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sábado, 15 de agosto de 2009

Los trapos sucios sobre la mesa (reseña de 'Nuestro lado oscuro', de Élisabeth Roudinesco, hoy en 'Público')

¿Fue el Marqués de Sade un visionario al iniciar el “culto al poder olfativo de los excrementos”? ¿Quién propone el límite entre la norma y la desviación? ¿Es gratuita la confusión entre pedofilia y pederastia o hebefilia? Desde el libertinaje dieciochesco de Las amistades peligrosas a un Freud que recuerda la interpretación de la homosexualidad como degeneración nerviosa, y la creación en 2006 del partido holandés NVD, dedicado a replantear la edad legal para mantener relaciones con menores, la época moderna no ha cesado en su obsesión por resolver el enigma del sexo y su relación con el mal. Y es precisamente por ello por lo que resultan bienvenidos trabajos como Nuestro lado oscuro (Una historia de los perversos), último descubrimiento ensayístico dedicado a aportar pomadas y diazepames para una sociedad encorsetada por el tabú, que sufre las consecuencias de una dudosa educación emocional/ sexual. Lo que Elisabeth Roudinesco (1944) organiza aquí, pues, es un recorrido histórico por la expresión libidinosa de la perversión (inclúyanse las cometidas por las santas místicas), pero también por aquella otra pulsión asesina, como es el caso de Auschwitz. Zigzagueando entre referentes indispensables (Sade, Bataille, Foucault), y viejos hitos ahora rescatados (Krafft-Ebing), el texto reabre interrogantes necesarios como el origen de la perversión (¿Naturaleza humana o cultura?) para concluir que, tal vez, constituya “una necesidad social.”