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jueves, 24 de abril de 2008

Ficción, ¿para qué?

Entre las escasas cuestiones teóricas que oso plantearme, figura la incógnita de qué sentido tendrá la ficción literaria en un periodo histórico donde convergen circunstancias tales como que: a) «La dicotomía entre información y espectáculo ha terminado» (McLuhan, ya tú sabes, chico), es decir, es más divertido ver un telediario que leer (salvo que este ejercicio se haga estimulado por la persecución de formas subversivas, y no de contenidos), y además el primero cuenta con el importantísimo aval que supone el haber tenido lugar. b) Poco terreno puede ganarse a la verosimilitud que aporta la ficción audiovisual, con la única excepción de aquellos espectros sociales inéditos aún. Aunque por otro lado, no nos olvidemos de ello, ocurre que entre la comunidad literaria se advierte más bien una total ausencia de ilusiones por ejercer el inevitable rol de sociólogo que implica casi cualquier obra contemporánea relevante: los chicos prefieren quedarse en su sofá revisando el canon. c.) Uno puede irrumpir en youtube o en programas de intercambio de archivos y toparse con entretenidísimas historias de niños fabricando explosivos, palancazos de graffiteros en el metro, o soldados estadounidenses que están siendo degollados con saña por insurgentes islámicos, por poner solo algunos ejemplos. O sea que encima la realidad supera con creces la ficción. ¿Qué nos queda, pues?

Mi sospecha es que dos son las alternativas posibles ante el dilema. La primera de ellas, cómo no, tiene que ver con el hecho de ironizar con la ficción; dilatarla, digamos, más allá de lo tolerable por cualquier espectador perteneciente a la Generación Nintendo (ver films como Death Proof, de Tarantino, Shaolin Soccer, de Stephen Chow, o la célebre
escena de las tarjetas en American Psycho). Una segunda solución consistiría en un cocktail en el cual la ficción quedaría redimida a géneros tales como las memorias o el ensayo. Y en este sentido, si pudiera ponerme como ejemplo, elegiría mi fragmento primero de Don’t fuck with me!, pero como ello no me es posible por razones evidentes, les dejaré a ustedes pensando. Que pasen un buen día.