Páginas

jueves, 8 de noviembre de 2007

Interludio: Arrogancia, el perfume de los espartanos.

(Mira chaval, las palmaditas en la cara ve a pedírselas a otro. Yo sólo soy un espectro de escritor que atraviesa por una racha de esplendor en tanto que pienso que le jodan a la fama. Hago lo que quiero. Aún no he definido mis lectores porque me no privo de guardar las distancias con mis más inmediatos entornos, pero mirándome el ombligo he descubierto campos vedados a mi paso que nunca más volverán a desempolvarse. Ese es mi mérito, el riesgo de no mirar atrás conforme cruzo un desierto de ideas con mi yo y mi mierda, la mejor de ellas. Y entre tanto, la infidelidad prosigue su rumbo.)