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sábado, 24 de mayo de 2008

Fragmentariedad

Por supuesto que la fragmentariedad contiene un impagable sello de verosimilitud: uno va en el metro leyendo escenas/ fotogramas de significado independiente, alza la vista un instante y escucha cualquier historia ajena; luego vuelve a la página y la continuidad, de uno u otro modo, se mantiene inalterada. Lejos de la novela como mundo cerrado y al margen de ese otro mundo sensitivo, el fragmento implica trazar un puente con el exterior. No obstante, admitamos sin vergüenza alguna que este recurso también es la excusa perfecta para quienes somos incapaces, por aburrimiento o por cualquiera que sea el motivo, de trazar un hilo argumental unitario. Esa, y no otra, es la pura verdad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya!, desde luego todas esas reseñas de libros que tienes al fondo de este blog marcan ciertas fronteras generacioneles, a pesar de que los libros son completamente atemporales, oye tio! quizá sea por la fecha de publicación

desde luego, repito, es una selección muy oportuna y pensada.
Enhorabuena
Jody Dito

Ibrahím Berlín dijo...

De veras agradezco tu comentario, Jody. Los libros abajo citados no responden a ningún canon concreto que quiera erigir; están ahí por la sencilla razón de que en un momento x de mi biografía como lector me impactaron notablemente. En cualquier caso, buena parte de los títulos están pensados para perfiles de lectores totalmente distintos: seguramente al lector tipo de mantra discrepe de seda, el de shakespeare de bukowski, etcétera. Quienes se pasean por aquí saben que me fascina cómo la literatura coloniza los distintos departamentos sociales. That's the question, Dito.

Un saludo, tío.