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sábado, 26 de abril de 2008

¡Un poco de verosimilitud —que no realismo—, por favor!


German Sierra & Javier Fernández

Vs.

Eloy Fernández Porta


Como sabéis, Mutantes no fue un documento que resultase excesivamente revelador a mi parecer. Por decirlo de algún modo, entre las dos conocidas críticas publicadas a este respecto, la de Bonilla y la de Goytisolo, es la primera la que suscribo. Qué le vamos a hacer… El mundo no se acaba por eso… Aparte de que este descontento no ha sido óbice para que siga siendo fiel seguidor de algunos de los autores que allí se dieron cita: Isaac Rosa, Fernández Porta, Mercedes Cebrián, Mora, Fernández Mallo, Vilas, etcétera.

Al hilo de lo que estos días veníamos disertando aquí en el blog —la misma bullshit de siempre: los retos que ha de superar la literatura—, me han venido a la cabeza tres de los relatos antologados, aparentemente de corte similar, y que intentan mantener su compromiso con la contemporaneidad a partir de la reproducción de la voz de los Mass. Hablo de "Artemio Devlin", de Germán Sierra —de quien he celebrado piezas como "Centro Comercial"—, los fragmentos de Cero Absoluto, de Javier Fernández, y "El eco del pantano", de Fernández Porta.

Bien, los dos primeros textos no terminé de leerlos por una sencilla razón: mi desacuerdo con la idea de subordinar gratuitamente la literatura a otros géneros (Sí, sí: yo también admito que los audiovisuales han ganado en los últimos tiempos una distancia abrumadora a la literatura. Sin embargo, eso no quiere decir que ésta tenga que recuperar el tiempo perdido mediante una simple imitación; mejor sería entonces que potenciase la abstracción a la que de ninguna manera pueden llegar, de momento, la imagen y el sonido), a lo que añado las tesis ya expuestas en
Ficción, ¿para qué?

Adonde quiero llegar con todo esto es que el lugar de Artemio Devlin —si lo que pretendía Sierra era recrear una biografía apócrifa— pudo ocuparlo perfectamente la biografía de Jaco Pastorius, de Bill Milkowski, por ejemplo; mientras que los fragmentos de Javier Fernández yo los sustituiría por la lectura de un número cualquiera de Muy Interesante o Quo, ¿no? ¿Qué sentido tiene hoy, me pregunto, el hacer ficción con asuntos que son mucho más interesantes en la realidad? ¿Para qué vender un relato con vetas realistas si el lector sabe de sobra que no lo es, y además tiene a su disposición montañas de documentos mucho más creíbles? Paradójicamente, ambos textos van frontalmente contra cualquier principio de realismo, hasta el punto de que presentados en nuestro tiempo casi parecen un cuento de H. C. Andersen de lo ingenuos que pueden llegar a ser. En cuanto a Fernández Porta, verdaderamente él se toma la molestia de detonar, ironizar y llevar a los límites de la esquizofrenia creativa el registro periodístico con un texto que, esta vez sí, no aspira a reemplazar la non fiction. En "El eco del Pantano", Fernández Porta es verosímil (2. adj. Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.), que no realista, pues el pacto que establece con sus lectores no es en modo alguno de imitación de la realidad (Realismo: 1. m. Forma de presentar las cosas tal como son, sin suavizarlas ni exagerarlas. 2. m. Sistema estético que asigna como fin a las obras artísticas o literarias la imitación fiel de la naturaleza.), sino más bien de, ejem, violación de la misma. A él sí se le sabe consciente de la imposibilidad de enfrentarse a ella.