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martes, 15 de enero de 2008

Something more than the sexiest intellectual

Cuando nostálgico (/ jaquecoso) / los domingos a eso de las / seis despierto —¡al fin!— en la cama de una modelo / de publicidad [ ] preguntándome qué hago yo / aquí; salgo sin hacer ruido. Cierro la puerta / —así, sin más; sin decir adiós. [ ] Conteniendo la respiración— / y me lanzo a comprar lujo. Eso es. Deseo / reencontrarme de una vez por todas conmigo / mismo; reclamo por favor un cachito de libertad. / Part of the queue, Oasis, hace que recuerde que [ ] no somos / nadie. Nadie en la gran ciudad. Nada. / Y por eso compro; y por eso el contador de la tarjeta / de crédito da vueltas y vueltas. Gira / y gira y pierde el sentido. Y yo, y no bromeo, / me elevo al éxtasis, como Santa Teresa, de regreso. / Alzo el vuelo. Como mi mano, que, en el aire, llama a un taxi. / De ella cuelgan siete u ocho bolsas de papel. / Son, en definitiva, apenas unos cuantos minutos / en los cuales [ ] creo haber encontrado un motivo. / ¡Y qué motivo!

1 comentario:

en tierra de nadie dijo...

Parches capitalistas para soledades sin remedio.
Dinero de plástico para comprar satisfacción inmediata, deseo de usar y tirar, lujo que no cabe en los armarios repletos de nada.

Urbanitas solos y estúpidos.
Eso sí, somos la generación mejor preparada de la historia. Universitarios, cultos.

Mierda. Eso es lo que somos. Nada.

Pero tenemos tarjetas de crédito.

salu2

ETDN