Páginas

jueves, 23 de octubre de 2008

'A bordo del naufragio', o cómo inyectar el plus de sofisticación a la novela ¿juvenil?

Sigo sosteniendo —aunque cada vez menos, vaya— que cuando uno tiene 20 años, irremisiblemente ha de escribir en torno a y para dicho espectro etario; es parte, claro, de mi interpretación de la literatura como extensión de la sociología. De ahí mi fascinación por el primer Bret Ellis (lo que vendría después va al margen), Ryu Murakami, beats, Bukowski y el etecé etecé etecé del que aquí tanto se habla. En ese sentido, recientemente he tenido el gusto de dar con ‘Al borde del naufragio’ (finalista del Herralde de Novela en el 98), primera novela del periodista Alberto Olmos a la que me enfrento. Un texto que si bien en origen recuerda a la prosa más o menos punk/ juvenil de los noventa, aportará un componente de sofisticación ineludible, a saber, el tratamiento de la ansiedad y el cerebro descabalgado, la sexualidad[1] —claro— o la soledad extrema y misantropía no banales que caracterizan al narrador, incapaz de integrarse en el entorno universitario happy folks: «Tú no paras de hablar, aunque nadie te oiga». Brillante baldón que entronca con todo lo dicho en Anfetamina Essays, más otras maravillas como Sartre en ‘La Náusea’: «Yo vivo solo, completamente solo. Nunca hablo con nadie; no recibo nada, no doy nada»; el Irvine Welsh de Acid House y de ‘Trainspotting’ —este sí, amigos, punk de los píes a la cabeza—: «Yo era antitodo y antitodos. No quería gente a mi alrededor. Esta aversión no suponía una enorme ansiedad traumática; era simplemente la madura convicción de mi propia vulnerabilidad psicológica y mi incapacidad para la convivencia. Los pensamientos se hacía sitio a empujones en mi cerebro abarrotado mientras luchaba por ordenarlos de un modo que sirviera de motivaciones a mi apática existencia», y «Los colegas son una puta pérdida de tiempo. Siempre están dispuestos a arrastrarte hasta su nivel de mediocridad social, sexual e intelectual.»

Del mismo modo, el protagonista de ‘Al borde del naufragio’ no tardará en posicionarse y reivindicar su aportación frente a cierto tipo de novela juvenil: «Tú no eres como esos jóvenes que salen en los libros de jóvenes y que leen mayormente los jóvenes. A veces dudas de que alguien sea como ellos. Es que parece que sólo puede escribirse de exceso y no de miedo, que es lo principal, el miedo/ vértigo que llega con el cambio de edad, la incertidumbre diaria, esas cosas, en fin, de las que nadie ha escrito, nadie de hoy, se entiende, porque no saben escribir, sino sólo sumar viñetas costumbristas, a lo Mesonero pero peor todavía, y ni siquiera se puede decir que la literatura joven sean los jóvenes pintados por ellos mismos, más bien son los jóvenes inventados por cuatro listos, anglosajonizados y escasos.»

Lo dicho, muchachos, un placer para el paladar.



[1] «Te diriges a las escaleras. Subes mirando el culo de un chico. Cuando llegas arriba, puedes observarle mejor. Está bastante bueno. A veces tienes la impresión de que todo el mundo está bastante bueno menos tú. Le ves alejarse y se te ocurre que una de las causas o motivaciones que pueden llevar a la homosexualidad es la abstinencia», frente a: «No puedes soportarlo, no es que creas que follarte a una de esas niñas de calendario, de pasarela, de Dios, sea el mayor goce de un hombre (y en «hombre» incluyes a las mujeres), es que sabes que el sentido de la vida es conseguir una de esas féminas musicales y etéreas. Tú no ves nada mejor. Exacto: no ves.»

2 comentarios:

luna dijo...

Viva Ryu et la philosophie des Playmobil.

Anónimo dijo...

Vive le bleu et la philosophie des Playmobil. Casi transparente linea linea de sombra. ciao!