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domingo, 30 de septiembre de 2007

La calle es más incómoda para dos amantes

Ahí los tienes: dos aspirantes a ricos, a jodidamente ricos; podridos de pasta. No despegan la nariz del escaparate, no les importaría irrumpir en el coffee shop y pedir una limosna de no ser porque resultan tan chiquititos, tan imperceptibles a la sombra de las copas que contienen el vienés, irlandés, capuchino o frappé. Míralos: tienen los chándales manchados del barro que salpican los cuatro por cuatro, y se calientan las manos a golpes. Los jóvenes lo saben: la calle en invierno es más fría, más incómoda, para un par de amantes. Y a la larga siempre terminan por entender el binomio indisociable de amor y dinero. El amor es una inversión que resulta mucho más viable si cuenta con inyecciones constantes de líquido. Es así. El tópico es mentira: son los pobres los que más se divorcian. Fíjate bien: los aspirantes no despegan la oreja del cristal, del que para ellos se desprende en sordina un jazz como neoyorquino, como extraído de las páginas de estilo del New York Times. Dame tu mano, contiene todo el calor que ellos necesitan. No quiero ni pensar qué será de ellos en apenas unos años, tal vez nos desplacen de estas sillas que nuestros culos térmicamente regulados ocupan ahora. Pero mientras tanto, oye, puedes pedir lo que desees.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Qué os parecería colaborar con nosotros? Necesitaríamos reclutas con botes de ácido sulfúrico preparados para lanzar "al que sea".

Pensadlo.

Nos escribimos.

testigosoculares@gmail.com