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sábado, 11 de octubre de 2008

Breve Historia de la Negritud Contemporánea Española (Capítulo I, Re-Visited)


Arropado por su pequeño séquito de becarios informalmente ataviados, el co-director de marketing en la delegación peninsular de la Cadena de Cafeterías Verdes, Thomas Sjöblom, atraviesa un paso de peatones a la altura de Callao cuando es asaltado por lo que, a su juicio, ha de interpretarse como una brillante ocurrencia. Sjöblom se detiene con la gabardina doblada sobre su antebrazo frente a un bus descapotable para turistas extranjeros, casi en actitud intimidatoria, mientras el peatón verde parpadea a punto de desaparecer; levanta entonces unos centímetros el mentón y procede, con una voz capaz de eclipsar el estruendo del claxon: «Alguien que sepa explicarme, de manera razonada y sensata —no valen chistes sobre plantaciones de algodón ni cosas por el estilo—, por qué si hay un local que absorba (succione) toda la negritud de Gran Vía y aledaños, ese es sin duda el K_nt_cky Fr__d Ch_ck_n; y por qué sin embargo, cuesta tanto (por no caer en la distopía que supondría asumir de antemano la imposibilidad total e irremisible) hallar uno de esos pares de labios carnosos de uno de esos de primates supuestamente avanzados sorbiendo un capuchino helado en nuestra Cadena de Cafeterías Verdes, ¿eh, chicos?»