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sábado, 2 de febrero de 2008

Introducción a ATMOSPHERE: Revisitar a Strindberg a noventa y pico beats por minuto

¿Y ahora qué vas a hacer? ¿Dar un portazo? ¿Romper un vaso? ¿O quizá desmayarte en el suelo de la cocina con el culo al aire?

Slug (Atmosphere), Say Hey There

I

Ay, las relaciones amorosas en tiempos de posmodernidad. Nadie dijo que fueran fáciles, ¿verdad? Vayamos abriendo boca con un par de sampleos:

Woody Allen: ¡Oigan! Ustedes que parecen una pareja muy feliz, ¿lo son, verdad?
Mujer: Sí.
Hombre: Sí
W. A.: ¿Y cómo explican eso?
Mujer: Es que… Soy poco profunda, y algo vacía y… no tengo ideas, ni cosas interesantes que decir.
Hombre: Y yo soy exactamente igual.
W. A.: Ya veo… Vaya, es muy interesante. Así que han podido llegar a un acuerdo, ¿eh?
Hombre: Así es.
Mujer: Sí.
W. A.: Bueno, muchas gracias por hablar conmigo.


Woody Allen, Annie Hall.

Y:

Sí, todo lo que dices, incluso lo que no dices, me parece interesante. Lo que dices sobre los hombres de hoy y nuestra incapacidad para el compromiso. Lo que no dices respecto a las razones por las que las mujeres de hoy dais tanta importancia al compromiso. Me parece magnífico tu razonamiento, el modo en que mides las distancias, los centímetros precisos de piel que me dejas ver para transmitir, exactamente y al mismo tiempo, dos discursos que parecen contradictorios: 1) no te necesito, no necesito a los hombres ni estoy necesitada de sexo, pero 2) no te vayas. 1) No eres imprescindible, pero 2) me atraes. 1) Puedo vivir sin sexo, pero 2) quiero seducir y sentirme seducida. Y a todo esto, súmale el resto de tópicos que dices y que no dices: trabajo mucho, no tengo tiempo para el romanticismo, pero puedes decir algo bonito si sabes cómo hacerlo…

Vicente Luis Mora, Circular 07.

Si desean seguir con la tortura, otros títulos igualmente válidos son Luna amarga, novela de Pascal Bruckner versionada en cine por un fantástico Roman Polanski (Lunas de hiel); y el bodrio literario de El amor dura tres años, de Beigbeder, texto que aun a pesar de parecer escrito en unas sospechosas circunstancias psicológicas, supone un ejemplo de lo deplorable que puede llegar a ser el cerebro humano cuando se arroja por el precipicio de la sociedad del espectáculo.

II

Lo primero es ser justo, y decir que aunque el panorama de rap español —salvo gloriosas excepciones— esté plagado de payasos (a saber, mc’s que doblan la edad a un público insultantemente joven, recién salido de su fascinación por los navideños anuncios de juguetes); esto no ocurre así en los EEUU. Da cuenta de lo que digo el personaje al que toca referirse: Slug, cantante del grupo Atmosphere.

Muchas son las cosas positivas que avalan a este master of ceremonies y su grupo —que componen él y el productor Ant—. En primer lugar, el hecho de que, tratándose del género musical que se trata, y como ya se advierte arriba, sean capaces de establecer sintonía con un oyente no quinceañero. En segundo lugar, que Slug y Ant dirijan su mirada más allá de los manidos temas que se presuponen dentro de la estética del hip hop: buena parte de sus tracks son de un interés más o menos universal o, desde luego, suficientemente familiares a esa sociedad occidental que no habita en la más degradada de las periferias urbanas.

2001 puede decirse que supuso el punto de inflexión en la carrera de Slug y Ant, año en que sacaran al mercado el célebre EP titulado Lucy Ford. Desde entonces, Slug, con una carga expresiva que ya quisieran para sí muchos poetas, quedaría marcado por su habilidad para retratar la bipolaridad, el canibalismo de cerebros y la autodestrucción que caracterizan las relaciones amorosas en nuestros días. Así pues, damas y caballeros, sirva como introducción a la obra de Atmosphere el siguiente videoclip, Say Hey There, perteneciente al álbum You Can't Imagine How Much Fun We're Having (2005):

4 comentarios:

en tierra de nadie dijo...

Desde luego ese diálogo de Annie Hall (y la peli entera, cuando Allen era Allen y no una versión de otra versión de sí mismo) y ese fragmento de Circular (que por cierto estoy devorando en los últimos días) forman parte ya de esos textos del disco duro de mi memoria, fragmentos que te reconcilian con el mundo gracias a quien los escribe, porque consiguen expresar lo que uno mismo/a ha pensado o dudado tantas veces, pensando si era la única persona en el universo en tener pensamientos tan extraños.

bss

Ibrahím Berlín dijo...

Sí, precisamente ese es el motivo por el que ambos textos quedan aquí recogidos: porque en su insultante brevedad, y sin olvidarse del sentido del humor, los dos concentran la tragedia contemporánea; destripan el inconsciente colectivo con la precisión de un cirujano. Son auténticas bolas de demolición.

StatuS2H dijo...

Destaco de ese mismo disco de Slug el tema que le da comienzo "The Arrival", escuchenlo escuchenlo.

Vladimir García Morales dijo...

Creo que las relaciones de amor en la postmodernidad no son ni más ni menos difíciles que en el pasado. El fragmento de Woody Allen me parece estúpido y esquemático, como todo su cine. El de Vicente Luis Mora es una observación inteligente pero en lo que dice de "quiero seducir y sentirme seducida" contradice a Baudrillard -que me parece ahí más certero- quien sostenía que, en la postmodernidad, aunque queremos seducir, no queremos ser seducidos en absoluto -o nos da miedo eso-. La resistencia a ser seducido, un tendencia fuerte y genuina de lo que podríamos denominar una conciencia avanzada, es contrarrestado -desgraciadamente- por la necesidad neurótica y exhibicionista -regresiva- de querer seducir.