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jueves, 13 de noviembre de 2008

Leerlo todo[1], o morir en el intento

(Ferrater – Gil de Biedma)


Lamentas los entresijos de la existencia práctica
[2]: planchar una camisa, llamadas telefónicas, remitir curriculums, esperar cinco o siete minutos al bus en la marquesina —nada te produce más felicidad que atisbar su llegada desde la curva y saber que estás a un instante de sentarte y abrir el libro por la página tal—, salir a fumar un cigarrillo al vestíbulo, trabajos alimenticios, ¡DORMIR! —de madrugada, levantarse con una angst desalentadora en la boca del estómago: recordar un libro en sueños; esa palabra en torno a la cual orbitas desde hace unas horas y que olvidas recién abres los ojos—, darse una ducha —ser consciente de que en ese preciso instante, alguien acaba de pasar una página, ¡j****!—, esperar tu turno en la peluquería, trámites burocráticos, comprar (comprar & follar —¡¡¡y follar!!!— & follar…), esperar a que el ordenador se inicie, caminar, cocinar-comer, ir al médico… AUTOPROCLAMADO LECTOR BULLDOZER® —apisonadora brutal; endemoniado—, lo que a ti te caracteriza son los malos modales a la mesa de la cuisine literaria: atacar los libros de doce en doce, de veinte en veinte, de treinta y cinco en treinta y cinco (trabajar como un CERDO HIJO DE P***[3], vaya); que tus ojos recorran una página en veintipocos segundos y später —pensar en tres idiomas, por cierto—, hacer una bola de papel con ella: deglutir sin masticar como haría el buen gourmet (¡DANTE Y PETRARCA!, ¿qué sois, si no aperitivo fast food?, ¿eh? «¡Os daré por el culo y me la mamaréis!»[4]), enfermedad pantagruélica (ABUNDANCIA, ABUNDANCIA): imaginémonos que cumplimos la esperanza —ay, ay, ay, la esperanza…— de vida que te atribuyen (¿78 años?), ¿y bien?, ¿cuántos dedicarás al cultivo de la razón práctica: 20, 25?, ¿cuántos ejemplares es posible leer en 25 años? Diez libros a la semana… 522 al año… Dan un total de… ¿¡13.050!? ¿¿¡¡Solo!!?? ¡No! ¡no! ¡NOOOOOOOOO…!

[1] —O como poco, saber sugerir que se ha leído todo—
[2] «Conoce los entresijos de la vida práctica con extrema lucidez y al mismo tiempo es radicalmente inepto para la vida práctica. Una de esas personas —yo me tengo por otra—que con los mismos defectos pero con menos cualidades hubiera funcionado mejor». (Gil de Biedma sobre Gabriel Ferrater, recogido en La escuela de Barcelona, de Carme Riera)
[3] « Para curarse de todo, de la miseria, de la enfermedad y de la melancolía, lo único necesario es la afición al trabajo» (Baudelaire)
[4] Catulo.

4 comentarios:

luna dijo...

Buah.

Anónimo dijo...

"He leído demasiado...La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de HACER algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar de la vergüenza de ser un ociso...un hombre inutil e inutilizable"

...años después...

"Me juzgarán por lo que haya escrito y no por lo que haya leído. Con demasiada frecuencia pierdo de vista esa verdad de Perogrullo. Siempre, después de haber devorado un libro, me atribuyo algún merito."

E.M. Cioran

(Oche)

Ibrahím Berlín dijo...

Muy buenos esos ejercicios de sociología literaria (Cioran es una continua mina de samplers). ¿De qué libros proceden, Oche?

Gracias

Anónimo dijo...

Proceden de los Cuadernos 1957-1972, que recopiló y publicó la Boue,su novia. En español está editado en Marginales de Tusquets. Advierto que en ocasiones da un poco de no sé qué la lecura de algo tan íntimo...
Tu texto me lo recordó.
Lúcido es poco.

Un saludo.