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domingo, 11 de septiembre de 2011

Percival Everett y la experiencia postracial



Edward Said denunciaba en su Orientalismo que Oriente sirvió a Europa, en parte, para definir su experiencia y personalidad por oposición: «Oriente no es puramente imaginario. Oriente es una parte integrante de la civilización y de la cultural material europea.» Aunque, en verdad, este mismo argumento puede ser utilizado con resultados positivos. Lo que es igual: cuando el espectador se asoma a tradiciones culturales que le son ajenas, aprende del Otro tanto como de sí mismo. Y he aquí la incógnita principal que despierta en el lector español la aparición de X, que obliga a preguntarse cómo leer una novela —llamémosla así— post-racial, que en verdad parodia toda una tradición literaria (inédita en nuestro país) sobre la experiencia de ser negro en EE.UU., que a su vez es una crítica sobre lo que el caucásico, a ambos lados del Atlántico, espera de un autor afroamericano como Percival Everett.
Thelonius Ellison, el narrador protagonista de X, es, al igual que Everett, escritor y profesor universitario. Mientras escribe una novela fragmentaria, Ellison, además, narra sus enemistades con ciertos sectores académicos; se burla de los autores experimentales que sobreviven a los años sesenta publicitándose los unos a los otros, y admite el odio que él mismo genera en la Sociedad de Estudios del Nouveau Roman. «Por un par de razones: una, porque hacía dos años que había publicado una novela realista con la que había cosechado cierto éxito; y dos, porque en las entrevistas que me hacían en prensa o radio no me callaba la opinión que su obra me merecía.» Hasta tal punto es así que llega a recibir amenazas de muerte del tipo «te mataré, palurdo mimético».
Agotado de su situación laboral y de la recepción que su obra ha merecido, Ellison se lanza entonces a la escritura de un libro que él mismo aborrecerá. Bajo el título de Porculo, Stagg R. Leigh, seudónimo de Ellison, narra en primera persona —y con una dudosa ortografía— la peripecia en el gueto de Van Go Jenkins, cuya única dedicación parece ser la de hacer hijos. Van Go Jenkins es la clase de persona que sueña con islas, «todo lleno de tías buenas, las zorras, qué culo, y no llevan nada, solo unas tiritas a media teta. Pienso en lo buenas que están, las guarras, y en que mas las voy a tirar a todas». Falsamente, recurriendo al máximo posible de prejuicios, Porculo habría de albergar el germen y la verdadera historia de la experiencia negra en América. Y así, tras las gestiones pertinentes del agente de Ellison, Porculo se convierte en la novela que más dinero reportará a su autor, si bien Ellison no puede sino avergonzarse por ello.
Porculo, que se extiende aproximadamente sobre una cuarta parte de X, posiblemente sea la sección más divertida del libro, lo cual pasa por el gran mérito de Everett, a saber, forzar a sus lectores a experimentar un placer culpable, una diversión que se obtiene de un relato atroz completamente inverosímil, basado de un personaje descabellado y maligno que resiste en un escenario de videoclip de gangsta rap. Con todo, Porculo pasa a ser un éxito de la crítica, avalado por cabeceras como el New York Times, que llega a decir: «Se parece más a las noticias de la noche. El gueto vive entre estas páginas; en ellas, el autor nos permite vislumbrar la experiencia de la calle, y por ello debemos estarle inmensamente agradecidos.» Caucásicos que gritan a los negros: «¡Dadnos Porculo!», se convierte, entonces, en el desasosegante corolario post-racial con que Everett nos complace. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Un puto calvario. Decírmelo a mí.

Ignacio Carcelén dijo...

No me hice la idea de lo que representa ser negro hasta que recientemente he compartido piso con una dominicana, no hay falso romaticismo, son muy conscientes, y no imaginamos lo que hacen por parecerse e integrarse. En España no existe un numeroso grupo de color, quizá eso les hace más débiles. Aunque esté de su parte, no puedo imaginar que sienten, voy aprendiendo poco a poco.