónimo dijo...

Muy buen post, estoy casi 100% de acuerdo contigo :)

Anónimo dijo...

Saludos, muy interesante el post, espero que sigas actualizandolo!