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domingo, 4 de mayo de 2008

Autoficción (*) (**)

Al cabo de cincuenta minutos de sexo explícito bizarro bravucón y sin ninguna clase de contemplaciones, cuando Ibrahím B. andaba montando por detrás a su ex en la azotea del bloque de los viejos de él —el más alto de la ciudad, por cierto—, a eso de las tres y pico de la madrugada de un sábado; ella le preguntó si estaba pensando en alguien, cosa que, por otra parte, no deja de ser un mero comportamiento protocolario dentro de los usos sociales femeninos; no tenía mucha más importancia. No obstante, recabar en ello ruborizó a Berlín, y no precisamente porque tuviera en mente cualquier fantasía peregrina con alguna de sus amigas, no; sino porque fiel a su filosofía de calle no dejaba de pensar en la comunidad de rivales intelectuales, jodidos (futuros) académicos de postín que precisamente a esa hora debían estar durmiendo para despertar pronto al día siguiente y devorar simultáneamente toneladas de material cultural de última generación, digamos más o menos pop. Así, tras un breve lapso de tiempo, Berlín volvió a creerse Alejandro Magno o Norman Mailer o incluso Snoop Dogg protagonizando films de gangsta-porno: soltó las caderas de su chica y, mordiéndose el labio inferior, extendió de manera asquerosamente portentosa los brazos a la noche y rugió como un motor alemán.

(*) Cito a V. L. Mora citando a su vez a una tal Linda Hutcheon al hilo de la obra de Javier Cercas (nota a pie de página nº 286 de Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual): Sólo para dejar al menos una pincelada: «la crítica Linda Hutcheon, sobre un texto de Jerzy Kosinski de 1986 titulado Death in Cannes, escribe: “Konsinski calls this posmodern form of writting ‘autofiction’: ‘fiction’ becacause all memory is fictionalizing; ‘auto’ becausse it is, for him, ‘a literary genre, generous enough tol et the autor adopt the nature of his fictional protagonist—not the other war around’”; Linda Hutcheon, A poetics of Posmodernism. History, Theory, Fiction; Routledge, New York, 1988, p. 10.»

(**) Paul Auster y Javier Cercas están muy bien como ejemplos de autoficción, pero mi recomendación encarecida es la del relato El Violador 2, de Hernán Migoya, incluido en Putas es poco. El autor expone aquí un genial ejemplo de cómo parodiar la tercera persona más un despligue de sarcasmo demoledor. Solo para paladares exquisitos.

6 comentarios:

Miguel Espigado dijo...

Si he entendido bien el concepto, creo que hay ejemplos esplendorosos de autoficción en la "España" de Manuel Vilas, libro que terminé y acabé ayer en contra de mi habitual arritmia de lectura. Eso o simplemente es que me apetecía escribir en alguna parte lo esplendorosamente bueno que es, además de ser todo un manual de posibilidades de explorar el yo en la narrativa de ficción, algo parecido a lo que proponías unos post más abajo.

Ibrahím Berlín dijo...

Tras la lectura de la entrevista en el Quimera de este mes, yo también me veo en la responsabilidad ética de, si fuese necesario, atracar un banco para financiar los diecipico euros que reclaman por el ejemplar. Si ya flipé lo suyo con Resurrección, en España estoy seguro de que Vilas machaca la canasta como Iverson. Ya os contaré.

Anónimo dijo...

xxxsssss!!! demasiado escandalosa la fricción de tus rodillas contra el suelo...^^

Saludos dede la grada más alta del estadio de futbol (sí sí Berlin...desde áhí ;)

Ibrahím Berlín dijo...

Saludos, querido/a anónimo/a, también desde el estadio. Clic, clic.

Anónimo dijo...

Leído el Quimera de este mes ¿dónde está el terrorinfo? De señor chinarro a Paulina rRubio pasando por Ivan Ferreiro, los gustos musicales de los mutantes me dejan perplejo. Pero dime, Ibrahim, ¿de verdad flipas con lo que hace el jotamayúscula? Hay algo ahí de involución, ¿no? una suerte de vuelta al nivel léxico de la comunicación.Y el Mucho Muchacho...

Ibrahím Berlín dijo...

Anónimo 2: ya, una pena lo de terrorinfo. Estamos de luto.

Respecto a Jotamayúscula, puedo decir que para mí se merece una lectura más semiótica o sociológica que musical. Creo que él representa como nadie el Madrid que más me apasiona, aparte de que el carisma de su sonido y los autores con los que colabora, por lo común, no tiene límites. Aconsejo a todo el mundo que se ponga bien alto los snippet de su myspace una tarde cualquiera por Gran Vía o Lavapiés.


Lo de la involución no me queda claro, pero me interesaría que ampliaras tu tesis.

Un saludo,